sábado, 16 de mayo de 2026

Liberación.

 

 



La cápsula criogénica siseó ruidosamente, y cuando se abrió exhaló una nube de vapor frio y blanco. Debido al vapor no se pudo ver que había un cuerpo que cayó ruidosamente al suelo, se escuchó un quejido de sorpresa y ella se levantó.


Observó a su alrededor, confundida; no sabía dónde estaba o como había llegado ahí. Entonces, después de reflexionar por unos momentos se dio cuenta de algo más; ni siquiera sabía quien, o qué era ella.


Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la súbita sensación de frio, estaba desnuda. Caminando despacio y con cuidado, investigó el lugar donde estaba, buscando algo con que cubrirse. Afortunadamente dio con un armario donde encontró varios atuendos; todos iguales tanto en forma y diseño, y aunque se veían sencillos pero ropa es ropa, después de todo. Sin embargo, después de ponerse uno sintió que todavía tenía frio, pero al menos ya no estaba desnuda.


Investigó un poco más el lugar donde estaba; en las paredes laterales y la del fondo había cuatro cápsulas criogénicas, doce en total. Dos tenían los cristales rotos, otras tres se veían apagadas, había otra que tenía su cabina abierta -esta era la suya, donde había despertado- y el resto aún funcionaba.


Por pura curiosidad, se acercó a una de las que tenía el cristal roto y dio un vistazo, para después retroceder horrorizada; había visto el seco cadáver de una persona. Ese fue motivo suficiente para hacerla salir del cuarto.


Se encontraba caminando por un pasillo oscuro y de aspecto ruinoso. Debido a la oscuridad avanzaba con cuidado, pero aún así tropezaba con trozos de concreto u otro objeto.


-¿Qué habrá pasado aquí?


De pronto se detuvo bruscamente, era la primera vez que decía palabra alguna y le sorprendió escuchar su propia voz, entonces, asaltada por un repentino pensamiento levantó la vista, con expresión azorada.


-¿Quien soy yo?


Cerró los ojos y se concentró, intentó recordar cualquier cosa que le pudiera servir para resolver el enigma acerca de ella; sí es que tenía recuerdos de algún tipo, claro está.


Le llegaron a su memoria imágenes y sonidos confusos; eventos fugaces y rostros igualmente difusos, al parecer sí tenía recuerdos. Intentó recordar el motivo por el que estaba en la cápsula, pero su mente no tenía más información. Entonces, de forma repentina, su mente fue asaltada por otro recuerdo; vio escenas caóticas de violencia y personas gritando, pero también vio algo más: criaturas que no tenían nada de humano, seres extraños de cuerpos redondos y zarcillos que se sacudían como serpientes y que hablaban un lenguaje extraño y ominoso.


Ella abrió los ojos mientras exhalaba un grito de terror.


-¡Eso no fue un recuerdo, más bien, una visión! -exclamó, aterrorizada.


Pero lo que más la perturbó, fue que comprendió las palabras de ese idioma inhumano; sonaban como una orden, dirigida hacia ella.


''Liberanos''


Sacudió la cabeza con vehemencia, intentando olvidar lo que había experimentado.


Cuando pasó el mal rato, se dedicó a explorar el sitio donde estaba.


Revisó cuartos, recorrió los pocos pasillos que no estaban bloqueados por escombros pero no encontró nada útil; a excepción de un tubo de metal el cual tomó. En algunos cuartos encontró más cápsulas criogénicas; se sorprendió al encontrar algunas de ellas abiertas, y por lo que pudo observar ya tenían tiempo en ese estado.


''¿Acaso otros más se han despertado?'' pensó con interés.


Después de un tiempo consideró que no tenía más que hacer, así que buscó la salida. Salió del cuarto donde estaba hacia el pasillo cuando un repentino sonido la detuvo. Asustada, giró la cabeza a todas partes cuando una sombra atrajo su atención; por un momento creyó que sólo era un objeto cualquiera, pero cuando lo vio moverse ella levantó el tubo, preparándose para repeler el ataque. La misteriosa sombra se movió sin hacer ruido, yendo pasillo arriba. Cuando se dio cuenta que el peligro había pasado se relajó, ahora podía dedicarse a buscar una forma de salir.


Sin embargo, pronto se encontró deambulando sin rumbo; había muchos pasillos bloqueados por escombros, e igualmente distintas puertas cerradas por completo, la pobre chica comenzó a desesperarse.


Se había detenido un momento para tratar de orientarse cuando sus oídos captaron algo; era un sonido tan bajo, casi inexistente, como el susurro de una entidad fantasmal que está a punto de desaparecer de la memoria de los vivos.


La chica, lentamente giró su cabeza en varias direcciones, tratando de encontrar la dirección en la que provenía dicho susurro. Entonces, dio la media vuelta y avanzó.


A pesar de que estaba oscuro, ella avanzaba con decisión. Sin poderselo explicar, sentía que ese aliento le daba seguridad acerca de hacia donde avanzar. Después de un tiempo, ese susurró se hizo más fuerte y sintió una sensación refrescante en la cara; era viento. Emocionada, aceleró el paso.


Cuando dobló en una esquina vio un pasillo siendo iluminado por una difusa luz.


-Si doblo esa siguiente esquina, entonces tendré a la vista la salida -dijo, emocionada.


Dio unos pasos presurosos, pero repentinamente se detuvo y retrocedió; al fondo del pasillo, vio una sombra que se movía hacia ella. Temerosa, preparó su improvisada arma para repeler cualquier agresión. Pero la forma seguía acercándose, ignorando a la temblorosa mujer. Repentinamente la sombra aceleró el paso; la chica se aterró al notar que estaba corriendo. En un abrir y cerrar de ojos la sombra fue iluminada por la luz y con una agilidad asombrosa giró sobre si misma y se precipitó en dirección de la luz.


La chica estaba en un predicamento; ¿buscar otra salida o ir en la dirección donde fue la criatura? Durante varios minutos dudó acerca de lo que debía de hacer; estaba convencida de que esa luz se colaba por una apertura, convicción reafirmada por el hecho de que la frescura del viento aumentaba al acercarse. Pero por ahí vio salir a esa cosa, de la cual no sabía nada, de hecho no sabía nada de ese lugar, mundo o realidad donde estaba.


Continuó dudando durante varios minutos, pero al ver que no había alguna solución, decidió pasar a la acción; empuñó el tubo con firmeza y avanzó.


La luz la cegó momentáneamente; eso, y el el hecho de que escuchó ruido cerca de ella le provocaron temor y por impulso blandió el tubo, aunque de forma torpe y desesperada, provocando que lo soltara arrojándolo hacia algún lugar adelante de ella. El miedo la sobrepasó y corrió. Salió corriendo tan rápido como pudo, sin importar que estuviera cegada por la repentina iluminación. Y para completar la cadena de eventos desafortunados, tropezó con algo duro y cayó al suelo de forma ruidosa.


Se levantó casi de inmediato, con sus brazos listos para soltar golpes en caso fuera necesario, pero sólo se encontró con una extensa pradera. Sorprendida, estudió sus alrededores con premura; además de la pradera descubrió un bosque que la rodeaba, al Norte se levantaban unas colinas cuyas cimas eran cubiertas por las nubes que parecían extenderse sobre todo el lugar cubriendo el cielo; lo nublado junto a la ligera llovizna que caía en ese momento provocaban una sensación de opresión y tristeza, además de hacerle sentir frio a la protagonista.


La chica se rodeó con sus brazos para intentar mitigar el frio.


-¿Qué lugar es este? -se dijo, extrañada.


El viento comenzó a soplar, y de distintas direcciones la saludaron un conjunto de sonidos extraños y misteriosos; lamentos lúgubres acompañados de gritos lejanos y risas de tono macabro. La pobre chica giró la cabeza hacia todas partes, completamente atemorizada por la colección de sonidos salidos de pesadillas demenciales. Entonces, descubrió el lugar de donde había salido; detrás de ella se alzaban las ruinas de un edifico que tiempos atrás había sido de dos plantas. Las plantas trepaban por su superficie, introduciéndose en las grietas como gusanos entrando en una herida.


Ella observó asombrada las ruinas, y mientras paseaba su vista divisó su arma de confianza. De forma presurosa corrió a recuperar el tubo que yacía tirado en medio de la yerba.


Sintiéndose más segura, observó de nuevo a sus alrededores y echó a andar.


El bosque le causaba aversión, pero no tenía otro lugar a dónde ir, así que muy a su pesar se adentró en el.


Caminaba lentamente, observando sus alrededores con temor. El bosque le daba miedo, mucho más que las ruinas; la gran extensión de árboles cuyas copas producían sombras que le impedían ver lo que había ahí. Igual que cuando estaba en la pradera, le llegaban sonidos que le ponían los pelos de punta; aunque en menor frecuencia, pero escuchaba aullidos, cantos guturales y el ulular de misteriosas criaturas. De vez en cuando también vislumbraba sombras que se ocultaban detrás de los árboles o desaparecían en huecos de los troncos y grietas entre las piedras.


''Este sitio da más miedo que el lugar donde desperté'' pensó con aprehensión.


Lentamente las sombras se hicieron más espesas, signo de que la noche estaba llegando.


La solitaria chica, viendo que no tenía algún lugar donde resguardarse, buscó al menos un hueco donde pasar la noche; siempre en guardia, claro está, ya que no se atrevería a dormir en un lugar que se le hacia siniestro.


Eso sí lo encontró, y con relativa facilidad; entre las raíces de un árbol descubrió un agujero lo suficientemente grande donde ella podría caber. Se acercó con cuidado, cerciorándose de que no tuviera otro inquilino, con su arma siempre lista. Al ver que estaba desocupado se acomodó lo mejor que pudo y se relajó, al menos lo que su miedo pudiera permitírselo.


Mientras la noche caía, y las sombras lo cubrían todo, la chica se entregó a sus reflexiones.


No sabía dónde estaba, ni que hacía ahí, quien la había traído o si había nacido ahí. Sus pocos y confusos recuerdos no ayudaban mucho.


-No sé nada de mi, ni de mi situación actual, ¿quien soy yo?


Intentó concentrarse de nuevo para recordar algo, pero pasados unos minutos esa misteriosa y terrible visión se manifestó de nuevo.


''Liberanos''


Asustada, sacudió su cabeza con vehemencia para alejar esa visión.


-No quiero pensar más por ahora, me da miedo -susurró cohibida.


Se quedó, sentada, sin pensar ni hacer nada. Pero, por mucho que lo intentara su mente quería pensar en algo; tal vez, esa era su forma inconsciente de luchar contra el miedo y la incertidumbre que amenazaban con envolverla. Esta vez, su reflexiones la llevaron a darse cuenta de algo, que, aunque minúsculo, pero era de gran importancia.


-No tengo nombre -se recriminó, y a continuación se preguntó-, ¿me daré uno? ¿Y cómo?


Irónicamente, esta acción se le hizo muy difícil; por mucho que se devanó los sesos, no se le ocurrió alguna forma de llamarse a sí misma. Algunos nombres bien podrían sonar como apodos feos o nombres de mascotas.


Se cansó de eso y mejor se dedicó a observar sus alrededores.


Debido a la escasa visibilidad, creada por el espeso bosque y la noche que ya había llegado, también disminuyeron los ruidos extraños. Ahora todo era silencio, tan silencioso que los oídos dolían.


El tiempo pasó, y la tranquilidad se asentó; su miedo disminuyó y ahora estaba más tranquila, aunque procuraba no relajarse demasiado, debía mantener cierto grado de vigilia.


''Bien, ¿qué haré ahora?'' ''¿De qué voy a comer?'' ''¿Dónde viviré?'' ''Y lo más importante ¿que me deparará el futuro?'' ''No sé cómo pero todas esas preguntas tendré que responderlas, porque nadie lo hará por mí, después de todo estoy sola, y sola deberé arreglarmelas para despertar el día siguiente, viva''


Entonces, un pequeño chispazo de esperanza iluminó su mente y suavizó su oprimido ánimo.


-Moztlati, ese será mi nombre -dijo con una sonrisa de alegría.


La mañana llegó, húmeda y fría. Moztlati se despertó y se quejó del dolor provocado por haber dormido en una posición incómoda, e inmediatamente se recriminó por haberse quedado dormida.


-¿Que hubiera pasado si alguna criatura me atacaba en la noche, mientras dormía?

Sin embargo, no tenía caso recriminarse, y muy a su pesar se dio cuenta que el sueño le hizo bien; aunque no le gustó despertar adolorida.

Salió a gatas del agujero y después se irguió. Observó lentamente hacia todos lados comprobando que el bosque permanecía tal y como ella lo había descubierto; semioscuro, misterioso y atemorizante. Se sobresaltó cuando de algún lugar le llegó un sonido extraño, aunque ese tipo de ruidos eran normales de un lugar así. Decidió salir del bosque, así que recordó en la dirección por la que había llegado desde la pradera y echó a caminar.


Pero después de caminar un tiempo se dio cuenta que no se estaba dirigiendo hacia la pradera. Después de casi media hora de caminata todavía continuaba en el bosque, miraba con nerviosismo a todos lados, tratando de vislumbrar algún indicio que le indicara hacia dónde estaba la pradera, pero el bosque no tenía fin. Comenzó a sentir hambre, y junto al ambiente frio y húmedo sólo le provocaban un malestar que minaba sus ánimos de nuevo.


-¿Y ahora qué haré? -se preguntó- tengo hambre, pero no se dónde podré conseguir alimentos, ni tampoco alguna fuente de agua. Podría regresar a las ruinas donde desperté, después de todo no busqué bien en varios lugares, puede que encuentre... ¿eh?


A unos metros adelante de ella divisó algo que le llamó la atención. Detrás del tronco de un árbol sobresalía una figura, cuando la observó mejor descubrió que era una persona; a la altura en la que estaba, Moztlati supuso que estaba sentada mientras apoyaba su espalda contra el tronco. En un arranque de alegría aceleró el paso y se dirigió presta hacia un posible compañero.


''¡Por fin encuentro a alguien más!'' pensó emocionada.


Todo el miedo y el pesar que sentía se desvanecieron, como arrastradas por el viento.


Cruzó el espacio que la separaba en un santiamén, dio vuelta al tronco y, rebosante de emoción, fijó su vista en el desconocido... para después retroceder aterrorizada.


Frente a ella estaba un cadáver parcialmente devorado; la piel y músculo de una parte de la cara habían sido roídos, dejando al descubierto el hueso. No tenía ojos. Igualmente, el abdomen había desaparecido, sólo estaba el hueco dónde aún colgaban jirones de lo que habían sido los órganos internos. Extrañamente, las piernas no habían sido tocadas; pareciera que el animal que se había alimentado del cadáver no le agradaba ese tipo de carne.


Moztlati retrocedió horrorizada, soltando un grito de terror.


-¡Ah... no! -gimió.


Bonita forma de empezar el día.


El ánimo de la pobre chica estaba por los suelos; además de las penas que ya cargaba, ahora se encontraba con el cadáver de una persona, y por lo que se veía, había muerto hacia poco tiempo.


Sus ojos se anegaron de lágrimas mientras que su nariz fue asaltada por el nauseabundo olor de la muerte.


Rápidamente se levantó y se alejó lo más rápido que pudo de tan macabro espectáculo. Pero después de avanzar unos pasos se detuvo, lentamente se giró y observó al cadáver; tenía una mochila a la espalda. Había notado ese objeto, pero su mente estaba tan perturbada como para poder reaccionar de forma lógica, pero ahora, cuando la impresión inicial había pasado, ocurrió algo que le perturbó.


''Podría quitarle la mochila''


Ese pensamiento surgió en su mente, como un chispazo que iluminó la oscuridad momentáneamente. Moztlati sintió una súbita repulsión ante la idea de tocar un cadáver, pero el hecho de que podía encontrar algo de utilidad en la mochila terminó por convencerla.


Lentamente se acercó al cuerpo, y, dominando lo mejor que pudo las nauseas que comenzaron a asaltarla, comenzó el saqueo.

Tomó un brazo, lo levantó y con cuidado lo sacó del asa de a mochila, después realizó la misma operación con el otro. A pesar de que lo que estaba haciendo se le hacía muy desagradable, resultó ser más fácil de lo que pensó. Con la mochila en sus manos retrocedió rápidamente, pero el cuerpo, por haber sido manipulado, cayó de lado provocando un ruido muy particular; un insecto de grandes dimensiones salió del cadáver, reptando rápidamente se escondió en unas rocas cercanas. Esta visión espantosa fue todo lo que pudo soportar Moztlati; soltó la mochila y vomitó varias veces.


Después de varias arcadas, se limpió la boca, tomó la mochila y se la llevó arrastrando.


Pasado un tiempo, entre los árboles pudo vislumbrar la pradera, sin dudarlo se dirigió directo hacia ella. Nunca se imaginó que se sentiría tan aliviada de estar de nuevo en un lugar abierto, fuera de tan horrible bosque. Soltó la mochila, dejó caer su tubo, y respiró hondo. Cuando volteó hacia el cielo notó que seguía nublado; una briza húmeda bañó su cara, y a pesar de estar fría se sintió refrescada. Entonces dirigió su atención a la mochila que tan mal rato le hizo pasar. La abrió y estudio su contenido. Contenía una extraña colección de objetos; varios bulbos carnosos de origen vegetal, un cuaderno y otro objeto; era pequeño de tal forma que cabía en la mano, alargado y con un botón en un extremo, al lado del botón había un pequeño orificio.


Moztlati observó con curiosidad este objeto, presionó el botón y del orificio salió una pequeña llama.


-¡Oh! -exclamó, emocionada.


Pero soltó rápidamente el objeto cuando la llama le quemó la punta del dedo. Se sopló el dedo y lo presionó con la otra mando hasta que el dolor remitió, después dirigió su atención al cuaderno, comenzó a hojearlo. Descubrió dibujos, y debajo de ellos una corta, pero precisa descripción de cada uno. Entre estos dibujos encontró unos que se parecían mucho a los bulbos que había en la mochila.


...estos bulbos con carnosos, suaves y muy jugosos... son de un sabor muy dulce”


Moztlati sintió una pequeña alegría a leer la descripción, tomó uno de los bulbos con premura y lo acercó a su boca, pero lo retiró inmediatamente cuando le llegó un olor de putrefacción; al parecer, se habían contaminado del olor del cadáver. Suspirando por la decepción, Moztlati soltó el bulbo.


Observó de nuevo a sus alrededores, preguntándose que hacer. Como no obtuvo una respuesta, tomó su tubo, el cuaderno y el encendedor dejando la mochila atrás; no quería cargar con algo que despedía un olor a muerto.


Continuó avanzando por la pradera, viendo a sus alrededores de vez en cuando. Como el día anterior, de forma intermitente le llegaban sonidos extraños producidos por criaturas desconocidas, pero ahora ya no le afectaban tanto; estaba comenzando a aceptar ese lugar tan peculiar.


Mientras caminaba vio adelante de ella un grupo de varios objetos, repartidos por una parte de la pradera. Inicialmente pensó que eran rocas, pero notó que se movían, extrañada se acercó más. Cuando llegó a diez metros de uno de eso objetos pudo apreciar su forma. Eran animales, pero de la más extraña apariencia; tenían la forma de una oruga pero de gran tamaño, igualaban en dimensiones a un cerdo mediano, tenían tres pares de patas y parecía que no tenían ojos; de lo que podría ser la cabeza asomaban dos apéndices en forma de hoja, que serían sus antenas y se movían todas direcciones. La piel era rugosa y con motas de color verde.


Moztlati observó con cierta fascinación a estas criaturas, entonces, buscó en el cuaderno esperando encontrar información acerca de ellas. Tal y como esperaba, halló un bosquejo de esas orugas y una descripción.


...se alimentan de la hierba de la pradera,

y aunque se ven dóciles pero si se les provoca

pueden escupir un líquido pegajoso de mal olor...

a mí me paralizó durante una hora...”


-Muy bien -dijo Moztlati-, mejor no me acerco a ellas, no quiero quedar paralizada como el antiguo dueño del cuaderno.


Pero cuando leyó de nuevo la descripción, vio otros renglones.


...cuidado, suelen ser presas de ellos...”


''¿De ellos?'' pensó Moztlati, extrañada.


Entonces, una de las criaturas dejó de alimentarse y elevó lo que sería la cabeza; el tallo de las antenas se alargó hacia arriba cerca de un metro, después, se extendieron aumentando de tamaño. La criatura comenzó a sacudirse de forma casi violenta. Moztlati notó que las antenas apuntaban en dirección del bosque. Inmediatamente, el resto de criaturas abandonó su forrajeo y rápidamente se acercaron a la que demostraba ese comportamiento tan extraño, formando un grupo compacto.


La chica se quedó muy impresionada ante tan desconcertante evento, cuando de algún lugar del bosque le llegó un sonido largo y gutural, entonces, ese mismo sonido sonó de la parte opuesta,de algún lugar hacia el Este. Las orugas, todas apretujadas entre sí, se habían levantado sobre sus patas traseras; todas las antenas se habían elevado al aire y extendido. Moztlati se sorprendió al ver que se movían al unísono.


-¿Qué estarán haciendo? -se preguntó, extrañada.


El sonido gutural se escuchó más cerca y Moztlati volteó a ver hacia atrás... retrocedió atemorizada unos cuantos pasos, del linde del bosque había salido una criatura muy extraña; de forma delgada y color oscuro, casi negro, andaba a cuatro patas y sus miembros igual de delgados terminaban en manos con cuatro dedos largos y afilados. La cabeza era igual de extraña, si es que se le podía llamar cabeza; del cuello salían un grupo de zarcillos que se movían como serpientes, todas se se sacudían en diferentes direcciones como si quisieran liberarse del cuerpo y escapar; en medio de ese amontonadero de culebrillas había una boca redonda rodeada de dientes.


La criatura elevó la parte delantera de su cuerpo y emitió ese aullido siniestro. De inmediato, de otras partes del bosque salieron más criaturas; Moztlati se dio cuenta que estaban en su derredor.


Su instinto de supervivencia le dijo que no era seguro quedarse ahí, así que rápidamente pasó de largo el grupo de orugas y se dirigió hacia el bosque, en una parte alejada del grupo atacante.


A toda prisa se metió entre los árboles y continuó su camino.


Este había sido un recordatorio de que no debía confiarse, esas cosas que estaban apunto de atacar a las orugas podrían ser tan sólo uno de los tantos peligros que existían en ese lugar.


Después de alejarse aminoró la marcha, y se preocupó por buscar algo de comer.


Cada vez que encontraba una planta o algún otro vegetal revisaba el cuaderno, esperando encontrar una descripción donde mencionara que eran comestibles; pero para su gran decepción no encontró nada. De hecho, notó que había pocas hojas con anotaciones, al parecer, su dueño murió antes de que pudiera aprender más de la fauna y flora del lugar. Por fortuna, encontró unas plantas que daban un fruto bulboso que reconoció al instante; rápidamente se acercó a uno y cortó uno de los bulbos, lo probó y efectivamente como decía la descripción tenía un sabor dulce y era jugoso.


Moztlati saboreó con fruición los bulbos, creyó que jamás en su vida había probado algo tan delicioso, eso la llevó a preguntarse ¿había tenido una vida pasada, siquiera?


Su boca dejó de masticar y ella se quedó completamente estática, lentamente giró hacia su izquierda y un sudor frio bañó su frente; justo ahí, a unos metros de distancia, la observaba una de esas criaturas de color negro, dedos largos y peligrosamente afilados. Por algún motivo que ella no comprendía el ser no la atacaba, solamente estaba ahí, quieto, con los zarcillos que componían su cabeza culebreando hacia ella.


Moztlati dejó caer los bulbos que tenía en la mano y empuñó su tubo, retrocedió lentamente. La criatura continuaba viéndola con atención, casi podría decirse curiosidad. La chica tenía extendido el tubo hacia el ser, blandiéndolo como dando a entender que lo usaría de ser necesario. La criatura se movió de su sitio y se desplazó hacia la derecha, con los zarcillos siempre en dirección hacia su presa. Moztlati no dejaba de verla, siempre apuntando con su tubo y moviéndose hacia la izquierda para evitar quedar cerca de la criatura. Entonces, el ser se acercó rápidamente y la chica blandió su arma con todas sus fuerzas a modo de advertencia, la criatura se detuvo pero no dio muestras de estar asustada, seguía comportándose como si la estudiara. Moztlati de nuevo blandió su arma y el ser respondió dando un zarpaso, la chica respondió con otro movimiento rápido e igualmente el ser la imitó, una vez más ella blandió su arma y la criatura extendió rápidamente su mano atrapando el tubo.


La pobre chica quedó aterrada ante este sorpresivo movimiento, trató de zafarse del agarre pero el ser la tenía firmemente asida. La criatura tomó el tubo con la otra mano y con todas sus fuerzas se lo arrancó. El miedo dominó su mente, y en ese estado sólo pudo hacer una cosa... dio media vuelta y salió corriendo. Avanzó unos pasos cuando sintió que alguien atrapaba sus tobillos y tiraba de ellos, cayó de bruces e inmediatamente se dio la vuelta sólo para ver a la criatura abalanzarse contra ella. Tomó una piedra y la blandió, pero el ser atrapó su mano y usando su otra zarpa le quitó la piedra; la chica se atemorizó en extremo al ver lo inteligente que era. La criatura acercó sus zarcillos, todos moviéndose de forma descontrolada como un grupo de gusanos, y en medio de ellos estaba la boca, abierta de par en par y con sus dientes moviéndose como excitados por la carne que estaban por probar. La repugnancia que sintió Moztlati fue tal que rivalizaba con el recuerdo del cadáver que había manipulado hacia poco tiempo.


En un último intento, la chica sacó de su ropa el objeto que le había quemado el dedo y rápidamente introdujo la punta entre los zarcillos; la criatura retrocedió rápidamente mientras emitía un chillido de dolor. Moztlati se levantó y salió disparada, sin preocuparse siquiera por buscar su tubo.


Escapaba a través del bosque, corriendo sin rumbo fijo, tan sólo quería alejarse lo más que pudiera de tan espantoso ser, pero casi inmediatamente escuchó pisadas detrás de ella y cuando volteó a ver descubrió con horror que la perseguía y pronto la alcanzaría. Cambió de dirección bruscamente para tratar de perder a su perseguidor, pero este la imitó, girando en su dirección con una gran agilidad. Mientras corría la chica divisó una rama que colgaba a una baja altura, rápidamente la tomó con sus dos manos y con todas sus fuerzas la trozó, con esta nueva arma se enfrentó a su enemigo blandiéndola, pero la criatura sólo tuvo que esperar hasta que Moztlati cometió un error; la tomó con sus zarpas y se la arrancó, la chica sacó su encendedor e igualmente lo usó como arma, pero la criatura de un golpe se lo arrancó de las manos. En su desesperación, la chica corrió hacia el árbol y rápidamente subió, pero la criatura se lanzó contra el tronco y usando su cuerpo sacudió el árbol, debido a ello Moztlati perdió el equilibrio y uno de sus pies quedó colgando, el ser lo tomó y lo haló con facilidad haciéndola caer; pero la chica no se rendiría tan fácil, inmediatamente después de caer al suelo se levantó y quiso correr cuando vio algo que la confundió por completo; una rama estaba en llamas, con el encendedor a un lado. Sin pensarlo dos veces tomó la llameante rama y la blandió hacia su enemigo. Este se detuvo y se comportó como si le sorprendiera lo que veía, quiso tomarla también pero retiró su mano chillando de dolor. Envalentonada, Moztlati descargó un golpe sobre su enemigo quien lo detuvo con su otra mano y al mismo tiempo rompió la rama; algunas chispas cayeron sobre su piel e inmediatamente aparecieron llamas que se extendieron sobre su cuerpo.


El ser comenzó a sacudirse violentamente mientras chillaba de dolor, los zarcillos de la cabeza se sacudían sin control como gusanos envenenados, algo que aumentó la repugnancia que Moztlati les tenía. Después de girar sobre sí misma, la criatura se alejó rápidamente, soltando gritos guturales y dejando a la chica victoriosa.


Respiraba profundamente, tratando de recuperar el aliento; había ganado contra esa bestia, no sabía como pero lo hizo. Todavía estaba en shock, su mente apenas y podía procesar lo que había ocurrido. La rama flameante, cuyas chispas provocaron que la criatura también se encendiera ¿cómo había ocurrido eso? Pero ya llegaría el momento de averiguarlo, por lo mientras, Moztlati debía tranquilizarse ya que todo su cuerpo estaba temblando de miedo.


Se dejó caer al suelo donde se quedó sentada, tiempo después, sintiéndose más tranquila se puso de pie y observó a sus alrededores. Estaba sola, no había rastro del ser que la atacó. Después, divisó la rama que aún estaba en llamas. Moztlati la observó, extrañada, preguntándose como se dio ese efecto. Entonces se dio cuenta que el cuaderno se le había caído; lo buscó afanosamente y después de unos minutos lo encontró, también su encendedor. La chica lo observó detenidamente, sospechaba que la rama encendida y su encendedor tenían algo que ver. Volteó a ver hacía el árbol donde había cortado la rama y observó que en varias partes del tronco escurría una sustancia amarillenta. Moztlati tocó la sustancia y descubrió que era pegajosa, entonces, acercó el encendedor al tronco y lo activó; momentos después que apareció la llama sobre un hilillo de esa sustancia esta se encendió rápidamente y el fuego comenzó a extenderse por el tronco.


-Así que eso fue lo que ocurrió, la criatura tenía su piel cubierta por esa sustancia y cuando la ataqué con la rama encendida algunas chispas le prendieron fuego.


Ella observó como el fuego se extendía por todo el árbol, cubriendo sus ramas. Observó con atención el flamígero espectáculo; ver el árbol completamente en llamas le causó una extraña sensación. Entonces, de forma repentina, a su mente le llegaron imágenes incomprensibles; fuego que consumía cosas y a seres vivos, gritos de dolor, angustia, y cuerpos chamuscados que todavía se movían.


''¡Libéranos!''


Moztlati sacudió la cabeza, alejando esas imágenes bizarras.


Después de unos minutos dejó de ver y se alejó rápidamente, mientras el olor de la madera incendiada llenaba el ambiente.


El resto del día lo pasó buscando un refugio. Desafortunadamente el cuaderno no decía nada acerca de algún lugar donde refugiarse, pero si encontró algo del ser que la atacó.


-Merodeador -dijo Moztlati, leyendo el cuaderno.


Durante el transcurso del día, encontró una charca con agua limpia donde sació su sed; tuvo cuidado de no alejarse mucho de ella mientras exploraba, pero aún no había encontrado un refugio, algo de suma importancia si quería sobrevivir otra noche ya que precisamente estaba oscureciendo y el bosque se llenó de sonidos misteriosos, entre ellos reconoció el aullar de los merodeadores. Sin embargo, muy pronto se dio cuenta que tendría que pasar otra noche a la intemperie, aunque esta vez sería un poco diferente.


Recogió varias ramas y palitos que encontró en el suelo, a continuación, despejó una zona del suelo donde dejó su madera. Buscó en los árboles cercanos y encontró uno de donde escurría esa sustancia incendiaria, se llevó una porción en un trozo de corteza. Durante casi una hora trató de encender una hoguera, pero se dio cuenta que sería muy difícil de realizar; las ramas no encendían, algunas sí, pero en seguida se apagaban, varias veces se quemó las manos. Después de prueba y error logró acomodar las ramas de tal forma que el fuego logró encenderlas y permanecer ardiendo de forma constante; ella lo alimentaba de vez en cuando para evitar que se apagara, y así, pasó otra noche bajo el manto de ese bosque misterioso.


Sin embargo, algunas veces ''pasar la noche'' no significa dormir, y eso fue lo que le pasó a Moztlati. Debido a la luminosa fogata, algunas criaturas se acercaron a investigar que era ese extraño suceso. La chica se la pasó ahuyentando a cualquier ser que se acercara demasiado para su tranquilidad; les blandía una rama encendida muy cerca, y cuando sentían la repentina sensación de ardor de las llamas se retiraban rápidamente. Así, la mañana llegó, y la chica no pudo cerrar los ojos ni una vez.


-En definitiva que debo encontrar un refugio -se dijo en tono cansado.


Pronto estuvo en un dilema; debía salir a explorar, con la esperanza de hacer un descubrimiento que le ayudara en su su situación, pero, por otra parte, no quería alejarse de la poza que era su única fuente de agua conocida. Mientras se devanaba los sesos acerca de qué hacer, notó algo que le llamó la atención; vio una forma oscura que se deslizaba por el fondo de la poza, Moztlati estimó que era lo suficientemente grande como para representar una amenaza. Suspirando, se alejó dejando atrás la fogata y la poza.


Caminó sin rumbo alguno, como si esperara que algo afortunado le sucediera, pero todo lo que encontraba era más bosque y sus habitantes. Decidió salir del bosque y caminó una parte por la pradera; a veces se encontraba con las extraña orugas, y otras estaba completamente sola. Afortunadamente, los bulbos dulces crecían también en la pradera, así que no tuvo que preocuparse por la alimentación, pero debió internarse de nuevo en el bosque cuando descubrió grupos de merodeadores que también usaban la pradera como paso.


-Debo encontrar algún lugar donde pueda establecerme, eso es definitivo, no puedo andar caminando de acá para allá todo el tiempo. Si quiero resolver el misterio de mi vida es necesario encontrar un refugio, pero ¿dónde? No sé nada de este sitio, y por lo que veo sólo está compuesto del bosque y la pradera.


Mientras caminaba observaba a todas partes; aprendió que debía estar al pendiente de sus alrededores, no quería ser sorprendida por otra criatura como la vez anterior. Entonces, a su derecha vio algo que le llamó la atención, con mucho cuidado se dirigió al lugar en cuestión.


En medio de un claro del bosque estaban los restos de un campamento; una colección de varas de metal, tela rota y otros objetos que habían sido consumidos por el tiempo. Moztlati caminaba entre los restos, extrañada. Sin embargo, ella no sabía que cosa era un campamento, así que veía todo lo que la rodeaba con desconfianza; aunque pronto se dio cuenta que todos esos restos no eran naturales, eran lo que quedaba de objetos fabricados. Al comprender esto, comenzó a buscar entre los restos del campamento, con la esperanza de encontrar algo útil. Esta vez, la fortuna le sonrió; encontró un cuchillo de grandes proporciones, que aún estaba sostenido por una mano esquelética de alguien que murió utilizándolo -además de los restos del campamento, también encontró lo que quedaba de sus ocupantes-. Observó con atención el arma; uno de los lados de la hoja tenía filo, mientras que el otro tenía una parte aserrada; Moztlati dedujo que la sierra servía para cortar cosas gruesas, o cuya superficie no podría ser cortada con el filo normal. También encontró algo más, aunque esto lo tomó como una curiosidad; un objeto de forma redonda, como si fuera un recipiente, al abrir la taba se podía ver un disco de color blanco, protegido por un cristal, cuyos extremos estaban graduados. Tenía tres letras dibujadas en partes equidistantes; una S abajo, E a la derecha, O a la izquierda, pero una flecha roja en la parte de arriba. Moztlati notó que el disco se movía cada vez que ella giraba su mano en cualquier dirección, pero siempre giraba hasta colocarse en su posición original, con la flecha roja apuntando hacia un lugar; había encontrado una brújula, aunque de momento no conocía su función.


Además de la brújula también encontró calzado; todos los esqueletos traían botas, algo que ella agradeció de sobremanera ya que durante todo este tiempo estaba descalza. Con cuidado y cierta aprehensión tomó dos pares de distintos muertos; durante esta operación, varias veces volteó a ver con miedo a las calaveras, temiendo que las cuencas vacías de los cráneos la observaran con desaprobación.


Se alejó del campamento destruido, satisfecha de sus descubrimientos; las botas extra estaban dentro de una mochila que tomó, además del cuaderno y la brújula. Aunque sus problemas no estaban resueltos, pero al menos tenía herramientas que le permitían afrontarlos de mejor manera.


El tiempo pasó y la noche llegó de nuevo, con ello, su principal preocupación resaltó más; encontrar cobijo. El bosque se hizo más tenebroso de lo que era, gracias a que el cielo siempre estaba nublado y lo cerrado de las copas de los árboles, pero con la llegada de la oscuridad su apariencia sólo empeoraba. Moztlati caminaba a prisa; a lo lejos le pareció escuchar el ya muy reconocible aullar de los merodeadores, eso significaba que andaban cerca.


-No tengo donde pasar la noche en paz, y el bosque ya se está haciendo peligroso, creo que sólo me queda subir a un árbol y ahí esperar a que llegue el día.


Observó los árboles a su alrededor tratando de avistar alguno que fuera fácil de escalar, pero razonó que si ella podía subir con facilidad otros también lo harían.


Mientras caminaba se encontró con una colina. La rodeó para seguir su camino cuando vio algo que le llamó la atención; en su base, y escondida por la maleza, había una puerta entreabierta. Moztlati observó intrigada este inesperado descubrimiento, se acercó con cuidado y girando la cabeza de tal forma que su oreja apuntara hacia la apertura escuchó con atención. Después de unos momentos no escuchó nada, entonces, tomó una piedra del suelo y la arrojó al interior; escuchó de nuevo pero igualmente hubo algo que delatara la presencia de alguien, sin dudarlo más entró.


Después de algo de esfuerzo y algunas maldiciones logró pasar entre la estrecha apertura de la puerta. Observó detenidamente el interior. Por la poca luz que entraba, pudo notar notar que no era una cueva; había sido excavada dentro de la colina. Las paredes, techo y el suelo estaban hechos de concreto. En algunas partes había restos de lo que alguna vez fueron muebles. En una pared había una entrada hacia otro cuarto, Moztlati entró para explorar mejor.


En este segundo cuarto, la iluminación era poca, sin embargo, a primera vista podía notarse que las condiciones no eran muy diferentes a las del primero.


-Bien, creo que por fin encontré un lugar donde quedarme...


Un chillido la tomó por sorpresa, y cuando volteó a ver descubrió una extraña forma que salió de algún rincón y se lanzaba contra ella. La pobre chica fue tomada por sorpresa y no pudo reaccionar a tiempo; sólo notó como algo muy grande hacia presión sobre su cuerpo al mismo tiempo que sintió como miles de pelos tocaban tocaban la piel de su cuerpo, traspasando la delgada tela de su ropa. Esto, aunado con una sensación de dolor provocada por un mordisco, hizo que Moztlati soltara un estridente grito y rechazara a su desconocido atacante de un empujón, pero debido al impulso ella se tambaleó hacia atrás cayendo de espaldas. Esta nueva criatura se lanzó sobre ella de nuevo; era tan grande que le cubría todo el cuerpo.


Este nuevo ataque fue acompañado de mordiscos y los pelos del animal desconocido, que le provocaron una sensación urticante a Moztlati. Ella gritó de nuevo, y estiró su mano tratando de tomar su cuchillo que había caído en algún lugar cerca de ella. Los constantes mordiscos, aunados al movimiento frenético de la criatura cuyo pelaje raspaba la piel de Moztlati terminaron por desesperarla; comenzó a gritar de forma desaforada mientras buscaba con su mano el cuchillo frenéticamente. El ataque continuaba mientras la pobre chica experimentaba uno de los peores momentos de su vida. Sintió que su mano tocó algo y sin pensarlo mucho lo asió tan fuerte como si de ello dependiera su vida. Tan fuerte como pudo golpeó a la criatura varias veces, pero esta no reaccionaba; no fue sino después de unos momentos que Moztlati se dio cuenta que tenía el cuchillo al revés; había golpeado con el pomo.


Sacando fuerzas de su desesperación, hizo a un lado a la criatura y se incorporó de un salto. Cambio el cuchillo de posición y cuando el ser reanudó su ataque Moztlati le salió al encuentro; hundió la hoja en el cuerpo y la criatura soltó un chillido de dolor, la chica sacó el arma de nuevo pero golpeó de nuevo rápidamente. Esta vez el ser cayó al suelo y quiso huir, pero había llegado la hora de la retribución; Moztlati, de un salto se encaramó sobre el animal y descargó su furia sobre su víctima. Toda la frustración, miedo y odio que sentía fueron desahogados sobre la criatura que sólo chillaba desesperada y se agitaba queriendo escapar, pero la chica había perdido la razón; la furia la dominaba. No dejó de golpear sino hasta pasado un tiempo, la criatura había muerto mucho antes pero Moztlati no lo notó; continuó golpeando hasta que se cansó.


Respirando profundamente, se levantó y salió al otro cuarto, a la débil luz que ya moría Moztlati se dio cuenta que su ropa y manos estaban sucias de un extraño líquido. Se tocó la cara y sintió un líquido viscoso que emanaba un olor pungente; observó hacia la apertura por donde la luz ya comenzaba a desaparecer, con la vista perdida y una expresión alelada.


Pasó la noche en el otro cuarto, lejos de la criatura que mató. Había descubierto que la puerta se abría hacia adentro, así que la apuntaló con dos pesadas piedras para evitar que algo la abriera durante la noche.


El día llegó, frio y húmedo. Moztlati abrió los ojos con dificultad; como no tenía necesidad de vigilar durmió muy bien, pero cuando llegó la mañana sintió un entumecimiento en todo su cuerpo por haber dormido en el suelo duro y frio. Se levantó y observó a su alrededor, vio el cuerpo de la criatura en el otro cuarto, y eso le recordó que la sangre de su víctima le había manchado todo el cuerpo. Lo peor de todo, es que se había secado sobre su ropa y piel; la chica sintió con desagrado una sensación áspera en su rostro.


Abrió la puerta y con precaución dio un vistazo hacia afuera; no había nada peligroso y el exterior amanecía igual que siempre. Lo primero que hizo fue sacar el cuerpo de la criatura, una acción que le costó mucho debido al peso, a rastrás lo sacó de la estancia y lo alejó a una distancia prudente. Había descubierto el motivo del porqué se había resguardado en ese lugar; un saco gelatinoso que resguardaba huevos en su interior. Moztlati no supo que hacer con ellos, así que de momento los dejó en su lugar.


Mientras dejaba el cuerpo hizo un afortunado descubrimiento; un arroyo que serpenteaba alegremente en su cauce. Sin pensarlo dos veces Moztlati corrió hacia él y tomó unos sorbos apagando su sed. Después, se quitó su ropa sucia y la sumergió varias veces, tratando de lavar la sangre seca, aunque sin éxito, a continuación se lavó la cara y las partes de su cuerpo que estaban sucias; fue sólo en ese entonces cuando observó su cara por primera vez desde que despertó. Un rostro redondo pálido, de ojos azules igual de pálidos y cabello corto negro.


-Así que esta soy yo –se dijo mientras observaba.


Se alejó del arroyo y regresó al refugio, una vez dentro observó bien su nuevo hogar y puso manos a la obra. Sacó la poca basura y escombros que había, pero dejó el saco de huevos, le daba asco tocarlos siquiera. Después estudio la puerta; descubrió que tenía un mecanismo de cierre, pero hacia mucho que dejó de funcionar, continuaría usando piedras para cerrar. La falta de ventilación podría ser un problema, en especial si deseaba encender una fogata dentro; decidió que la encendería afuera durante el día. Así mismo, no había energía eléctrica, por lo tanto no tendría alguna forma de alumbrarse por las noches. Una vez visto las carencias que tenía pasó a su escaso equipamiento. El encendedor y cuchillo le resultarían útiles, pero aún desconocía el uso de la brújula. Teniendo un lugar relativamente seguro se dedicó a explorar sus alrededores.


Regresó de nuevo al campamento abandonado, para ver si no se le pasó algo por saquear. Encontró varias mudas de ropa de tejido grueso, algo que agradeció mucho ya que la ropa que traía puesta era muy delgada, además de estar muy sucia. También encontró contenedores de distintos tamaños hechos de metal; quiso llevarse varios pero pesaban mucho y eran incómodos de transportar, así que sólo tomó cuatro. Regresó a su refugio llevando todo lo mencionado y otras cosas más que cupieron en otra mochila que encontró.


Ya de regreso hizo un inventario de sus descubrimientos; mudas de ropa, calzado, un par de tijeras, cuerdas, los contenedores antes mencionados, tres lapiceros y algunos cuadernos. Dos contenedores los usó para almacenar agua del arroyo, y los otros dos los guardó para usarlos después.


Salió en busca de bulbos dulces, pero no encontró alguno, sin embargo logró cazar una pequeña criatura parecida a un ave, pero en vez de alas tenía patas de lagarto y estaba cubierta de escamas; cuando la preparó en la fogata descubrió que la piel era muy gruesa y por ello su carne no se cocinó bien; con resignación se comió su almuerzo, aunque la carne tenía buen sabor.

El resto del día se lo pasó explorando la zona aledaña al refugio; cuando estaba anocheciendo regresó con madera y bulbos dulces.


A la luz de la fogata, Moztlati revisaba el contenido de los cuadernos que encontró; descubrió que estaban llenos de símbolos que comprendía, pero no sabía cómo ni donde había aprendido a interpretarlos.


“...llegamos a este lugar por el portal dimensional, trajimos con nosotros varias compañías fuertemente armadas; les vamos a dar a esos malditos bichos una buen paliza”


-¿Que quería decir esta persona? ¿Portal dimensional? ¿Bichos?


Moztlati estaba leyendo lo que parecía ser el diario de algún soldado.


...hemos perdido a varios hombres durante los combates, en parte por las criaturas que viven en este sitio, y también por los malditos q'uronar; han controlado a varios de los nuestros y los volvieron en contra nuestra; tuve que matar a varios tipos que conocía muy bien, sus mentes habían sido controladas por esos hijos de perra y no había manera de eliminar ese control mental. Esto era algo que el alto mando no sabía, o tal vez sí pero lo ignoraron y aún así nos arrojaron a este maldito lugar...”


...Es inútil, no vamos a ganar. Gran parte del ejército ha sido eliminado o puesto bajo control mental. Eh visto camaradas atacarme sin motivo alguno y he tenido que eliminarlos, y otros han sido devorados por los esperpentos que habitan este sitio. Uno de los pocos comandantes que nos quedan cree que podríamos usar los clones que están congelados en esa instalación para reponer nuestras bajas, pero no sabemos como entrar ahí, tal vez sí interrogamos a uno de los científicos podríamos obtener algo útil”


Todo está perdido, casi todos los que entramos por el portal han sido eliminados o esclavizados. No tenemos oficiales que nos digan qué hacer, así que estamos solos. Tal vez podríamos regresar al lugar donde nos dejó el portal, y rezar para que se abra de nuevo, pero sería muy arriesgado. Sólo nos queda resistir aquí hasta que muramos o por algún milagro logremos regresar, ya nadie habla de completar nuestra misión; malditos sean los q'uronar, al menos los científicos locos que hicieron contacto con ellos sufrieron antes de morir”


Moztlati cerró el cuaderno y observó el fuego de la fogata, tratando de comprender lo que había leído.


-Así que ese campamento lo levantaron soldados que llegaron a este lugar, pero murieron. ¿De dónde habrán venido? Y menciona a los q'uronar, quienes al parecer son sus enemigos, pero ¿qué son?


Cerró los ojos y se concentró, quería ver si sus recuerdos confusos ya se habían aclarado, o nuevas memorias emergían de su mente.


Fuego, gritos, imágenes revueltas de destrucción. Pero ahora eran acompañadas por una visión perturbadora; una criatura que hasta ahora Mozltati no había visto apareció en sus recuerdos.


''¡LIBÉRANOS!''


La chica dio un salto, asustada; esta vez la orden era más demandante.


Mientras se reponía del susto, descubrió que tenía un visitante; un ser con la forma de un puma, o un leopardo, pero donde debía estar la cabeza sólo había un sólo ojo, grande de pupila vertical como los felinos. Esta nueva aparición permanecía sentada sobre sus cuartos traseros, observando atentamente a la incauta chica. Moztlati, lentamente tomó una rama ardiendo y se levantó, apuntando con su antorcha hacia el ser. Pero este solamente la observaba, con curiosidad, haciendo caso omiso de su advertencia.


-¡Vete! -gritó la chica.


La criatura permaneció en su lugar, observando. Entonces, después de unos minutos se levantó y se internó en las sombras; Moztlati observó que el ser tenía en cada pata cuatro dedos, largos y de apariencia muy humana.


Una vez que había establecido un refugio permanente, Moztlati se dedicó a explorar. Después de muchas pruebas y errores, logró aprender el uso de la brújula; ahora ya podía alejarse de su refugio y regresar a él sin perderse.


Decidió regresar al lugar donde despertó la primera vez, con la esperanza de encontrar algo de utilidad. Sin embargo, después de buscar durante mucho tiempo no encontró nada. Mientras exploraba las instalaciones, se preguntó cuantos como ella todavía estarían dentro de las cámaras criogénicas, y cuantos más ya habrían despertado; había encontrado varias cámaras vacías. También descubrió una gran compuerta, pero estaba cerrada por completo, no había forma de abrirla o entrar al lugar que estuviera resguardando. Mientras se dirigía a la salida notó que algo la seguía, siempre ocultándose entre las sombras; cuando Moztlati llegó a la salida encaró a su acosador, pero una sombra pasó a su lado en un abrir y cerrar de ojos, tan rápido que no pudo reaccionar, sin embargo, creyó notar que tenía un sólo ojo, como su extraño visitante. Al día siguiente decidió ir a las colinas cubiertas por niebla.


Tuvo que atravesar gran parte del bosque, cruzar un río donde el agua fría le llegó hasta la cintura y caminar por una pradera. En algunas partes de su viaje se vio acosada por merodeadores, a veces solos u otras en manada. Afortunadamente, Moztlati ya no iba desarmada; había fabricado una lanza usando una rama casi recta de un árbol y un trozo de metal triangular, al que le sacó filo frotando dos de sus bordes con una piedra. Cuando la atacaban en grupo procuraba mantenerse firme en su lugar; uno merodeador atrapó el arma cuando hizo una finta engañando a la chica, pero ella rápidamente empujó el asta acuchillando al atrevido ser quien soltó el arma y retrocedió soltando chillidos de dolor. Pronto sus atacantes se dieron cuenta que esa presa no valía el esfuerzo y la dejaron.


Después de casi cuatro horas llegó a las colinas.


Observó la primera que tenía frente a ella, una elevación de casi cien metros. Las laderas estaban pobladas por un espeso bosque, y aunque no era muy empinada pero debido a lo cerca que estaban los árboles entre sí ascenderla sería difícil. Moztlati solamente la rodeó y continuó su camino.


Se había internado en un valle, formado por las variadas colinas que existían en dicho lugar. Irónicamente, ese valle se sentía más cerrado y siniestro que el bosque donde estaba el refugio; la oscuridad era más profunda, hasta el punto de que en algunas partes era difícil ver más allá de unos pocos metros. En este valle sombrío también imperaba el silencio; en el bosque al menos se escuchaban los bizarros llamados de las criaturas que lo habitaban, pero aquí todo era silencio, ni siquiera soplaba el viento. Todo era tan callado que oprimía los ánimos de Moztlati, cuyos pasos y respiración entrecortada era todo lo que escuchaba.


Se detuvo un momento y observó sus alrededores, consternada.


-Esto es tan silencioso, y solitario -dijo en un susurro tan bajo que apenas y ella se escuchó.


Dirigió su vista hacia un árbol, después, a un grupo de rocas y por último a unos arbustos.


-No sé si es mi imaginación -susurró-, pero no he visto ningún animal desde que llegué, solo árboles y plantas.


Dejó su mochila en el suelo y sacó una pequeña botella que había encontrado en el campamento abandonado, la abrió y le dio un sorbo de agua.


-Continuaré explorando un poco más, y después regresaré directamente al... ¿eh?


Frente a ella había aparecido una figura; por unos momentos quedó consternada, pero cuando prestó atención descubrió que era una persona.


-¡Ah! -exclamó.


Esa persona se parecía mucho a ella; la misma piel pálida, los mismos ojos azules y cabello negro. Las pocas diferencias -además que este era un hombre-, eran casi mínimas.


-¡Por fin alguien! -exclamó Moztlati, desbordante de alegría.


Se acercó presta hacia él, pero el recién aparecido retrocedió visiblemente asustado. Ella se detuvo, extrañada.


-¿Qué sucede? -preguntó.


-Tus armas, me dan miedo -respondió el hombre con voz trémula.


-¡No te haré daño! -dijo Moztlati con vehemencia.


Pero él solamente negó enérgicamente con la cabeza mientras retrocedía. Para convencerlo Moztlati dejó caer la lanza y se quitó el cuchillo, después, caminó lentamente hacia él. El desconocido se quedó quieto en su lugar, a la expectativa. Ella caminó despacio y tratando de no asustarlo, hasta que estuvo frente a él. Sonrió con júbilo al ver a otra persona, por fin ya no estaría sola, y habría alguien más que le ayudara a sobrevivir.


-¿Cómo te llamas? -preguntó.


-No sé -respondió el hombre.


''Es como yo, no ha de tener un nombre siquiera''


Entonces él hombre se acercó a Moztlati y colocó sus manos sobre los hombros; se sorprendió por unos momentos, pero se relajó.


''Y también será la primera vez que ve a alguien'' pensó sintiendo empatía hacia él.


Entonces, la cara se desdibujó rápidamente hasta convertirse en un amasijo confuso; una línea se abrió verticalmente, partiendo el rostro en dos, y unos dientes filosos acompañados de zarcillos rojos y escurriendo saliva se presentaron ante la horrorizada Moztlati quien forcejeó con todas sus fuerzas. Con una velocidad casi sobrehumana se arrojó sobre ella, pero Moztlati pudo rechazarlo de una patada, después se precipitó sobre su lanza, la tomó y logró darse la vuelta justo cuando esta nueva aberración regresaba al ataque; la punta de la lanza se clavó en medio de la boca , cercenando algunos zarcillos que cayeron al suelo retorciéndose violentamente. La criatura retrocedió chillando y su engaño fue roto; el cuerpo humanoide se deshizo hasta tomar una extraña forma, y se precipitó hacia los matorrales corriendo como un insecto.


Asustada, Moztlati tomó su lanza y también salió disparada, queriendo escapar a toda costa.


Corría de forma precipitada, sin importarle que las ramas bajas de los árboles y de los arbustos le arañaran la cara y sus manos.


Salió a un claro del bosque, se detuvo por unos momentos y consultó su brújula para orientarse, cuando tuvo la dirección hacia donde debía dirigirse reanudó su carrera; quería salir de tan tétrico lugar.


Se internó de nuevo entre los matorrales, haciendo a un lado las ramas con sus manos, cuando casi se da de bruces contra algo que apareció frente a ella de forma repentina.


-¡Ah! -exclamó la aparición.


Moztlati retrocedió como impulsada por un resorte; frente a ella había una mujer, cuando la observó descubrió que tenía un gran parecido con ella.


-¡Otra persona! -exclamó la desconocida.


Moztlati aprestó su lanza, con la mirada fija en la mujer.


-¡No, espera! -exclamó la mujer- ¡No me hagas daño! No sé dónde estoy, acabo de despertar, salí de donde estaba y me encuentro en este horrible lugar, donde hay cosas que se hacen pasar por personas ¡Pero en realidad son monstruos!


-¿Y cómo sabes que yo no soy uno de ellos? -preguntó Moztlati con desconfianza.


-¿Eh? Pues... no lo sé, quiero confiar que eres real... -contestó la mujer con ansiedad, y después agregó con vehemencia- pero ya estoy cansada de luchar por sobrevivir; no tengo a nadie en quien confiar, hay criaturas espantosas por todos lados, en la noche no puedo dormir bien porque siempre debo estar a la defensiva ¡Estoy harta de todo esto!


Y prorrumpió en llanto.


Moztlati bajó su arma, afectada por verse reflejada en esa mujer; ella también se sintió igual en sus primeros días; con miedo, sola, y sin tener la menor idea de quien era o que hacía ahí.


-Está bien, salgamos de aquí...


Aprestó su lanza de nuevo cuando alguien más apareció; a su lado estaba el ser con forma de felino que se había aparecido en su refugio.


-¡Largo! -gritó Moztlati.


-No es humana.


La chica se quedó atónita, no creyó que algo así pudiera hablar.


-¿Eh? -fue todo lo que pudo articular.


En un abrir y cerrar de ojos se encontró en el suelo, con algo encima de ella tratando de devorarla; fue tan rápido que no pudo reaccionar, no fue sino cuando vio una enorme boca vertical justo sobre su rostro, llena de dientes y pequeños tentáculos saliendo de ella; entonces comprendió qué había sucedido. La aberración sostenía sus manos contra el suelo en un agarre firme, impidiendo que se defendiera. Moztlati comenzó a gritar de terror cuando la boca se abrió de forma descomunal y los zarcillos se sacudieron como un nido de gusanos. Sin embargo, así como sucedió también se terminó; la imagen repulsiva desapareció en un abrir y cerrar de ojos, justo a su lado escuchó un grito ensordecedor que no tenía nada de humano; observó al felino aberrante que había clavado la lanza justo dentro de la boca de la criatura. Sostenía el arma con firmeza, cuando la otra criatura dejó de moverse, yaciendo inerte en el suelo con la sangre saliendo de la boca abierta de par en par, entonces el felino retrajo el arma; se acercó a Moztlati quien retrocedió asustada, pero el felino la tomó de su mano, de un jalón la obligó a levantarse y le entregó la lanza.


-Sígueme -dijo el extraño ser.


El felino se adelantó unos pasos, pero notó que Moztlati se quedaba en su sitio. La mente de la pobre chica apenas y podía procesar lo que había ocurrido.


-¡Sígueme! -dijo el ser elevando su voz.


De repente, una figura salió de entre los matorrales; era un chico, más joven que Moztlati.


-¡Por favor! ¡Ayúdame! -habló con voz lastimera.


Ella lo observó por unos momentos, pero salió corriendo en pos del felino, dejando al chico atrás.


-¡Ayúdame! -gritó con voz desesperada.


Después de un tiempo dejó atrás al bosque y salió a una pradera; se detuvo para recuperar el aliento y descansar un poco. Mientras jadeaba profundamente el felino se detuvo a unos metros de ella, la observaba con ese único gran ojo que tenía. Cuando se hubo recuperado Moztlati lo encaró.


-¿Quien eres?


Su tono de voz sonó demandante, pero el ser no parecía impresionado.


-No tengo nombre, sólo existo para mi misión.


-¿Misión?


-De forma paulatina, se han liberado clones de su hibernación y han sido observados para evaluar su desempeño; de los veinte que han sido despertados solo tú eres la única que ha logrado sobrevivir adaptándose al entorno, haz demostrado una alta adaptabilidad así como ingenio para la resolución de problemas. Así que se ha decidido hacer contacto contigo para revelarte parte de tu verdadero propósito; debes viajar a unas instalaciones localizadas al Noroeste de tu localización actual, y una vez ahí se te darán más instrucciones.


Moztlati se quedó estupefacta ante lo que había escuchado.


-¿Quieres decir, que la razón por la que desperté y vine a este lugar es para cumplir una misión dada por una criatura?


-Correcto -dijo el ser.


Estaba al colmo de la estupefacción; muchas veces se había preguntado el motivo por el que existía, el porqué despertó en un lugar tan peligroso. Y ahora que lo sabía se sintió como una herramienta, ese pensamiento la molestó.


-No, me niego -respondió irritada.


-Tus elecciones son irrelevantes -contestó la criatura-, se te ha dado una misión y debes cumplirla. Después de todo, haz sobrevivido todo este tiempo, y debido a ello se te considera más que capaz para llevarla a cabo.


-¡No me importa quien o quienes hayan decidido eso! -exclamó iracunda- ¡No he sobrevivido a este sitio y los horrores que tiene sólo para que me digan que el propósito de mi vida es llevar a cabo una misión desconocida! No quiero eso, mi vida vale más que una estúpida misión.


-Quieras aceptarlo o no, esa es la realidad -contestó el ser-, fue una casualidad que hayas sido elegida para despertar del sueño criogénico, sin embargo, sobreviviste los primeros días gracias a tu inteligencia y adaptabilidad; eso ya no es una casualidad, todo ello fue gracias a tus decisiones acertadas, con excepción de que hayas decidido venir a ese bosque motivada por tu curiosidad. Si decides aceptar tu misión, puede que encuentres respuestas a las preguntas que te haz hecho acerca de ti y tu existencia. Aunque no es probable pero puede que descubras otro camino que te lleve a respuestas inesperadas.


Moztlati aun se sentía molesta ante la idea de que estaba siendo usada, así que ignoró el halago de la criatura. Consultó su brújula y después comenzó a caminar.


-¿A donde vas? -preguntó el ser.


-De regreso a mi refugio, cuando llegue allá decidiré si te hago caso o no.


Atravesó la pradera a paso rápido, quería llegar al refugio antes del anochecer. El Observador, como ella decidió llamar al felino, la seguía a una distancia prudente; siempre silencioso. Sin embargo, de vez en cuando le hacia preguntas, ya que por fin había alguien con quien poder hablar. Pero las respuestas que le daba el ser eran muy escuetas, como si hubiera calculado la cantidad necesaria para comunicarse.


-Oye, si dices que ya han sido liberados otros clones, ¿qué les ocurrió? -le preguntó mientras caminaban.


-Todos ellos sucumbieron a los peligros innatos de la reserva -contestó el Observador.


-¿Reserva? -preguntó la chica extrañada- ¿Quieres decir que estamos en una reserva?


-Afirmativo -respondió el ser-, continuando con la respuesta, los otros clones fueron eliminados por los depredadores que habitan la reserva.


Moztlati recordó lo que había ocurrido horas antes, cuando criaturas que emulaban personas casi la devoran.


-Pero, las criaturas de hace rato...


-Esas criaturas tienen la habilidad de tomar la apariencia de las presas que devoran; es altamente probable que se hayan alimentado de algunos de esos clones y en consecuencia lograron copiar su aspecto e incluso su voz; debes tener cuidado si te encuentras con otros humanos, podrían ser esas criaturas que se hacen pasar por clones.


Moztlati sintió una gran congoja, no era la única que despertó, hubo más pero habían muerto.


-¿Porqué ellos murieron y yo sigo viva? ¿Acaso no todos teníamos las mismas oportunidades?


-Algunos no tuvieron la misma previsión que tú, otros sí pero murieron por un descuido o error suyo, y el resto fueron victimas de la casualidad. Tú continuas viva porque te desempeñaste mejor; no deberías sentir culpa por algo de lo que no tienes responsabilidad -dijo el Observador.


-Puede que tengas razón, pero aún así me siento mal por ellos -comentó la chica.


En el trayecto de regreso al refugio no hubo contratiempos, y llegaron justo al anochecer. Moztlati suspiró de alivio al ver su hogar; ya quería llegar para descansar y cenar algo. De pronto, el Observador se adelantó unos pasos y se quedó quieto, Moztlati se dio cuenta que estaba tenso.


-¿Sucede algo?


-¡Silencio! -susurró el ser, después agregó-, ocúltate.


-¿Qué? -dijo, extrañada.


-¡Ahora!


Continuó dudando, pero hubo algo en el tono de voz que le hizo obedecer. Se apresuró a esconderse detrás de un arbusto y esperó. Momentos después, el Observador levantó la cabeza y emitió un llamado gutural y largo, Moztlati se sorprendió al notar la gran similitud que tenía con los alaridos de los merodeadores.


Entonces, desde su escondite notó movimiento; de distintos lugares aparecieron unas sombras que se movían con lentitud, observando a todas partes como si trataran de descubrir a quien lanzó ese llamado.


-¡Imposible! -exclamó Moztlati, asombrada.


-Parece que te habían tendido una emboscada -dijo el Observador acercándose a ella.


-¿Cómo es posible esto?


-No sería difícil, tu refugio no tiene defensas de algún tipo, además que no está oculto, cualquiera lo puede encontrar.


Moztlati observó de entre las ramas del arbusto; había cerca de seis merodeadores, todos ellos moviendo la cabeza de lado a lado mientras los zarcillos se agitaban sin control.


''No puedo enfrentarme a todos ellos'' pensó torciendo la boca.


Esa noche la pasó en la pradera, por recomendación del Observador, e igualmente por recomendación suya no encendió una fogata. Durante un tiempo fue silencio, ninguno se dirigía la palabra, como si cada quien se dedicara a sus propios pensamientos.


-Oye ¿y tú que cosa eres exactamente? -preguntó la chica de repente.


-Este no comprende la pregunta, o su motivo -dijo el Observador.


-Que animal eres, sí eres de esta reserva o vienes de otro lado.


-No soy de aquí, pero tampoco vengo de otro lado; yo existo para servir a mi propósito -fue la escueta pregunta.


-Muy bien -dijo ella, en el mismo tono de alguien que está hablando con un loco-, entonces no eres un animal cualquiera, bueno ¿al menos puedes decirme quien es tu líder, o a quien obedeces?


-Cuando llegues a donde te he dicho lo sabrás.


Moztlati soltó un suspiro de fastidio; después de tanto tiempo sola, creyó que por fin habría encontrado alguien con quien platicar, pero su interlocutor tenía la personalidad de un palo. Sin embargo, decidió proseguir.


-¿Tampoco puedes decirme cual es esa misteriosa misión?


-No es el tiempo fijado para que lo sepas -contestó el Observador en el mismo tono.


Entonces, Moztlati respiró profundamente y tragó saliva, como si debiera prepararse para lo que estaba por preguntar.


-¿Es... acerca de liberar a alguien? -preguntó con voz trémula.


El Observador dirigió hacia ella su único gran ojo, en actitud inquisitiva. Pero su mirada fue tan intensa que Moztlati desvió la suya de forma involuntaria.


-¿Cómo sabes eso? -preguntó el ser.


-Pues...


''¡SILENCIO!''


Esta orden, que resonó en lo profundo de su mente fue tan sorpresiva que la asustó, pero también le afectó de forma más física; sintió una repentina punzada de dolor que le hirió el cerebro. Cerró los ojos y se apretó las sienes.


-¡Ah! -se quejó de dolor.


El Observador fijó su gran ojo en ella mientras sufría este achaque.


-Veo en ti algo preocupante -dijo con su atona voz-, no puedo especificarlo pero podría ser perjudicial para la misión que debes desempeñar.


Moztlati continuaba acostada en la hierba, mientras el repentino dolor de cabeza pasaba.


-¿Y que ocurre si no soy capaz de realizar esa misión? -preguntó con voz débil.


-Nada, solamente te dejaré y buscaré a otro clon que esté mejor capacitado. Pero tu caso es diferente; hay una gran probabilidad de que tengas implantada una orden ajena a la que se te debe asignar. Incluso, contradictoria. Si ese es el caso entonces tendré que eliminarte.


Moztlati había dejado de respirar por unos momentos, pero antes de que ella se diera cuenta ya estaba de pie con su lanza preparada. Tenía su vista fija en el Observador, lista para defenderse, pero el ser solamente la observaba, sin dar muestras de agresividad.


-Tu reacción es comprensible, pero innecesaria -dijo el Observador-, en tu estado actual soy capaz de eliminarte con facilidad, pero no hay necesidad de ello.


-¿Cómo estoy segura que no mientes? -dijo la chica sin bajar la guardia.


-Debido a ciertas circunstancias es apremiante que vayas hacia donde se asignará tu misión; no hay tiempo para buscar otro clon adecuado, así que he decidido que tú bastarás, en cuanto a esa orden contradictoria, ya se verá qué hacer en su momento. Por lo mientras descansa, partiremos al amanecer. Puedes dormir con tranquilidad, yo vigilaré toda la noche.


La chica permaneció en su sitio, con la lanza apuntando hacia el Observador, pero pasados unos minutos y al ver que no hacia nada se relajó un poco. Sin embargo, no confiaría completamente en él; tomó asiento a unos metros de la criatura y esperó. No durmió bien ya que constantemente se despertaba, con cierta sensación de alarma, y dirigía su vista hacia el Observador quien se mantenía apartado de ella mientras montaba guardia, girando su gran ojo en todas direcciones.


Llegada la mañana partieron, Moztlati hubiera deseado dormir un poco más pero su guía fue inflexible. Salieron de la pradera y se internaron en el bosque, caminaron más de tres horas en dirección Noreste; atravesaron partes donde la oscuridad a veces era más profunda, a penas y se podía ver algo, además de que los sonidos emitidos por las criaturas que habitaban ahí eran más siniestros, al menos así lo pensaba Moztlati. Pero el Observador seguía su camino, inmune a las sombras y sonidos extraños. De vez en cuando tuvieron encuentros con dichas criaturas, pero lograron ahuyentarlas o derrotarlas.


Mientras avanzaban por el bosque, se encontraron con los restos de un campamento. Después de investigar un poco, Moztlati descubrió que era muy parecido al que encontró la primera vez, y este nuevo campamento también tenía equipo abandonado y restos humanos; esqueletos esparcidos en todas direcciones, algunos de ellos daban muestras de haber tenido una muerte muy violenta.


-¿Qué ocurrió aquí? -preguntó ella, mientras observaba la masacre.


-Invasores llegados de otra dimensión, pero fueron eliminados -respondió el Observador sin darle importancia a lo que le rodeaba.


-¿Invasores de otra dimensión? -dijo Moztlati, con interés.


-Afirmativo.


Atravesaron los restos del campamento en silencio. La chica veía a su alrededor, observando los restos de estructuras destruidas y esqueletos humanos. Moztlati se asombró con la gran cantidad de huesos que había.


-¿Qué los atacó? ¿Los q'uarn? -preguntó.


De pronto el Observador se detuvo y se giró hacia la chica, fijando en ella su gran ojo. Todo este movimiento fue tan rápido y brusco que Moztlati se sobresaltó y por reflejo apuntó su lanza hacia la criatura.


-¿Dónde escuchaste esa palabra?


Podía notarse cierta suspicacia en su tono, y la chica sintió alarma; la postura del Observador y la forma en que la observaba fijamente le hacían sentir amenazada.


-Lo leí en un diario de uno de ellos... de los invasores, digo.


La criatura continuó fijando su ojo en ella, Moztlati asió con firmeza su lanza. Mentalmente se estaba preparando para un inevitable combate.


El Observador no dejaba de observarla, durante varios segundos se quedaron en su posición; él observando y Moztlati esperando el ataque. Pero, así como empezó todo también terminó; el Observador se dio media vuelta y continuó su camino, despreocupado y sin dar muestras de que existió un instante de tensión entre ellos. Moztlati continuó en guardia, creyendo que el cambio de actitud sólo era una finta para atacarla cuando se descuidara.


La criatura ya se había alejado varios metros cuando volteó hacia atrás.


-¡Apresúrate que aún tenemos un largo camino por recorrer! -alzó la voz.


La chica continuó a la defensiva, pero al ver que en realidad no sucedía nada bajó su arma y avanzó rápidamente siguiendo a su guía.


Después de casi seis horas de caminata salieron del bosque.


Frente a ellos, tenían a primera vista la imponente figura de una montaña; la cima se elevaba más allá de las nubes que cubrían el cielo, era amplia hacia los lados como si fuera parte de una cordillera, sus laderas eran empinadas, siendo casi verticales. Moztlati sintió una extraña sensación de reverencia ante tal imagen.


-¡Asombroso! -exclamó.


Entonces, notó en la base una pila de rocas, pero por su forma no parecían naturales.


-¿Qué es eso? -preguntó, señalando.


-Son las instalaciones donde debes ir -dijo el Observador.


La chica observó las ruinas, y, por alguna razón, sintió una extraña desconfianza de entrar en ellas.


-No sé...


Pero de forma repentina, su mente fue inundada por un aluvión de imágenes y sonidos: fuego, destrucción, gritos de dolor y angustia. Pero también, rugidos de ira y sonidos guturales que no tenían nada de humano.


Moztlati yacía en el suelo, sacudiéndose febrilmente siendo afectada por un desconocido mal.


-¡Libéranos! ¡Libéranos! ¡Libéranos!


Repetía esta palabra en un tono casi de fervor religioso, como si fuera una orden dada por un ser superior.


El Observador veía a la chica, su gran ojo analizaba cada centímetro de su ser para tratar de discernir lo que le ocurría.


-Sé fuerte.


Y se detuvo, Moztlati respiraba agitada y sentía que su mente era un caos. De alguna forma, algo silenció las voces que resonaban en su mente, liberándola de su influencia. Volteó a ver al Observador, quien se veía afectado por otro mal; bamboleaba la cabeza al mismo tiempo que el cuerpo se agitaba.


-¿Estás bien? -dijo Moztlati.


-Sé fuerte.


-¿Eh? -dijo más extrañada.


El Observador se recuperó de su extraño trance, dejó de sacudirse y la cabeza se mantuvo firme.


-Debemos seguir avanzando, ya casi llegamos a nuestro destino -dijo con la misma voz sin entonación de siempre.


-Me dijiste que fuera fuerte, ¿porqué? -dijo Moztlati.


-Este no recuerda haber dicho algo así. Debemos apresurarnos.


Y avanzó a paso rápido hacia las ruinas. La chica lo observó extrañada.


-Juraría que lo escuché decirme eso -dijo echando a caminar.


Tuvo que correr ya que la criatura ya se había adelantado varios metros.


Llegaron frente a las ruinas, y la desconfianza que sentía aumentó.


-Entremos -dijo el Observador.


Y se escabulló por un hueco entre las ruinas.


Moztlati continuaba dudando, e incluso tuvo ganas de irse, pero una extraña influencia se lo impidió; ''algo'' le ordenó que entrara.


Como pudo, se arrastró por el hueco y se internó a lo desconocido.


Dentro, se encontró con profunda oscuridad, mucho más intensa que en e bosque.


-Sígueme -dijo una voz.


La chica soltó un grito por el susto. Entonces sintió que algo le cubría la boca.


-¡No hagas ruido! -susurró el Observador en su oído-, no debemos ser escuchados, el interior de las ruinas no es seguro, con excepción de un sitio.


La sola idea de sentir la mano de dicha criatura, y que esta estuviera tan cerca de ella, le provocó una oleada de repugnancia; se quitó la mano de forma brusca y se alejó involuntariamente.


-Sígueme -dijo la criatura, quien no dio muestras de haberse molestado ante el rechazo de la chica.


-¿Cómo?¡Está muy oscuro! -susurró Moztlati.


Por respuesta el Observador emitió un ligero destello, tan efímero como la luz de las luciérnagas. Y de esta forma se adentraron en las ruinas.


Moztlati y el Observador se mantenían juntos mientras recorrían los pasillos derruidos. En ciertos lugares, unos bulbos que sobresalían del techo y las paredes iluminaban con una débil luz roja, la cual venía a complementar la atmósfera opresiva; Moztlati sentía un extraño temor que aumentaba conforme avanzaban.


A la luz de la mortecina iluminación, se podía observar distintos grados de destrucción; algo había ocurrido en ese sitio hacia no mucho tiempo.


Mientras avanzaban por un pasillo, Moztlati vislumbró una figura humanoide metros adelante de ellos. Conforme se acercaron sus facciones se pudieron notar un poco mejor.


-¿Otro clon? -susurró la chica, emocionada.


-Sí, pero no debes comunicarte con el -respondió el Observador.


-¿Porqué?


Pero la criatura no respondió, a la poca iluminación, la chica notó que estaba tenso.


-Debemos evitar un encuentro con quienes residen en este lugar -dijo de nuevo la criatura, en voz baja.


-¿Cuál es el motivo?


-Están poseídos.


-¿Poseídos? -dijo la chica, más extrañada.


-¡Silencio! -ordenó el Observador, después añadió- Sígueme de cerca.


La criatura se deslizó entre las sombras, siendo seguido por Moztlati.


Se acercaban lentamente hacia la figura, pero teniendo cuidad de mantenerse ocultos. Conforme se acercaban, la chica escuchó palabras sin sentido, pero lentamente tomaron claridad.


-Debo liberarlos, debo liberarlos, deben ser libres y devorarnos.


La chica se detuvo de golpe, observó al clon que caminaba errático en el pasillo.


''¡Libéranos!''


-Debo liberarlos -repitió- debo...


Pero una mano férrea le tapo la boca una vez más, sacándola de su trance. La sorpresa se tornó en molestia cuando descubrió la mano del Observador.


-¡Silencio! -le ordenó acercándose al oído-, ¡debes tranquilizate o te eliminaré inmediatamente!


Moztlati, una vez más alejó esa mano casi humana de su boca con repugnancia.


-¡No me toques de nuevo! -siseo.


-Haré lo que sea necesario para garantizar el éxito de mi misión, así que tranquilizate y sígueme... en silencio.


La criatura se deslizó por un hueco, y la chica lo imitó, no sin antes detenerse unos momentos.


-Debo liberarlos...


Moztlati sacudió su cabeza enérgicamente y continuó su camino.


Durante el trayecto hubo encuentros de ese tipo; clones tanto hombres como mujeres, deambulando sin rumbo, y todos ellos repitiendo las mismas palabras. Sin embargo, cuando se adentraron más en las ruinas la chica descubrió que no sólo clones humanos; también otras criaturas estaban bajo la misma extraña influencia. Estás, no hablaban un idioma entendible, pero un sonido en especial era repetido cada cierto tiempo; Moztlati tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no dejarse afectar por su llamado.


Al fin llegaron frente a una puerta que se veía en buen estado.


-¿A dónde conduce esta puerta? -preguntó la chica.


-Aquí está quien te dará tu misión -contestó el Observador.


Se colocó frente a ella y emitió una serie de llamados en tono tan bajo que apenas y se escuchaban. La puerta se abrió y entró por ella.


-Adelante -le ordenó a Moztlati.


La chica se adelantó con desconfianza y cruzó el umbral, pero inmediatamente retrocedió con su lanza apuntando hacia adelante; frente a ella y en medio de la estancia, flotaba una amorfa figura. Su piel rojiza parecía casi humana, y toda su superficie estaba repleta de bulbos carnosos que se sacudían febrilmente. De su cuerpo redondo sobresalían una gran cantidad de zarcillos hechos de carne, que se agitaban en varias direcciones.


-¿Está es la esclava?


No tenía boca para hablar, pero Moztlati escuchó la voz en su mente.


-Es la única que ha logrado superar los estándares de supervivencia -contestó el Observador, que se mantenía impasible ante tal criatura.


-Veo que se muestra renuente a servir -dijo el ser.


Inmediatamente, algunos de los zarcillos apuntaron hacia Moztlati, y ella sintió como todo su cuerpo fue paralizado; a una orden no pronunciada soltó la lanza y fue atraída por una poderosa fuerza hacia adentro.


-¡Suéltame! -gritó aterrada.


-Comprendo -dijo la criatura-, no tiene conocimiento de nosotros, eso explica el rechazo que siente hacia mi presencia, pero eso está a punto de cambiar.


El ser la atrajo hasta él y sus zarcillos se enrollaron en la cabeza de la chica, quiso gritar pero su alarido fue silenciado al momento, y su mente fue inundada.


Después de unos minutos yacía de pie, anonadada por la súbita oleada de información que le fue injertada y ahora sabía todo; qué era el sitio donde estaban, quien era el ser que tenía frente a ella, y la razón de su existencia. También lo que había ocurrido en esas instalaciones.


-Muy bien -dijo la criatura flotante-, ahora que eres consiente de la situación podrás desempeñar tu papel; deberás ir a la sala del portal y activarlo. Desde aquí, yo introduciré las coordenadas espacio temporales de la dimensión de las entidades paranormales, y cuando el portal se abra todas ellas serán absorbidas por él de vuelta a su dimensión, yo seré el único sobreviviente del descuido de mis colegas. Y cuando todo haya concluido entonces me servirás de alimento, hace mucho que no pruebo carne humana.


Moztlati estaba estupefacta, había descubierto la razón de ser de ella y de sus compañeros clones; ser los esclavos de seres extraterrestres, de los cuales sólo quedaba el que estaba frente a ella.


-¿Y porqué no lo hace usted?


-¿Pero qué dices, esclava? -gruño la criatura-, ¿arriesgarme yo a ser poseído o devorado por esas entidades, cuando sólo puedo esperar a que un clon venga y le ordene hacerlo? Ustedes fueron creados para ser nuestros sirvientes, deben cumplir con su propósito. Y fui yo quien te despertó del sueño criogénico, cumpliendo tu misión será la forma en que lo agradecerás.


Algo comenzó a surgir en el interior de Moztlati, y no era obediencia; una pequeña chispa se encendió, y que dio inicio a una rabia que la iba dominando lentamente.


-Cuando desperté a este mundo, sola y sin saber nada de mi ni de la situación, tenía miedo, mucho miedo. ¿Acaso tienes alguna idea de lo que se siente? ¿No saber nada de ti? ¿Quien o que eres?


-Eres un esclavo, naciste para servirnos -dijo la criatura, quien no comprendía a donde quería ir a parar ese clon necio.


-Pero a pesar de todo, decidí que viviría, continuaría luchando para ver la luz del día siguiente; ese sería el propósito de mi vida, vivir, luchar. Y ahora resulta que tú, un miembro de una especie compuesta por egolatras y necios, quienes creían que pueden hacer lo que quieran sólo porque pueden hacerlo, me viene a decir que sólo soy una esclava, y que debo arreglar un error que cometieron hace años.


-¡Tú debes servirnos! -gritó en la mente de Moztlati la masa de zarcillos-, ¡Ese es el único motivo de tu existencia! Por esa razón fueron clonados de los humanos ofrendados por esos supuestos sabios...


-¡Me niego! -gritó Moztlati.


-No estas en posición...


Rápidamente ella empuñó su lanza de nuevo, pero fue detenida por una fuerza misteriosa; sentía como sus músculos habían sido paralizados.


-Esta esclava no es apta para la asignación -dijo la criatura-, muestra un alto grado de rebeldía e independencia, será eliminada. Aunque sea un inconveniente pero hay más clones para despertar.


''¡No!'' pensó Moztlati acongojada ''¡Los otros no deben correr la misma suerte que yo!''


-Se fuerte.


La chica se quedó azorada, clavó su vista en el Observador.


''¿El dijo eso?''


Pero sintió que le cortaban la respiración abruptamente, una poderos fuerza le cerró la garganta de golpe.


-Un esclavo que no acepta su lugar es innecesario -dijo la criatura.


Justo en ese instante, el Observador se lanzó sobre el otro ser y comenzó a atacarlo, Moztlati fue liberada del misterioso yugo. Pero el Observador fue eliminado con relativa facilidad; quedó tirado en el suelo, con su gran ojo reventado, del glóbulo destruido manaba un líquido de color negro y apariencia repugnante.


Mientras el otro ser se reponía del sorpresivo ataque, no pudo reaccionar cuando Moztlati le arrojó su lanza que se clavo justo en medio del cuerpo bulboso. Aunque no hubo grito de dolor, pero la chica sintió su mente asaltada por un repentino chillido telepático, semejante cuando los ojos son expuestos a un súbito destello cegador. El ser estaba en el suelo, con la lanza sobresaliendo de su cuerpo amorfo. Rápidamente Moztlati se repuso y se arrojó sobre la lanza; la sacó del cuerpo sólo para clavarla de nuevo con todas sus fuerzas. Continuó apuñalando el cuerpo de su susodicho amo sin descanso; la ira y el repudio le daban fuerzas que alimentaban su rabia asesina. Momentos después se detuvo, más por el cansancio que por el mero hecho de detenerse. Observó el cuerpo destrozado del ser y apartó su vista sintiendo repugnancia; se había convertido en un amasijo de carne cercenada e intestinos que rezumaba sangre.


De pronto, cienos de luces rojizas se encendieron a su alrededor, en las paredes y el techo, revelando estructuras de un diseño extraño y que no tenía nada de humano. A sus espaldas, y detrás de donde estaba el cuerpo del Observador, había una esfera, de arriba y abajo salían varios cables gruesos que se unían al techo y el suelo respectivamente. La chica observó esta nueva aparición con un ligero interés, pero después de unos momentos se dio la vuelta dispuesta a marcharse.


-El último de los q'uarn ha muerto.


Moztlati se giró rápidamente, observó asombrada hacia la esfera.


-¿Hablaste? -preguntó, extrañada.


-Somos la entidad que gobierna y administra estas instalaciones, nosotros fuimos quienes enviamos a esa criatura par observarte, y mediante ella llegamos a la conclusión de que eras la indicada para esta misión.


Moztlati frunció las cejas.


-¿Misión? Si crees que estoy dispuesta a servir a un megalómano como ese q'uarn estás equivocada. Busca a alguien más para tu misión.


-Espera por favor -dijo la voz-, la misión que te queremos asignar, aunque semejante, es de un motivo muy diferente al de esa criatura.


-¿En qué aspecto? -dijo la chica sin estar muy convencida.


-El q'uarn te implantó el conocimiento necesario para comprender lo que ocurrió aquí; los espectros están contenidos gracias a la barrera, pero somos nosotros quienes mantenemos a la barrera y tarde o temprano dejaremos de funcionar, cuando eso ocurra los espectros serán libres; invadirán toda la reserva y poseerán o devorarán a todas las criaturas que la habitan, cuando hayan terminado se esparcirán sobre todo el planeta consumiéndolo.


Moztlati guardó silencio y reflexionó. Como dijo la computadora, ahora ella sabía todo lo que había ocurrido en ese laboratorio; los q'uarn abrieron un portal hacia una dimensión habitada por entidades paranormales. Los q'uarn creyeron que podrían usarlas como fuente de energía, pero muy pronto se dieron cuenta de su error; las entidades invadieron el laboratorio, poseyendo a los extraterrestres, y otros los devoraron. Sólo uno logró escapar y fue quien activó la barrera que contenía a los espectros dentro del laboratorio.


-Él quería eliminar a los espectros para quedar como el único amo de este lugar, pero nosotros deseamos que nos ayudes a salvar este mundo.


-¿Nosotros? ¿Porqué siempre hablas en plural? -dijo Moztlati.


-Los que conformamos la entidad que controla el laboratorio originalmente fuimos criaturas de otra dimensión, descubiertas por los q'uarn. Ellos se dieron cuenta del gran potencial de nuestra mente colectiva y elevado coeficiente intelectual; nos usaron en muchos y crueles experimentos, esta entidad que formamos es uno de esos experimentos.


-Ya veo -dijo Moztlati, después agregó-, ¿ y porqué yo soy la que tengo actuar?


-Durante el incidente, el sistema que crea portales fue dañado, y nosotros hemos perdido la capacidad de repararlo.


-¿No pueden repararlo? -dijo la chica, incrédula.


-Estamos... muriendo; debido a los experimentos, y a los daños provocados por el incidente nuestra capacidad cognoscitiva se ha deteriorado, cuando nuestra consciencia colectiva muera, la barrera fallará y será el fin.


Moztlati guardó silencio, estaba sopesando sus opciones.


-Desde que desperté -comenzó a decir-, tuve que luchar por mi vida; los animales de este sitio son muy agresivos y altamente inteligentes. Pero después de todo sólo son animales; me querían cazar porque querían sobrevivir, no son malos por naturaleza. Además que hay otros clones, durmiendo en sus cámaras criogénicas, puede que otros ya hayan despertado y estén en mi misma situación; luchando por vivir otro día. Si esas entidades escapan entonces todo su sufrimiento, sus luchas y victorias serán para nada; serán devorados o poseídos...


''¡LIBERANOS!''


-¡Ah! -exclamó Moztlati sosteniéndose la cabeza.


La orden sonaba de nuevo, esta vez más imperativa.


-Esto puede resultar un problema -dijo la mente colectiva-, al parecer estás parcialmente bajo la influencia de los espectros.


-¿Qué? -exclamó la chica, aterrada.


-De alguna forma lograron infectar tu mente... puede que haya sido cuando tu cámara recibió la orden de despertarte, no es posible saberlo con certeza.


-¿Y que puedo hacer? -dijo Moztlati, visiblemente preocupada.


La mente colectiva guardó silencio por unos momentos.


-Acércate al Observador -habló la mente colectiva.


-Pero si ya está muerto -dijo Moztlati, viendo con desagrado el cadáver.


-Todavía tiene signos vitales, aunque casi desaparecen.


-¿Y que podrá hacer?


-Durante mucho tiempo el fue mis ojos y oídos fuera de esta instalación; aunque fue el q'uarn quien lo modificó para que actuara en su nombre, yo le implanté ordenes adicionales que el q'uarn no debía conocer. También le ordené buscar clones y vigilarlos, pero cuando llegara el tiempo debía ayudarles en su misión, e incluso eliminar a nuestro enemigo. Aunque está muriendo pero aún puedo usarlo para bloquear tu mente de la influencia de los espectros, aunque sea por un tiempo.


Moztlati avanzaba lentamente, discurriéndose entre las sombras como un ratón; si por ella fuera, hubiera deseado ser un roedor en esos instantes.


Mediante el moribundo Observador, la Mente Colectiva le había transmitido su misión; dirigirse hacia la zona donde se crean los portales, y una vez ahí debía reparar ciertas partes de la estructura que los genera, después, desviar la energía necesaria hacia la sala y reparar la computadora; debía modificar cierta parte de la programación para que los portales absorbieran a todas las entidades paranormales, regresándolas a su dimensión.


Pero como a veces pasa, las cosas son más fáciles de decir que hacer. Moztlati se movía con extrema cautela, a veces tenía que ir a gatas o arrastrarse. Los pasillos, además de estar casi a oscuras, también estaban atestados por trozos de la estructura que los conformaba; dificultaban el paso y en la mayoría de ocasiones bloqueaban por completo el pasillo, Moztlati tenía que tomar otro camino.


Pero ese no era el principal obstáculo... los pasillos estaban habitados. Figuras escuálidas, ya fueran clones humanos o qu'arn, deambulaban sin rumbo fijo. Todos ellos sólo eran cáscaras vacías, cuya conciencia original hacia mucho que había sido consumida por los espectros que ahora los poseían. A veces, un espectro abandonaba el cuerpo que habitaba para buscar otro, sin importar que ya estuviera poseído, y, cuando eso sucedía las dos entidades malignas luchaban por el cuerpo.


Moztlati presenció muchas veces este extraño combate; uno de los poseídos a veces se sacudía mientras gritaba desaforadamente. La chica creyó escuchar palabras de auxilio, tal vez la última manifestación de la conciencia original del cuerpo.


Este tipo de cosas solamente minaban su ya mermada moral. Aunque había aceptado ayudar a la Mente Colectiva, sabía que ella no vería los frutos de su esfuerzo; se encaminaba hacia su muerte, al menos tenía la esperanza que sus hermanos clones serían salvados de los errores de los qu'arn.


''Liberanos'' ''Liberanos'' ''Liberanos''


La misma orden sonaba una y otra vez en su cabeza, se había hecho insoportable. El bloqueo que la Mente Colectiva le implantó en su cabeza sólo mitigaría los efectos del control parcial, pero si la descubrían sería poseída inmediatamente y de forma irremediable. No llevaba armas consigo, sólo un pequeño maletín con las herramientas necesarias para lo que iba a hacer.


-Aunque mataras a uno de los poseídos, el espectro que lo habita saldría de él y te poseería a ti, tu lanza y cuchillo son inútiles -le había dicho la entidad.


Después de casi una hora de avanzar entre las ruinas y los poseídos, Moztlati llegó a la sala donde se activaría el portal. Observó a todos lados, confirmando el daño causado cuando los espectros invadieron el laboratorio. Sería un trabajo largo y arduo, así que suspiró en señal de resignación y puso manos a la obra. Cuando por fin terminó se acercó a un panel de mandos donde algunas luces brillaban, después, siguiendo las indicaciones que la Mente Colectiva igualmente le implantó, comenzó a activar el portal.


En medio de la sala había una extraña estructura en forma de mano con garras abiertas, y cada una de estas ''garras'' apuntaba hacia arriba. Dicha estructura se iluminó de un azul intenso, y encima apareció una esfera luminosa que aumentó de tamaño.


En el sitio donde Moztlati estaba de pie salieron ocho tentáculos del suelo, elevándose como serpientes saliendo de sus escondites. La chica se vio rodeada de estas formas; aunque había sido prevenida pero eso no evitó que las observara con temor. Los tentáculos se enrollaron en su cabeza cubriéndola por completo; ella tuvo una repentina sensación de repulsión.


'''Debes reprogramar el portal para que absorba a los espectros'' sonó la indicación de la Mente en su cabeza.


-Deben ser liberados -dijo Moztlati con voz átona.


De pronto, la puerta por donde entró se abrió de par en par por donde entraron clones y extraterrestres q'uarn, caminando lentamente y en silencio.


-¡Liberanos! -dijeron las voces al unísono.


Moztlati los observó atentamente, en sus ojos se podía ver una total ausencia de brillo, como si hubiera muerto pero su cuerpo ignorara este hecho.


-Los liberaré -dijo con expresión ausente.


Comenzó a manipular distintos mandos, segundos después, la esfera de luz comenzó a girar en sentido contrario a las manecillas del reloj. Una luz roja inundo la sala, emitida por la esfera que se había convertido en una boja de color carmesí como si estuviera hecha de sangre. Todos los poseídos, incluida Moztlati, comenzaron a convulsionarse salvajemente; arrojaban espuma por la boca que escurría por sus caras que habían sido deformadas por los espasmos. Comenzaron a caer al suelo, uno por uno, donde quedaban inertes. La esfera rojiza se había tan grande que llegó al techo.


En todos los rincones del laboratorio, los poseídos se sacudían como si una corriente eléctrica pasara a través de sus cuerpos, después caían a suelo, inmóviles. Los espectros estaban siendo liberados.


Moztlati yacía en el suelo, sus ojos anegados en lagrimas miraban hacia arriba, y ella aún estaba consiente pero no podía moverse; el espectro que la poseyó se negaba a dejar su cuerpo.


''¡No!'' ''¡Debiste liberarnos!'' ladraba en su mente.


Moztlati, con voz débil pero boca sonriente dijo:


-Están siendo liberados, serán regresados a su dimensión original.


''¡Debíamos salir al mundo del exterior y reclamarlo para nosotros!''


-Ya vete -dijo la chica en un gemido molesto.


No sintió nada, sólo que las voces que le daban órdenes por fin se habían silenciado.


''Fue un plan muy arriesgado, y aún así decidiste hacerlo'' sóno la voz de la Mente Colectiva.


-No había nadie más que lo hiciera -dijo la chica.


''Los espectros están siendo absorbidos por el portal de vuelta hacia su dimensión original. Fue una suerte el bloqueo que te injerté; lograste conservar una parte de tu conciencia aunque fueras poseída''


Debido a la naturaleza paranormal de los espectros, era imposible que Moztlati lograra recorrer esos pasillos sin que le sucediera algo; después de todo, ya estaba parcialmente poseída.


''Esta misión significaba tu muerte segura, no había vuelta atrás; sin embargo, decidiste llevarla a cabo aunque tu no verías los frutos de su cumplimiento. En nombre de todos los seres que sufrieron a manos de los q'uarn, te estamos agradecidos''


Moztlati cerró los ojos y comenzó a rememorar todo lo que le había sucedido; desde que despertó en ese cuarto frio y solitario, pasando por sus aventuras en el bosque; sus pequeños triunfos en su lucha por seguir viva otro día más. Muy a su pesar, se dio cuenta que tuvo una vida corta, ya que comenzó a vivir cuando ya era una adulta, saliendo de esa cámara criogénica.


-Ojalá hubiera vivido en otro lado, y otro tiempo -susurró.


De pronto, la gran esfera rojiza estalló inundando el cuarto con un súbito destello, destruyendo todo lo que había en él.


El suelo comenzó a vibrar, y las paredes a sacudirse; trozos de granito y estructura caían sobre los pasillo bloqueándolos por completo, aplastando a los cuerpos vacíos que yacían sin vida. Entonces, como si fuera un volcán durmiente que despierta después de un gran letargo, la montaña entera explotó; un estruendo ensordecedor acompañado de una onda de choque que barrió con los árboles cercanos y mató a las criaturas que tuvieron la mala suerte de encontrarse cerca. En varios kilómetros a la redonda se observó la potente explosión que arrojó una gran bola de fuego que dio paso a una enorme nube negra.


La Mente Colectiva se había fusionado con la conciencia de Moztlati, reavivando momentáneamente su poder de procesamiento y entre ambas hicieron un último sacrificio; sobrecargaron el reactor que le daba energía al laboratorio de los q'uarn y explotó destruyendo las instalaciones, enterrando para siempre el conocimiento que contenía; ya no sería utilizado para malvados propósitos.


En las instalaciones donde despertó Moztlati a ese cruel mundo, algo estaba sucediendo. La oscuridad fue reemplazada por una repentina iluminación, distintos aparatos se encendieron dando inicio a un proceso; decenas de cámaras criogénicas, repartidas en distintas salas, comenzaron a activarse. Las salas se inundaron de nubes de vapor frio que salían de las cámaras, y lentamente sus ocupantes despertaron; hombres y mujeres jóvenes, de la misma edad de Moztlati, despertaban después de estar aprisionados en esas celdas del sueño. Observaron a sus alrededores, extrañados de estar en un lugar que no conocían, pero más lo estaban de ver rostros idénticos en otros cuerpos.


Una mujer y un hombre se observaban mutuamente, asombrados.


-¿Quien eres? -preguntó ella.


Él no respondió enseguida, solamente se quedó en actitud pensativa.


-No lo sé -respondió después de unos momentos- ¿y tú?


-Tampoco lo sé, ¡brrr! ¡Que frio hace!


Hasta ese momento, todos los clones ignoraban el hecho de que estaban desnudos. Afortunadamente, encontraron armarios repletos de ropa, tal como le sucedió a la Primera de ellos cuando despertó.


Decenas de clones caminaban por los pasillos derruidos, mirando a todos lados con temor y también curiosidad. A veces, doblaban una esquina y se encontraban con otro grupo de sus hermanos, recién despertados y confundidos, quienes se unían al grupo para seguir juntos en busca de la salida.


En otras salas encontraron infantes; clones en distintas etapas de crecimiento, desde bebés que lloraban en sus cámaras de criogénia hasta niños ya mayores que deambulaban, explorando parte del mundo al que fueron lanzados.


Pronto, una gran muchedumbre recorría los mismos pasillos por los que Moztlati caminó, hace ya mucho tiempo. Los ecos producidos por decenas de pies descalzos inundaban los pasillos.


Todos ellos eran las copias genéticas de los humanos ofrendados a los q'uarn por otros humanos, cuando hicieron contacto con esas entidades alienigenas. Siervos y ganado a su vez, entregados por sus semejantes a cambio del conocimiento acumulado por los tiranos extraterrestres. Pero esa sabiduría les costó muy caro; perdieron la razón. Un día, soldados humanos entraron a esa dimensión con el fin de acabar con los q'uarn, pero fueron derrotados; los sobrevivientes fueron devorados o esclavizados.


Pasado un tiempo, vieron una gran abertura, iluminada por la luz del exterior; se detuvieron unos momentos dudando, pero cuando uno de ellos se adelantó el resto lo siguió. Atravesaron la abertura, siendo cegados momentáneamente por la luz y salieron al exterior; exclamaciones de asombro salieron de muchas bocas, mientras observaban el Nuevo Mundo al cual ya pertenecían.


-¡Miren!


Uno de ellos apuntó hacia el Norte, y todos vieron asombrados la gigantesca humareda, un gran número de susurros discurrieron entre los clones, temerosos de lo que pudiera significar aquello. Entonces, un viento sopló, arrastrando la humareda y despejando el cielo; los rayos del sol de un mundo extraterrestre bañaron de manera uniforme la reserva; primero las copas de los árboles el bosque, y después la hierba de la pradera, se tornaron de un dorado uniforme mientras eran cubiertos por la luz. Este curioso espectáculo duró tan sólo unos segundos, pero fueron suficientes para arrancar exclamaciones de asombro y alegría de parte de los clones.


Los q'uarn ya no existían, los espectros habían desaparecido; no quedaba nadie ni nada que reclamara la libertad de otros. Sin saberlo, los hermanos de Moztlati habían sido liberados antes de que ellos supieran que habían sido esclavos. Eran libres.


Fin.

























































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