Merithea se había levantado temprano justo como todos los días; miró a su alrededor observando su cuarto de un pulcro color blanco. El único mobiliario estaba integrado por su cama, una mesa y una silla del mismo color del cuarto y de aspecto sencillo; para terminar un armario el cual solo era un cuerpo rectangular situado en una de las paredes. La chica se vistió con una sencilla túnica blanca y salió de su cuarto.
El sonido de sus pies descalzos resonaba en el pasillo mientras ella se dirigía a su área de trabajo. Abrió una puerta, avanzó por otro pasillo y por fin llegó a una amplia sala de control. Una silla giratoria situada frente a un panel de mandos, con pantallas que mostraban gráficos y cadenas de código solo entendibles para la operaria.
-Bien -dijo Merithea tomando asiento-, hora de trabajar.
Un aerodeslizador volaba en dirección hacia un extraña estructura ovoide blanquisca. Los hombres que viajaban en el transporte estaban de buen humor.
-Jejeje -decía uno de ellos, de estatura alta y actitud altiva-, por fin después de tanto tiempo daremos nuestro mejor golpe, entraremos en las instalaciones de la vieja Administración.
-¡Ah, Malcolm! -exclamó otro-, ¿acaso lograste zafarte de la vigilancia de los de Seguridad?
-¿Porqué crees que estamos aquí? -dijo Malcolm- logré sobornar a ciertos sujetos para poder moverme con cierta libertad, así fue como pude reunirlos a ustedes y conseguir esta nave.
-Pues ten mucho cuidado sino quieres pasar otro tiempo en la cárcel.
-No te preocupes, entraremos y saldremos de ahí más rápido de lo que huyes para no pagar la cuenta del bar -dijo Malcolm riendo.
Este comentario suscitó varias risas y otros comentarios subidos de tono. Ajeno a todo este ajetreo se encontraba otro sujeto, sentado al extremo de la zona de carga. Él, al igual que sus compañeros se dedicaba a la búsqueda de artefactos en las ruinas de la Gran Arca. Nadie sabía con exactitud cuales eran los orígenes de dicha nave, solo que era lo suficientemente grande para albergar una numerosa población humana, y que podía emular las condiciones necesarias para mantener la vida.
El hombre en cuestión se encontraba muy ensimismado, como alguien que desea tener un momento de soledad en medio del bullicio.
-Oye Izel -dijo de pronto una voz.
El hombre designado por este nombre volteó a ver a un tipo que se sentó a su lado, un hombre de piel oscura llamado Persimo.
-Hey, ¿qué pasa? -dijo Izel.
-Nada, sólo que te veo muy callado.
-Me gusta el silencio y la tranquilidad, además que tengo un mal presentimiento acerca de esta misión.
-¿Mal presentimiento? -preguntó Persimo.
-Sí, digo, solo piensa un poco -dijo Izel cambiando de postura- ¿no se supone que las ruinas de la antigua Administración contienen tecnología completamente desconocida para nosotros? ¿No crees que es peligroso andar de metiches donde no debemos? Algo malo podría pasar.
-Bueno, en eso tienes razón -dijo Persimo-, pero con tal de tener una buena ganancia a veces se debe arriesgar un poco ¿no crees?
-Tal vez sea cierto pero...
-¡Atención! -dijo Malcolm en voz alta, dejando a media frase lo que Izel iba a decir- ¡prepárense todos que estamos a punto de llegar!
El transporte ya estaba muy cerca de las instalaciones, todos podían ver por las ventanillas esa enorme estructura en forma de óvalo que flotaba en medio del aire. Izel observaba atentamente la blanca superficie que reforzaba la imagen de que estaban viendo un gigantesco huevo.
-Creo que no hay nadie en casa -comentó Persimo a un lado de Izel.
-¿Cómo puedes estar tan seguro? -dijo su amigo.
-Porque hasta ahora no nos repelen con armas antiaéreas -sonrió Persimo.
La aeronave sobrevoló la estructura hasta que encontró un lugar que parecía seguro para aterrizar. Cuando se posó en el suelo y la compuerta de la zona de carga se abrió todos los exploradores salieron a una explanada amplia, al fondo terminaba en una pared la cual tenía una apertura semicircular.
-Vaya -dijo Malclm sonriendo-, parece que ya nos están esperando, ¡andando!
El grupo de exploradores ,que más bien eran saqueadores, se internó por la apertura dejando a unos cuantos guardando el transporte.
Todos avanzaban por un pasillo amplio, observaban a su alrededor atentamente por si descubrían algo extraño o interesante. A primera vista lo que se podía notar era el aspecto general del lugar; no había las señas comunes del abandono como paredes derruidas, el polvo cubriéndolo todo y la falta de iluminación, era todo lo contrario; la superficie del suelo y las paredes seguían intactas, todo estaba bien iluminado.
Izel y Pérsimo estaban en la retaguardia del grupo, caminando lentamente sin perder un solo detalle de lo que los rodeaba.
-Oye, ¿te has dado cuenta? -dijo Izel.
-Sí, todo se ve muy conservado y limpio para ser unas simples ruinas -dijo su amigo mientras miraba a su alrededor.
-E incluso está iluminado, ¿en verdad crees que está abandonado?
-No lo sé, solo que mejor nos fijemos por donde pisamos.
-Cierto -afirmó Izel-, aunque no sé como explicarlo, a pesar de que todo se vé bien, como que se siente una sensación de antigüedad.
El grupo se dividió, cada quien exploraría las instalaciones y si alguien encontraba algo debería comunicarlo por la radio.
Izel y Pérsimo junto a otro sujeto exploraban por su cuenta. Hasta ahora no habían encontrado nada interesante; los pocos cuartos que buscaron solo tenían muebles de extraño diseño, tal vez se llevarían algunos para tenerlos en casa.
Mientras Persimo y el otro tipo buscaban en una sala, Izel siguió su camino. Se le hacía extraño todo el sitio; casi en buen estado, sin ninguna muestra del paso del tiempo, pero había algo que le gustaba; una extraña sensación de soledad. Desde que tenía memoria siempre había vivido en una de las ciudades de las Planicies. No conocía otra cosa más que el ajetreo, las multitudes y los problemas que conlleva el vivir en una metrópoli, por eso le agradaba dedicarse a la búsqueda de artefactos por que sus viajes muchas veces lo llevaban a lugares solitarios y remotos, donde podía dedicarse a disfrutar de un poco de soledad. Pero dicha soledad fue interrumpida por una aparición repentina.
Justo cuando acabó de andar un pasillo fue a dar una sala amplia, en cuyo centro había algo parecido a una fuente de agua, y al lado de esta una mujer joven. Cabello de un tono ligeramente anaranjado, vestida con una túnica de color blanco. Ella lo observaba muy sorprendida.
-¿Hola? -dijo Izel al verla.
Pero antes de que pudiera responder, una persona más se presentó, Malcolm apareció por otro de los pasillos y observó a la chica de forma extraña.
-Vaya -dijo dirigiéndose a Izel-, parece que la encontraste.
Él iba a hablar cuando escuchó una detonación y cayó al suelo con una herida en el pecho, antes de morir vió como Malcolm apuntaba a la extraña chica e igualmente le disparaba.
En su apartamento de soltero Izel abrió los ojos y respiró profundamente, algo había sucedido.
-¿Habrá sido un sueño? -se preguntó confuso.
Decidió no darle más atención al asunto y se levantó de la cama. Su día transcurrió de forma normal, e incluso parecía una copia exacta del día anterior. Mientras almorzaba recibió un mensaje en su comunicador.
"Hey Izel, hay unos tipos que van a salir hacía una zona poco explorada, les dije que vendrías ya que sé que andas un poco corto de dinero"
Era Persimo, un buscador de objetos antiguos como él. Junto al mensaje venía escrita una dirección.
-Es el puerto Vazun, hangar número 28 -dijo Izel leyendo la dirección.
Salió de su casa y tomó el tranvía hacia su destino. En el camino podía ver la ciudad 45, una de las seis que existían en el centro de la Planicie Beta, que era una de las zonas habitables del Gran Arca. Todo mundo sabía que habitaban dentro de una enorme nave estelar que viajaba a través del espacio, y que era conducida por algún piloto experto de la Administración Central. La Planicie Beta se encontraba en el nivel medio, en el Sector Inhjo; en los niveles inferiores se encontraban las zonas de minería, donde se extraían recursos, y la zona de ingeniería, donde se localizaba la enorme maquinaria que le daba propulsión al Arca y al mismo tiempo se realizaban otros procesos para mantener la vida. La zona superior estaba ocupada por procesadores de aire y otras máquinas que emulan una atmósfera.
Desde que Izel era pequeño se le enseñó que la humanidad había vivido dentro del Arca desde tiempo ya olvidado, cuando partieron de un planeta igualmente perdido en el pasado.
Por fin llegó a la zona del puerto y se dirigió al hangar 28, entonces vio a un grupo de alrededor diez personas, entre ellos a su amigo Persimo y a alguien más, un sujeto llamado Malcolm quien ya se había hecho famoso por haber explorado regiones olvidadas del Arca donde encontró artefactos que fueron analizados y de los que se recuperó tecnología útil. También era un duro crítico del gobierno. Izel se dirigió hacia su amigo y lo saludó, después todo mundo abordó la nave de transporte y partió hacia su destino.
Mientras la nave surcaba el cielo, los hombres hablaban ruidosamente.
-Jejeje, por fin después de tanto tiempo daremos nuestro mejor golpe, entraremos en las instalaciones de la vieja Administración.
-¡Ah, Malcolm!, ¿acaso lograste zafarte de la vigilancia de los de Seguridad?
-¿Porqué crees que estamos aquí? logré sobornar a ciertos sujetos para poder moverme con cierta libertad, así fue como pude reunirlos a ustedes y conseguir esta nave.
-Pues ten mucho cuidado sino quieres pasar otro tiempo en la cárcel.
-No te preocupes, entraremos y saldremos de ahí más rápido de lo que huyes para no pagar la cuenta del bar.
Izel escuchaba con atención, y comenzó a darse cuenta de algo que venía sospechando desde que salió de su apartamento.
"Esto ya lo viví" -pensaba perturbado- " a ver, recuerda, me levanté literalmente de la misma forma, me vestí la misma ropa que en el sueño, viajé al hangar de la misma forma, ¡e incluso ya escuché la misma plática ruidosa de antes! ¿¡Qué demonios está pasando!?"
Entonces recordó la otra parte del sueño, cuando encontraba una misteriosa chica, y después Malcolm le disparaba a él y después a ella.
Izel observó discretamente a Malcolm, y le costó imaginarse a ese sujeto sonriente de aspecto engreído disparándole. Pero en lo profundo de su mente estaba convencido de que no había tenido un sueño, él había experimentado en carne propia todo eso.
"¿¡Como carajo es posible!?" -pensó asustado.
Alguien se sentó a su lado y se dio cuenta que era Persimo.
-Hey, ¿qué pasa? -preguntó Izel nervioso.
-Nada, sólo que te veo muy callado – le respondió su amigo.
"Incluso Persimo me dijo esas misma palabras" -pensó una vez más.
-Oh, solo estoy pensando -dijo Izel
"Eso fue diferente, recuerdo que habíamos platicado algo acerca del lugar a donde nos dirigimos"
La nave llegó a las instalaciones de la vieja Administración, realizó el mismo recorrido y aterrizó en el mismo lugar. Malcolm dijo las mismas órdenes y todos entraron en el edificio.
Izel decidió dejar a un lado sus dudas, no creía que era una casualidad, estaba repitiendo una serie de eventos que ya había experimentado.
Mientras avanzaba con su amigo Persimo y el otro tipo, quien supo que se llamaba Fred, comenzó a planear como debería proceder. Recordaba que Persimo y Fred se quedarían investigando un cuarto mientras él se adentraba en un pasillo y encontraba a esa extraña chica, para después ser asesinados por Malcolm. Hizo casi exactamente lo mismo; le dijo algo a sus acompañantes y se dirigió al pasillo, pero en vez de seguir avanzando se escondió en un recoveco. Esperó pacientemente cuando escuchó un sonido de pasos; Malcolm apareció mientras sostenía una tabla informática en una mano.
-Perfecto -dijo mientras veía su dispositivo-, es tal y como decían los archivos del gobierno, este ese el puente de mando del Arca, ahora solo debo encontrar a la Efigie y eliminarla.
Malcolm siguió adelante pasando a un lado del hueco en donde estaba escondido Izel. De forma sigilosa salió de su escondite y siguió a Malcolm, pero este se detuvo y giró para encontrarse con Izel.
-Maldición, ¿tú también estás aquí de nuevo? -dijo Malcolm molesto.
- ¿De nuevo?¿Qué quieres decir? -preguntó Izel.
-Apuesto que tú también recuerdas todo esto, ¿cierto? Tienes una extraña sensación de que ya has vivido todo este día.
-E incluso recuerdo que me mataste -dijo Izel molesto.
-¿Ah sí? Vaya, pues la verdad lo siento muchacho -dijo Malcolm con una sonrisa siniestra-, pero cuando me propongo algo voy con todo hacia mi objetivo, y no me gusta que se interpongan en mi camino...
Pero antes de que pudiera terminar Izel levantó su arma y le disparó, Malcolm cayó muerto con una mueca de odio congelada.
Izel pasó de largo el cadáver y siguió el pasillo, y justo como él esperaba se encontró a la misma chica, a un lado de la extraña fuente. Ella lo observaba con sorpresa.
-¿Quien eres tú? -le preguntó ella.
-Solo soy un buscador de tesoros -le respondió Izel a quien el asombro no lo dejaba en paz-, y es la segunda vez que nos vemos.
-¿Segunda vez? -dijo la chica confundida, pero casi de inmediato cambió su expresión-, oh cierto, recuerdo que te disparaban y morías.
-Pero ahora fue diferente -dijo Izel.
La chica iba a hablar cuando se quedo quieta de repente, mirando fijamente a alguien detrás de Izel. Este se giró y vio a Persimo quien le apuntaba.
-¿Persimo? -exclamó Izel sorprendido.
-Bien Izel -dijo este sin dejar de apuntar-, suelta esa arma y aléjate de la Efigie.
-¿La Efigie? -dijo Izel confundido.
-¿Cómo es que saben quien soy? -dijo la chica.
Izel la volteó a ver más sorprendido todavía.
-La Efigie -dijo recordando las palabras de Malcolm.
-Sé algo sobre ti y todo este lugar -dijo Persimo-, así que por favor Izel suelta tu arma y aléjate de ella.
-¿Acaso estás molesto por lo de Malcolm?
-¿Ese idiota con aires de megalómano? No, de echo hiciste que mi misión fuera un poco más fácil.
Sonó otro disparo y Persimo cayó al suelo.
-¡Malditos bastardos! -exclamó Fred mientras sostenía su arma con el cañón humeante- ¡Mataron a Malcolm, lo pagarán!
Izel iba a disparar cuando vio a la chica sacar de entre sus ropas un objeto puntiagudo, y con todas sus fuerzas lo hundió en su pecho matándose al instante.
De nuevo Izel se despertó en su cama, sudoroso y jadeando. Se sentó al borde y comenzó a recordar lo que había vivido.
-De nuevo -dijo apoyando la cabeza entre las manos-, de nuevo regresé en el tiempo. Esto no es un sueño y ni me estoy volviendo loco, ¡sucedió en realidad!
Se levantó presuroso y esta vez se decidió ponerse en acción de inmediato. Se vistió rápidamente, aunque esta vez eligió una diferente combinación de ropa a la que había usado las dos veces anteriores; no sabía exactamente en que le podría ayudar, tal vez era una forma de demostrar que no sería la misma experiencia, que algo sería diferente.
Salió de su departamento y tomó el metro que lo llevaría hacia el hangar. No abordaría la misma nave de las dos veces anteriores, afortunadamente Izel tenía su propio transporte; uno más pequeño donde caben dos personas. Llegó a la zona de hangares, se dirigió al área donde se encuentran las aeronaves personales y minutos después salía volando en un aerodeslizador pequeño de color azul.
Mientras volaba calculó el periodo de tiempo en el que había sucedido sus anteriores experiencias temporales; después de levantarse, tomaba el desayuno, recibía el mensaje de Pérsimo y se dirigía al hangar 48, abordaba la nave junto a la tripulación de Malcolm, llegaban al edificio con forma de huevo y por último conocía a la extraña chica. Todo eso ocurría en un espacio de cuatro horas aproximadamente.
-Y por lo que sospecho -dijo para sí mismo mientras maniobraba su vehículo-, cada vez que ella muere el tiempo vuelve hacía atrás cuatro horas, debo llegar al fondo de esto cuanto antes.
Al menos ahora todo parecía diferente ya que se adelantó a los sucesos ocurridos; justo cuando abordaba el metro le llegó el mensaje de Persimo donde le comunicaba acerca de la excursión de Malcolm.
-Por lo menos creo que me adelanté dos horas, así que tengo otras dos para llegar al fondo de este asunto, pero ¿podré hacerlo antes de que algo inesperado ocurra de nuevo? -dijo Izel preocupado.
No necesitaba de un mapa para encontrar esa instalación, recordaba muy bien las coordenadas de sus dos vivencias pasadas. Llegó al ''Huevo'', como ya lo llamaba así, pero no aterrizó en el mismo lugar; sobrevoló el edificio hasta que divisó una abertura en le superficie y donde podía posarse una nave, aunque estaba expuesta al viento. Aterrizó y saltó de la cabina, verificó que su rifle de asalto estuviera listo y descendió por la apertura, aunque le costó un poco ya que tenía que pisar con cuidado en los escombros y metal retorcido; al parecer esa parte del techo se derrumbó provocando la apertura por done Izel bajaba.
Ya dentro comenzó a explorar el edificio, trató de recordar cual era el camino que lo llevaba hacia la fuente donde tenía lugar ese encuentro fatídico. Después de algunas vueltas logró dar con el camino correcto pero cuando llegó a la fuente descubrió que no había nadie.
-Oh cierto -dijo mientras observaba a su alrededor-, aún no es la hora precisa cuando la encuentro, ¿donde estará?
Izel consultó su reloj de pulsera; había pasado al menos media hora desde que llegó, tenía hora y media antes de que llegara la nave de Malcolm.
Comenzó a explorar en los lugares donde aún no había llegado antes de retroceder en el tiempo. El aspecto general donde exploraba era el mismo; desolado, solitario y muy pocas muestras del paso del tiempo. Avanzaba lentamente con su arma siempre lista para cualquier eventualidad inesperada. De pronto escuchó un ligero ruido que provenía de una puerta; avanzó lentamente hasta que llegó a la entrada y asomó la cabeza para dar un vistazo y lo que vio lo dejó impresionado.
Era una sala de enormes dimensiones, llena de pantallas holográficas que mostraban diferentes imágenes; cadenas de números, gráficos estadísticos. Y en medio de la sala estaba sentada una persona que tecleaba introduciendo datos.
Izel se fijó en la figura menuda y pequeña con expectación; esta dejó de teclear y girando sobre la silla lo encaró.
-Vaya, llegaste más temprano esta vez, creo que ya te diste cuenta de lo que sucede -dijo la misteriosa chica fijando su vista en Izel.
Por un momento se quedó mudo, no sabía qué decir. Avanzó lentamente pero para su sorpresa se dio cuenta que la chica se puso a la defensiva y llevó su mano hacia el lugar donde tenía la daga con la que se mató. Izel se sorprendió por esta reacción pero inmediatamente descubrió la causa; le puso seguro a su arma y la dejó recostada sobe una pared, después alzó las manos dando a entender que no le haría daño.
-Y bien -dijo la chica tranquilizándose-, ¿que quieres?
-Respuestas, respuestas a todo lo que está pasando, o más bien a lo que me ha sucedido en este día, ¿quién eres?, ¿qué es este lugar?, ¿porqué cada vez que mueres despierto en mi apartamento...?
Pero mientras hablaba la chica comenzó a observarlo en diferentes lugares de su persona. Se acercó a el y registró su ropa, los pocos dispositivos que llevaba e incluso el arete que tenía en la oreja izquierda.
-Vaya, nunca antes había visto a un tripulante, al menos no durante cuatro siglos -comentó la chica siguiendo con su revisión.
-¿¡Dijiste cuatro siglos!? -exclamó sorprendido Izel.
-Hace cuatro siglos que ocurrió el evento de Extinción Masiva en la Cronos, y desde entonces ningún tripulante ha ingresado en el puente de mando.
-¿Extinción masiva? ¿Hace cuatro siglos? ¿De qué estas hablando? -dijo Izel alarmado.
-Ay no -dijo de pronto la chica poniéndose nerviosa y llevándose la mano a la boca-, creo que dije algo que no debía.
De pronto una alarma sonó y en una de las pantallas de la sala apareció la imagen de un radar que había detectado un vehículo que se aproximaba. En otra pantalla Izel vio imágenes en vivo de una nave que sobrevolaba el Huevo.
-Maldición -dijo Izel al ver la pantalla-, ya están aquí.
-¿Quienes? -preguntó la chica.
-¿No recuerdas a un sujeto de cabello largo y barba con sonrisa de animal carnívoro? Él es quien viene y planea algo malo.
Izel tomó su arma y la preparó.
-Tenemos que irnos -le dijo tendiéndole la mano a la chica.
-¿Qué? ¿Estás loco? ¡Imposible! Soy la Efigie y debo tener en orden los sistemas de la Cronos -exclamó la misteriosa chica dando un paso hacia atrás.
-Pero si ese sujeto viene y te encuentra te matará, si eso pasa yo regresaré en el tiempo y todo volverá a repetirse.
-Así tiene que ser -dijo la chica-, el tiempo se reinicia para que los guardianes puedan eliminar la amenaza antes de que suceda. Aunque eso era antes, ahora ya no hay nadie que se encargue de eso.
-¿Y tienes que morir para que el tiempo se reinicie? -preguntó Izel confundido.
-Ese es el deber de una Efigie -comentó ella con tristeza.
Izel estaba en una encrucijada; quería llevarse a la chica para evitar que Malcolm la encontrara, pero ella no quería irse y por lo poco que había escuchado Izel la joven tenía cierta razón para no abandonar su puesto.
-Escúchame -dijo Izel posando sus manos en sus hombros, en un último esfuerzo por razonar con ella-¿en realidad debes morir?, ¿acaso no hay otra alternativa? Ese sujeto, Malcolm, planea algo, no lo sé muy bien pero no es nada bueno. Mira, no hay nadie aquí que te ayude, no existen esos guardianes que mencionaste así que todo volverá a ocurrir una y otra y otra vez; él viene, te encuentra y tu te suicidas para reiniciar el tiempo y evitar que él alcance su objetivo. ¿En realidad quieres eso? ¿morir una y otra vez, repitiendo ese proceso por la eternidad?
La chica no le contestó, pero Izel notó la mirada de sus ojos; una expresión donde se mezclaba tristeza, temor e incluso un poco de odio.
Ella se alejó de Izel y se dirigió al teclado, introdujo una combinación de datos y de inmediato las pantallas se apagaron, el teclado se retrajo en un hueco de la consola el cual se bloqueó con una placa.
-Bien, vamos -dijo ella finalmente encarando a Izel-, pero si fallas y este hombre de quien hablas me encuentra yo me mataré para reiniciar el tiempo, y tú vivirás todo de nuevo hasta que te vuelvas loco, ese será tu castigo por no mantener tu palabra.
-Hecho -dijo Izel tomándola de la mano.
Los dos salieron de la sala de control y recorrieron el camino que Izel tomó con anterioridad. Llegaron al cuarto donde estaba la apertura y comenzaron a trepar por los escombros, aunque lo hacían con lentitud ya que la chica no estaba acostumbrada a semejante esfuerzo físico, y porque aun estaba descalza.
-¿Qué es eso? -preguntó ella señalando la nave de Izel.
-Es nuestro medio de escape, vamos.
-¿Eso es un antiguo jet de combate biplaza? ¡Asombroso! No creí que quedaría alguno después de la última Extinción -dijo ella asombrada.
Subió al asiento trasero justo cuando la placa protectora descendía cubriendo la cabina, momentos después se elevó en el aire y el jet salió disparado alejándose del puente de mando.
Izel no se dirigió a la ciudad donde vivía, por una corazonada cambió de rumbo y viajó un poco más al Sur. Llegó en las últimas horas de la tarde o al menos ese efecto simulaba la iluminación artificial. Durante todo el viaje la misteriosa chica había guardado silencio; miraba con poco interés el paisaje el cual solo era un monótono azul grisaseo, pero cuando llegaron a la ciudad su actitud cambió; miraba asombrada los cientos de luces de los edificios y los enormes anuncios holográficos.
Después de volar un tiempo el jet sobrevoló una parte de la ciudad y aterrizó en un pequeño hangar. Para evitar llamar mucho la atención Izel llevó a la chica por calles poco transitadas hasta que llegaron a un edificio departamental. Abrió con cuidado la puerta de un cuarto y antes de entrar dio un rápido vistazo.
-Bien -dijo a la chica-, es seguro, puedes entrar.
Ella entró a un departamento casi vacío, y sucio. Miraba a todas partes como si por la apariencia del lugar juzgara a su dueño.
-Pero que sucio -comentó sin tapujos.
-Bueno, no es una ''suite'' del Palais Royal pero como escondite sirve -dijo Izel sin molestarse.
-¿Es aquí donde habitas normalmente?
-No, es en otra ciudad, no fuimos a mi departamento porque sospeché que nos seguirían.
Al ver que no tenía más opción la chica se sentó en una silla que Izel le ofreció, él se mantuvo de pie frente a ella.
-¿Y ahora qué sigue? -preguntó ella fijando su vista en Izel.
-Eso es lo que quisiera saber, aunque tal vez podríamos empezar respondiendo algunas preguntas, Efigie.
-Merithea -dijo la chica algo molesta-, por favor llámame por ese nombre, no soy un objeto.
-Disculpa, Merithea -dijo Izel.
-Bien, ¿qué deseas saber?
-¿Qué quiero saber? -exclamó Izel- Pues literalmente todo lo que ha sucedido en las últimas horas, ¿acaso tienes el poder de manipular el tiempo? ¿Porqué cuando mueres regreso en el tiempo en el mismo sitio donde comienzo el día? La verdad disculpa si soy muy exigente pero todo este asunto me volverá loco, ya son dos veces seguidas que revivo los mismos instantes; la primera vez un mal nacido me mató y la otra mi mejor amigo me amenazó con un arma, ¡por favor dime que está sucediendo!
-Para responder tu primera pregunta; no, no puedo manipular el tiempo..
-¿Entonces porqué...?
Pero la chica levantó una mano interrumpiendo a Izel.
-Como haz escuchado soy una Efigie; una marca o una señal, mi propósito es ser un seguro para proteger al Sistema Principal de la Cronos.
-¿Sistema principal? ¿Cronos? -dijo Izem confundido.
-Es el nombre verdadero de la nave a la que ustedes llaman el Arca. Yo siempre estoy en comunicación con el Sistema, incluso en este momento, si por alguna razón mis signos vitales desaparecen el Sistema manipula la dimensión temporal de la nave, regresando cuatro horas en el tiempo antes de que yo muera; antiguamente existían Guardianes que debían activarse para localizar el problema y solucionarlo antes de que ocurra. Si era un problema técnico los tripulantes especializados lo solucionaban, pero si el causante era un ser vivo entonces era eliminado.
-Disculpa pero sigo sin entender nada -dijo Izel.
Merithea suspiró, al parecer no le agradaba tener que dar una explicación larga, pero sabía que no tenía alternativa
-Hace mil años que esta nave partió de un mundo al borde de la muerte, en busca de un nuevo hogar para sus tripulantes. Como te haz dado cuenta no es una nave común, fue diseñada para imitar las condiciones correctas para sustentar la vida; simular el ciclo del agua, maquinaria especializada para purificar oxígeno etc. Todo esto era supervisado por el Sistema Principal, el cual a su vez era administrado por los tripulantes de rango alto, entre los que estábamos nosotras, las Efigies.
"El Sistema no solo controlaba los procesos para sustentar la vida, sino que se le dio la capacidad de manipular el tiempo, aunque de forma limitada, para poder solucionar problemas imprevistos que fueran graves. Las Efigies eramos una parte del sistema de seguridad; si ocurría alguna eventualidad que amenazara al Sistema o la vida de los tripulantes, entonces nosotras activábamos el reinicio del tiempo; todo el interior de la nave regresaba en el tiempo en un margen calculado para que los Guardianes pudieran resolver el problema antes de que iniciara; ya fuera varias horas, días, semanas o meses, pero no más de un año, esa era la extensión de tiempo permitida para regresar.
"Pero algo sucedió hace cuatro siglos; debido al descontento general de la población contra el gobierno estallaron revueltas que derivaron en una guerra civil, muy pronto ese conflicto alcanzó incluso al mismo Sistema. Aunque el Puente de Mando -el lugar donde nos conocimos-, y todos los tripulantes de alto rango eramos neutrales, tanto el gobierno como los rebeldes querían el control total del Sistema, para tener una ventaja sobre sus adversarios. Así que el Sistema tomó medidas drásticas; inició un Evento de Extinción Masiva. Primero se seleccionaron diversos individuos jóvenes, de entre uno y dos años de edad, después todo el conocimiento científico y tecnológico fue resguardado en bóvedas de alta seguridad, esto para asegurar un rápido reinicio de la civilización humana. Cuando este último proceso se completó entonces un agente biológico fue liberado en el ciclo del agua y en el aire. Se eliminó la totalidad de los seres humanos que habitaban en la Cronos, y solo sobrevivieron aquellos que estaban resguardados, los cuales fueron la simiente de la nueva civilización humana que existe hasta la actualidad".
Izel se quedó completamente petrificado, nunca se imaginó escuchar semejante historia, literalmente era el secreto más importante de la Cronos.
-¡Imposible! -dijo sacudiendo la cabeza.
-Esa es la verdad -comentó sencillamente Merithea.
-Espera, pero si dices que había más como tú, más Efigies, ¿donde están?
-No sobrevivieron al Evento -respondió Merithea con voz triste.
-¿No sobrevivieron?
-El agente biológico fue muy inestable, nadie de la tripulación de alto rango sobrevivió. Nunca se había puesto en marcha un Evento de Extinción Masiva, y el Sistema no fue capaz de calcular la peligrosidad del patógeno. Debido a que ahora solo existe una Efigie el sistema de seguridad cambió; yo perdí la capacidad de reiniciar el tiempo por cuenta propia, tengo un sensor en el interior de mi cuerpo que monitorea mis signos vitales, si estos desaparecen entonces el Sistema reinicia el tiempo automáticamente cuatro horas hacía atrás, en espera de que durante ese intervalo de tiempo el problema se solucione de alguna forma.
-¿Y si no hay nadie que solucione el problema? ¿Entonces que?
Merithea guardó silencio por unos momentos, en su cara se podía ver una expresión de molestia, ¿acaso le desagradaba ese interrogatorio?
-Pues creo que seguirá siempre así, -dijo la chica molesta- reiniciando el tiempo de forma indefinida.
AL ver su expresión Izel se dio cuenta que de momento debía detener su interrogatorio, aunque se decidió a hacerle una última pregunta.
-Bien, murieron todas las Efigies, ¿y tú? -dijo lentamente- ¿Cómo es que estás aquí?
-Mi primera 'Yo' fue obtenida de los humanos que fueron puestos a resguardo, su cuerpo fue modificado para que pudiera realizar sus labores como Efigie.
-¿Tu primera Yo? -preguntó Izel confundido.
-Es muy largo de explicar -dijo Merithea con voz cansada.
Izel estaba sentado en ante una mesa sumido en sus reflexiones; habían comido recientemente así que ante él tenía un plato desechable con restos de carne sintética en estofado. Mientras su estómago digería la comida su mente hacia lo mismo con todo lo que le contó Merithea. Originalmente solo quería saber porqué él regresaba en el tiempo cada vez que ella moría, obtuvo esta respuesta y muchas más. Pero entre más pensaba más enredada se hacía la situación. Entonces se sobresaltó al recordar que Malcolm y Persimo conocían el título de Merithea, y los dos de alguna forma sabían mucho más que él acerca del Arca. Pero ahora que él la había sacado del Puente de Mando y llevado a ese cuarto, ¿entonces qué debía hacer?, ¿cual era el siguiente paso? Esas eran las dos preguntas para las que no tenía respuesta.
Merithea por su parte veía a través de la ventana el mundo nocturno de la ciudad, contemplaba las luces de los edificios y los anuncios holográficos que parecían luchar uno contra otro por llamar la atención de un posible consumidor.
-¡Oye, oye! -dijo de pronto la chica volteando a ver a Izel- Ese anuncio de allá ¿que dice? -y apuntó con su dedo hacia un cartel de brillantes letras azules y rojas.
-Anuncia una nueva marca de ropa -comentó sencillamente Izel.
-¿Y ese otro? -preguntó Merithea apuntando a otra parte.
-Es sobre un nuevo tipo de jet.
-¿Y ese?
-Es un burdel.
-¿Y ese?
Y así la chica apuntaba a diferentes partes, ansiosa de querer saber lo que cada anuncio ofrecía. Izel le respondía con toda la calma del mundo a sus preguntas, y muy a su pesar descubrió que le agradaba, era como tratar con una niña ansiosa de saber todo.
-Oye -dijo Izel-, ¿acaso nunca en tu vida has salido del Puente de Mando?
-No -dijo ella mientras miraba por la ventana-, no puedo descuidar la supervisión del Sistema.
-Así que te dedicas a supervisar un sistema que nos mantiene vivos, pero no sabes nada de los habitantes de la Cronos y de su cultura.
-Para mantener en orden los sistemas de soporte de vida no es necesario conocerlos a ustedes, aunque mentiría si te dijera que no me gustaría visitar las zonas habitables.
De pronto la puerta del cuarto se abrió de un solo golpe y entraron varios hombres armados, antes de que Izel pudiera reaccionar dos de los intrusos abrieron fuego; y sintió un dolor penetrante seguido de una extraña somnolencia. Cayó al suelo junto con la chica y perdió la consciencia.
En una sala poco iluminada se encontraba Izel sentado en una silla. Cuando abrió los ojos lo primero que notó fue que estaba firmemente atado; las manos detrás de las espalda e inmovilizadas con esposas a presión. Los pies estaban amarrados a las dos patas delanteras de la silla. Cuando comprobó que estaba completamente inmovilizado miró a su alrededor y descubrió que no estaba solo; lo rodeaban dos hombres armados.
-¿Donde estoy? ¿Y la chica? -preguntó con tono cortante a sus captores.
Pero ninguno de ellos le respondió.
-¡Hey, hijos de perra, respondan! -bramó Izel.
-¡Vaya! Despertaste -dijo una voz repentina.
Una puerta se abrió y por ella entró Malcolm, con una sonrisa burlona que hacia enfurecer más a Izel.
-Malcolm -gruñó el cautivo.
-Sí, yo mismo Izel, ¿creíste acaso que podrías huir con esa mocosa? Oh, amigo, eres muy malo para cubrir tus pasos.
Malcolm se acercó a Izel quien le lanzaba miradas asesinas, algo que solo divertía a su captor.
-Mirame furioso todo lo que quieras, no te servirá de nada. Tu estás preso y esa chica esta siendo preparada para la última fase del plan, muy pronto el Sistema principal del Arca será mío, y seré el dueño de todo.
Malcolm se sentó frente a Izel y lo observó atentamente.
-¿Quieres saber como es que pude dar contigo?
-Vete al diablo -espetó Izel.
-Oh, pero aun así te lo contaré, solo para que sepas que no eres el único que puede conservar sus memorias después de un reinicio.
"La primera vez todo debió ser perfecto, o así lo creía yo; ir al Puente de Mando, encontrar a la chica y matarla para eliminar el último obstáculo para hacerme con el Sistema. Pero resulta que ocurrió algo que yo no esperaba, el tiempo se reinició cuando la maté. Regresé cuatro horas atrás, preguntándome que diablos había ocurrido. Repetí exactamente lo que había hecho antes de encontrar en la Efigie, y cuando por fin regresé al Puente de Mando no creí que tú estarías de nuevo, y no pude prever que me matarías. Pero por alguna razón el tiempo se reinicio de nuevo, ¿cierto? Cuando eso ocurrió y de nuevo estuve cuatro horas antes de que todo se pusiera en movimiento, esta vez decidí moverme primero. Averigüe donde vivías, pero para cuando llegué ya te habías largado, aunque tenía una corazonada de a donde habías ido; después de hacer un poco de trabajo de detective logré descubrir que tenías un jet personal. Cuando lo encontré en vez de esperarte para matarte se me ocurrió otra cosa, le coloque un rastreador. Así fue como supe que regresaste al Puente de Mando y en vez de regresar a la ciudad te fuiste a otra un poco más lejos. "¿Porqué lo hizo?" me pregunté varias veces, pero igualmente lo sospeché. Hice unas cuantas llamaditas a mis conocidos y me confirmaron que un hombre con tu apariencia había llegado al hangar junto a una misteriosa jovencita, ¡eres un pervertido! ¡llevarte a una menor de edad de su casa!"
Y Malcolm soltó una risa burlona.
-La verdad ni yo sabía que ella tenía esa capacidad de reiniciar el tiempo -dijo mirando fijamente a Izel-, y tampoco sé porqué tú y yo podemos conservar nuestros recuerdos después de un reinicio, pero dentro de un momento lo sabré. Esta vez no la maté, le ordené a mi gente que solamente usara un dardo paralizante contra ustedes dos, y funcionó; el tiempo no se reinicio. Ahora ella está en un cuarto cercano, en espera de que un científico loco que trabaja para mí le abra el el seso, pero me temo que deberá estar consciente para que podamos averiguar como es que funciona esa habilidad para neutralizarla, y según lo que dicen los archivos necesitaremos su cerebro para acceder a la computadora principal de esta lata espacial.
Durante todo este tiempo Izel solo podía observar impotente a Malcolm, sintiendo un súbito odio hacia él y consigo mismo; se sentía muy molesto por no ocultar mejor su rastro y por no haber revisado su jet antes de despegar y así encontrar ese rastreador.
-¿Archivos? ¿Qué archivos? -preguntó Izel.
-Unos archivos que logré conseguir, pero no te preocupes mucho de ese detalle, mejor disfruta del poco tiempo que tienes ya que cuando terminemos con ella tú seguirás. También necesitaremos de tu cerebro para saber porqué podemos conservar nuestros recuerdos.
Malcolm se levantó y procedió a dirigirse hacia la salida.
-Vigilenlo bien, que no vaya a hacer alguna estupidez, si intenta hacer algo pueden matarlo -dijo a los hombres antes de salir.
Izel estaba sumido en una completa desesperación. Se sentía muy frustrado al estar completamente inmovilizado. Según lo que le había dicho Malcolm la pobre Merithea estaba en algún lugar de ese edificio, en espera de que le abrieran el cráneo para investigar su cerebro. De solo imaginarse la escena Izel se desesperó más, pero ¿que podía hacer? Tristemente nada como se había dado cuenta.
-Hey bastardos, suéltenme y les enseñaré lo que es pelear como un hombre.
Pero los dos sujetos se mantuvieron impasibles ante las amenazas inútiles de Izel.
-Oigan, ¿están sordos hijos de puta? ¡Que me suelten!
Uno de ellos se acercó a Izel y lo golpeó con la culata de su arma en la cabeza, haciendo que soltara un grito de dolor.
-Cierra la boca idiota, y no nos hagas enojar más si no quieres que nosotros mismos te abramos la cabeza a golpes.
Izel soltó todas las obscenidades que se le ocurrieron, pero no serían útiles para resolver su problema. De pronto un golpe seco y fuerte se escuchó en la puerta.
-¿Quien es? -preguntó uno de los hombres.
-Ya terminaron con la chica y el jefe quiere que le llevemos al otro sujeto de estudio -dijo una voz.
Un sudor frio recorrió la cara de Izel al escuchar esta noticia.
-Merithea... -dijo Izel con voz ronca.
''No es posible, ¡no maldita sea!'' pensó desconsolado al imaginarse a Merithea con el cráneo abierto y cables que le eran introducidos en su cerebro, mientras él ahí estaba atrapado e impotente.
El guardia abrió la puerta y segundos después cayó al suelo con una agujero de bala en la cabeza, el otro hombre quiso reaccionar pero cuatro disparos lo mataron. Izel se quedó sorprendido, no se escuchó ni una sola detonación. Por la puerta entraron otros dos hombres empuñando sus armas las cuales tenían silenciadores en la boca del cañón. El primero era completamente desconocido, pero cuando Izel vio al segundo reconoció ese rostro cuadrado de facciones fuertes y piel oscura.
-Despejado -dijo el desconocido.
-Bien hecho Isaac -dijo Persimo, y después se dirigió a Izel- vaya hermano, llegamos justo a tiempo.
-¿¡Persimo!? -exclamó Izel incrédulo.
-El mismo, pero ahora tenemos que sacarte de aquí porque Malcolm no tardará en descubrir lo que pasó aquí.
El trío de hombres avanzaba rápidamente por el pasillo oscuro. Izel pudo notar las paredes agrietadas y el suelo sucio y dedujo que probablemente estaban en un edifico abandonado.
-Muy bien -dijo viendo a Persimo mientras corrían-, quiero una explicación y ahora.
-No tenemos mucho tiempo hermano, debemos llegar a donde tienen a la Efigie antes de que la operen.
-¿Para quien trabajan ustedes? ¿Qué es lo que pretenden? -continuó Izel sin prestarle atención.
-Como te dije antes Izel, después te aclararé todo, por ahora solo te diré que estamos de tu parte, tenemos que salvar a tu amiguita -dijo pacientemente Persimo.
-Recibo un mensaje de Einah -dijo Isaac-, ya colocó los explosivos en su lugar, dentro de tres minutos explotaran.
-Bien, sigamos avanzando, eso nos dará tiempo -comentó Persimo.
El grupo siguió su camino, y aunque avanzaban rápido Izel estaba desesperado por llegar cuanto antes a donde tenían a Merithea. Un poco de tiempo después un rumor lejano acompañado de una sacudida les anunció que los explosivos habían estallado.
Por fin llegaron a la entrada de una sala que tenía la puerta entre abierta. Podía escucharse la voz de alguien que gritaba órdenes.
Persimo y su acompañante se colocaron a un lado de la puerta, y después de hacerse señas entraron disparando, Izel fue detrás de ellos. Ya dentro pudo comprobar la situación; tres hombres armados yacían en el suelo muertos, y los tres que seguían en pie tenían aspecto de ser científicos.
-¿Qué es esto? ¿Quienes son ustedes? -exclamó uno de ellos exasperado.
Pero Izel no tenía tiempo para él, porque en medio de la sala había algo parecido a una silla de trabajo de un dentista que estaba ocupada por una persona pequeña y menuda.
-¡Merithea! -exclamó Izel corriendo hacia ella.
Estaba firmemente sujeta a la silla con sujeciones, en la parte superior de la cabeza tenía un aro de metal que le sostenía las sienes y justo arriba un brazo robótico con un cortador láser. Pero la chica se veía indemne, no parecía que la hubieran dañado.
Pero cuando Izel estuvo cerca de ella se dio cuenta que no reaccionaba, tenía los ojos en blanco con la boca abierta de donde escurría un hilillo de saliva.
-¡Merithea! -exclamó Izel mientras la sacudía, pero no reaccionaba.
-¡Malditos! ¿Que le hicieron? -rugió furioso.
Persimo le apuntó a uno de los científicos quien tecleó unos comandos en una consola, y al instante las sujeciones de la silla liberaron a la chica.
-Tómala y salgamos de aquí -dijo Persimo-, porque Malcolm viene hacia acá con refuerzos.
Izel cargó a la chica y salió del cuarto junto a Persimo e Isaac.
Después de correr por un pasillo y bajar por unas escaleras salieron a una zona despejada donde Izel vio un transporte aéreo que los esperaba. En la compuerta de entrada había una mujer que les hacia señas.
-¡Andando! -exclamó Persimo.
Minutos después la naves despegaba y se alejaba velozmente, saliendo del espacio aéreo de la ciudad.
Izel colocó a Merithea en una camilla. Se sintió muy preocupado al ver que seguía en el mismo estado, con la mirada perdida y la boca entre abierta.
-No te preocupes -dijo la mujer que los recibió-, solamente está sedada, le daré algo para que se le pase el efecto.
-Gracias por habernos sacado de ahí, Einah -dijo Persimo dirigiéndose a la mujer.
-No hay de qué -respondió ella.
-¿Tú te llamas Einah? -preguntó Izel sorprendido.
-Así es.
-Y supongo que no es tu nombre real.
-Puede ser -dijo ella con una sonrisa.
Izel se irguió y encaró a Pérsimo quien lo observaba.
-Bien -dijo cruzando los brazos y viendo a sus interlocutores-, primero les doy las gracias por habernos ayudado, pero ahora quiero respuestas.
-Esta bien, después de todo te lo mereces -dijo Pérsimo.
-Nosotros pertenecemos a un grupo secreto que durante décadas se ha dedicado a investigar los secretos relacionados con nuestro hogar, el Arca o la Cronos, como quieras llamarla.
"Nadie sabe de nosotros, ni siquiera el gobierno porque no son de fiar. Imagínate que a un grupo que tiene mucho poder se le da más poder, sería un caos. Hace tiempo que se descubrieron unos archivos que nos revelaron la existencia de un Sistema principal completamente autónomo que era supervisado por una sola persona, la Efigie. Este sistema controla todos los procesos de esta nave; desde el ciclo de purificación aire que nos proporciona oxígeno respirable hasta el del agua.
-Yo creí que era el gobierno el encargado de todo eso -comentó Izel.
-Ellos no controlan nada -intervino Isaac-, porque no saben como manipularlo. Tienen ingenieros y técnicos en la sala de máquinas pero no son capaces de averiguar como funcionan todos esos dispositivos, solo se limitan a observar.
-Así es -continuó Pérsimo-, todo es controlado por el sistema autónomo. Continuando con mi explicación: los pocos científicos que trabajan para nuestra organización lograron obtener lecturas exteriores con el escaso acceso que tenemos en el sistema. El Arca pasará cerca de un sistema planetario en los próximos meses, así que se decidió tomar control del sistema de la nave para hacer que se acercara a uno de esos planetas y lo orbite como una luna.
-¿Quedarnos en ese sistema planetario? -preguntó Izel.
-Sí -comentó Einah-, porque ya es hora de que tengamos un lugar fijo en el universo. Solo somos vagabundos que recorremos las estrellas en una nave que es controlada por una sola persona usando un sistema completamente autónomo. ¿Puedes imaginarte los enormes riesgos que conlleva eso? ¿Que pasaría si por una casualidad el sistema falla de forma irremediable mientras viajamos por el espacio? ¿Que crees que sería de nosotros? El sistema tiene mil años de haber sido implementado, nunca ha tenido una revisión para comprobar si aun funciona correctamente.
-Y hablando de problemas, ya tenemos uno -dijo Persimo frunciendo las cejas.
-¿Malcolm? -dijo Izel.
-Exacto, y es el más preocupante de todos ya que logró obtener archivos con información crítica. Esos archivos estaban guardados en una instalación del gobierno, pero Malcolm logró extraerlos de ahí con ayuda de algunos empleados a quienes sobornó. Al parecer solo quería nuevas pistas acerca de donde conseguir más objetos antiguos para venderlos en el mercado negro; pero encontró algo más. Sabe en parte la historia general del Arca, así como del Sistema que la controla y la localización del Puente de Mando donde se puede acceder al Sistema.
-Por eso fuimos a esa extraña estructura en forma de huevo, porque ahí está el Puente de Mando -dijo pensativo Izel, y después agregó- ¿y como es que ustedes saben todo esto?
-Tenemos agentes metidos en varias partes -dijo Einah- en altas esferas del gobierno, instituciones académicas e incluso en grupos de saqueadores de ruinas. Ya que ustedes son los más propensos a encontrar información valiosa relacionada con el Arca.
-Yo en especial me dediqué a vigilar a Malcolm; había escuchado rumores de su misteriosa información acerca de un lugar secreto para saquear, y después de un poco de investigación logré descubrir que es lo que planeaba. En realidad lo iba a eliminar antes de que tuviera contacto con la Efigie, pero nadie contó con ese pequeño detalle del reinicio del tiempo.
-Ni el lo sabía -comentó Izel, pero después agregó- espera, ¿tu también puedes conservar tus recuerdos después de cada reinicio?
-Sí -dijo Persimo-, no sé como es posible pero si los retengo.
-Unos milisegundos antes de que el tiempo se reinicie, se activa una protección temporal que aisla el cerebro de aquellos que estén en un radio de cinco metros alrededor de una Efigie.
Todos voltearon a ver a Merithea quien ya estaba despierta.
-De esta forma los tripulantes de alto rango podían conservar sus recuerdos a pesar de regresar en el tiempo, y así ayudar a prevenir el evento crítico que provocó el reinicio temporal.
-Hola dormilona -dijo Izel sonriendo-, ¿por fin despiertas?
-Me siento mareada -dijo ella sosteniéndose la cabeza.
-Así que tú eres la Efigie, ¿cierto? -le dijo Pérsimo acercándose a ella.
-Te recuerdo -dijo Merithea-, tú le apuntaste a Izel cuando nos encontramos por segunda vez.
-Ahora que lo menciona también lo recuerdo, me amenazaste con tu arma -dijo Izel lanzándole a Pérsimo una mirada de desconfianza.
-Oye, oye -dijo él sonriendo y levantando las manos-, en ese entonces no sabía lo que pretendías Izel, tan solo quería evitar que interfirieras con mi misión.
-Bien eres Merithea ¿cierto? Supongo que escuchaste lo que hablamos -intervino Einah.
-Un poco, sí -contestó la chica tímidamente.
Persimo le explicó cual era la situación. Merithea escuchó atentamente, cuando acabó la explicación del plan guardó silencio, al parecer estaba meditando sobre lo que le habían contado.
-Así que por eso necesitamos de tu ayuda -comentó Persimo-, tú eres la única persona que puede acceder al Sistema directamente. Cuando logres desbloquear los sistemas de navegación y de propulsión solo será cuestión de desacelerar y colocarnos de tal forma que nos acoplemos a la órbita de un planeta, así que ¿nos puedes ayudar?
-Pero sería muy arriesgado que el Sistema sea semi-autónomo, de esa forma cualquiera podría acceder a él, incluso personas que no tengan buenas intenciones -recalcó Merithea.
-Nosotros nos encargaremos de que no sea así -dijo Pérsimo-, los miembros de nuestra organización han estudiado a fondo los pocos archivos que tenemos y ya tienen una idea de como controlar los sistemas de soporte vital...
-¿Y qué me dice que ustedes no se aprovecharán de la situación? -preguntó la chica poniéndose sería de repente-, ¿cómo sé que su organización no se convertirá en un gobierno dictatorial que se aprovechará de su completo control sobre el Sistema para esclavizar a los habitantes de la nave?
-Buen punto -dijo Izel mirando a Persimo y sus acompañantes- después de todo somos humanos, y cuando tenemos al alcance la oportunidad de controlar un enorme poder a veces no dudaríamos en tomarlo.
-¿Acaso crees que nosotros somos como Malcolm? -contestó Isaac airado- ¿con hambre de poder y deseos de grandeza?, ¿que solo busca los medios para engrandecer su persona hasta llegar a desear controlar a todos? ¿O como el ineficaz gobierno del Arca? Quien desde hace mucho tiempo se ha estancado en sus propios ideales y es incapaz de resolver los problemas de la sociedad. Una institución que no quiere cambiar ya que eso podría significar perder el poder al que se ha aferrado durante todo este tiempo. No jovencita, nosotros no queremos obtener el control del Sistema para esclavizar a nuestros semejantes, ni para imponer otro gobierno inútil que solo quiere estancarse; queremos ser libres.
-Sí logramos acoplar esta nave como el satélite de un planeta -continuó hablando Einah-, tendríamos un lugar fijo en el espacio, así podríamos salir y explorar los planetas circundantes, y con el paso de tiempo tal vez otros sistemas planetarios. Ya no estaríamos limitados a vivir en una nave que vaga por el espacio sin rumbo alguno, tendríamos la libertad de irnos a donde queramos, eso es lo que el gobierno no desearía, ¿acaso crees que un tirano estaría contento al ver que sus súbditos tienen una forma de escaparse?
-En parte tú e Izel tienen razón, tener el control de un Sistema como el de la Cronos sería tentador, tendríamos en nuestras manos todos los procesos necesarios para sustentar la vida, y a una orden nuestra podríamos detenerlos o modificarlos para castigar a quien no nos obedezca. Pero si es que quieres creerme no es así, al igual que mis compañeros deseamos la libertad de poder salir de esta nave cuando queramos. Y si algún día en el futuro a alguien se le ocurre querer jugar al tirano, ¿de qué le servirá si las personas pueden escaparse de su influencia? -finalizó Pérsimo.
Merithea guardó silencio, tenía la vista fija en el suelo y observaba la dura superficie metálica que hacia contraste con la piel blanca de sus pies.
-Está bien -dijo ella finalmente- los ayudaré, desbloquearé el control del Sistema para que ustedes puedan acceder a él, y hasta ahí habrá llegado mi trabajo.
-¿Qué quietes decir? -preguntó Izel.
-Cuando tomen control de la nave ya no habrá necesidad de una Efigie, ahora ustedes mismo serán responsables del destino de su especie, y yo igualmente seré libre.
Después de saber que Merithea les ayudaría trazaron un plan y en seguida cada quien se dedicó a sus propios asuntos. La chica seguía sentada en la camilla absorta en sí misma, sin prestarle atención a quienes le rodeaban, entonces notó que Izel se sentó a su lado.
-Así que decidiste ayudarlos -dijo sin más preámbulos.
-Sí, de lo contrario me habrían obligado a hacerlo, no tenía alternativa -contestó ella.
-Puede ser que no.
-¿Y tú que opinas de todo lo que acaba de suceder? -preguntó Merithea.
-¿Que es lo que opino? La verdad todavía ni yo sé que creer; cuando me levanté esta mañana creí que el día transcurriría de forma normal, no pensé que me vería envuelto en viajes en el tiempo y conspiraciones. Pero ya que estoy aquí no tengo más opción que seguir adelante, después de todo yo estoy de tu lado.
-¿De mi...lado? -dijo Merithea sorprendida.
-Así es-respondió Izel cruzando los brazos sobre el pecho-, a pesar de que Persimo es mi amigo, o tal vez fingía serlo, no tengo enormes ganas de seguirle el juego y ayudar a su organización. Así que solo te quiero preguntar algo; ¿en serio quieres darles a ellos el control total del Arca?, ¿no solo lo haces porque no tienes alternativa?
En el rostro de Merithea se dibujó una expresión de tristeza, sus ojos de un ligero tono anaranjado perdieron un poco de su brillo causados por algún pesar profundo.
-No sabes lo que es sentirse sola durante cientos de años -dijo con voz triste-, todo lo que conoces se reduce a solo una rutina que llevas realizando desde que tienes memoria. Cuantas veces no he observado desde alguna ventana la gran expansión que hay ahí afuera; y he tenido que reprimir el enorme deseo de salir de ahí, salir volando en algún vehículo y conocer lo que es ser libre; vivir mi vida como yo lo desee y no estar atada a un sistema del cual no soy otra cosa más que un sensor, un dispositivo que le avisa que algo sucedió y que debe realizar alguna acción preventiva.
-¿Y como has vivido cientos de años y te ves como una chica joven? -preguntó Izel.
-Cuando mi "yo"original fue tomada entre la población humana, fue modificada para poder crear copias de si misma sin tener necesidad de la clonación mediante medios artificiales, y sin recurrir a la reproducción sexual; usando partenogénesis.
-¿Parteno-qué? -dijo Izel confundido.
-Partenogénesis -repitió Merithea-, cuando alcanzo la edad biológica de veinte años una de mis células reproductoras se fertiliza y con el tiempo gesto una nueva Efigie, cuando ella nace y después de criarla hasta que pueda asumir su papel entonces la Efigie anterior muere. Llevo haciendo esto desde hace más de cuatrocientos años. Como puedes ver ni siquiera tengo permitido morir. Mi cerebro tiene una modificación especial que previene deseos suicidas.
Izel no pudo evitar sentir una profunda pena cuando Merithea le narró lo anterior. Literalmente ni siquiera era humana, solamente era parte del Sistema de la nave, un "dispositivo" más como ella se nombró.
-Por eso acepté ayudarlos -continuó hablando la chica-, si con esto logro mi libertad, y puedo dejar el Sistema en manos de otros entonces con gusto lo haré; estoy harta de todo esto y creo que ustedes al ser los tripulantes de la nave deben tener el derecho de controlarla.
La aeronave llegó al Puente de Mando y aterrizó en una zona despejada; todos salieron al exterior y se prepararon para poner en marcha su plan.
-Bien, tenemos que apresurarnos -dijo Eirah-, nuestros contactos acaban de reportarme que Malcolm ya sabe lo que ocurrió en el laboratorio clandestino y muy probablemente ya viene hacia acá.
-Ahora que lo mencionan, no recuerdo haberlo visto cuando rescatamos a Merithea -dijo Izel.
-Porque estaba ocupado arengando a sus seguidores, planean llevar a cabo una insurrección contra el gobierno, un paso más en su plan de conquista -dijo Persimo.
Rápidamente se dirigieron hacia la Sala de Control; Persimo iba a la delantera, Isaac y Einah a cada lado de Merithea con Izel detrás, rodeándola.
Los pasos del grupo irrumpían en el silencio del puente de mando. Persimo observaba con detenimiento lo que tenía adelante, atento ante cualquier amenaza oculta, aunque lo consideraba innecesario ya que eran los primeros en haber llegado. Tiempo atrás Merithea se hubiera molestado por esta irrupción en la tranquilidad del puente, sin embargo, era ella quien tenía más premura por llegar a la sala de control; la ansiada libertad que deseó durante cientos de años estaba a tan sólo unos metros adelante.
-Bueno, parece que todo está saliendo muy bien, todo está muy tranquilo -comentó Izel.
-Razón de más para ser muy precavidos, todo está demasiado tranquilo -le corrigió Persimo.
Izel iba a responder cuando ocurrió una explosión, al mismo tiempo cayó al suelo con sus sentidos completamente inutilizados; tenía borrosa la vista, la cabeza le daba vueltas y un irritante pitido molestaba sus oídos.
De algún lugar aparecieron varias figuras y a pesar del pitido Izel escuchó detonaciones; con dificultad se giró hacia sus compañeros caídos y su afectada vista captó como eran ultimados por los desconocidos, vio que alguien arrastraba a Merithea alejándola del grupo. Por último sintió un fuerte golpe en la barbilla que lo dejó boca arriba; irónicamente, fue en ese instante cuando su vista se recuperó casi del todo y descubrió con sorpresa a Malcolm, quien le apuntaba con un arma mientras le sonreía con una sonrisa lobuna. Entonces apretó el gatillo.
Todo había sido muy fácil, tanto que daba risa. Cuando se enteró que la Efigie había sido rescatada no tuvo que pensar mucho para saber a donde irían, de regreso al puente de mando. No tenía que hacer otra cosa más que dirigirse ahí también y esperar, después de todo, también había formado parte de la resistencia comandada por Persimo, así que podía adivinar cuales serían sus movimientos.
Uno de sus hombres cargaba con la inconsciente Merithea en brazos.
-¡Miren muchachos! ¡Llevo a mi novia en brazos! -exclamó con jovialidad.
-Sólo de esa forma tendrás mujer, drogándola y raptándola, por que eres un completo idiota a la hora de tratar con las féminas -contestó otro.
Y la sala se llenó de risotadas.
-Déjense de idioteces y sientenla en su silla -ordenó Malcolm.
Dejaron a la chica en la silla, frente al panel de mandos.
-¿Y ahora qué? -dijo uno de ellos.
Malcolm le colocó en la cabeza una extraña diadema, y con un aparato que tenía en la mano la activó. Inmediatamente Merithea se irguió soltando un grito de dolor, se llevó las manos a la diadema en un esfuerzo por quitarla, pero fue inútil.
-Solo unos segundos más -dijo Malcolm mientras manipulaba aparato.
Merithea dejó de gritar y los brazos le colgaron inertes a los lados.
-¡Efigie! -dijo Malcolm alzando la voz-, entra al sistema de la nave y desactiva el piloto automático, después me darás los privilegios de administrador.
La chica no reaccionó, se quedó estática en su lugar. Malcolm usó su aparato y la diadema obligó a la pobre a obedecer. La placa que bloqueaba el teclado se removió y las pantallas holográficas se activaron, la chica comenzó a teclear comandos y líneas de código aparecieron en las pantallas. Momentos después se escuchó el aullido de una sirena que resonó por todas las ciudades del Arca; miles de personas fueron tomadas por sorpresa cuando un ululante sonido resonó sobre sus cabezas.
-Piloto automático... desconectado.
La voz de Merithea sonó atona, como si fuera una máquina.
-Bien -dijo Malcolm-, ahora conéctate al sistema y dame el control obre el.
De pronto, en un repentino momento de lucidez, la chica se giró bruscamente hacia Malcolm.
-¡Tú no eres el indicado para hacerte con el control del Arca! ¡Sólo eres otro idiota con sueños de grandeza!
Pero Malcolm solamente pulsó un botón en el control y Merithea soltó otro grito, cayó inerte de nuevo pero momentos después se recuperó y comenzó a teclear comandos.
-De haber sabido que sólo bastaría con ese aparato de control mental, no me hubiera tomado tantas molestias -dijo Malcolm mientras observaba todo el procedimiento.
-¿Y qué harás cuando hayas tomado control de todo? -le preguntó alguien.
-Obligar a los idiotas del gobierno a capitular, dictar mis propias reglas y después... bueno, ya se verá.
-Y nosotros recibiremos nuestra recompensa por haberte ayudado, ¿cierto? -preguntó el mismo tipo.
-Sí, sí, serás el jefe de barrenderos o algo así -dijo Malcolm en tono despectivo.
Mientras platicaban, Merithea se había detenido, tenía las manos apoyadas sobre el panel de mandos y respiraba con dificultad.
-Oye -dijo un sujeto-, la mocosa esa se detuvo.
Macolm se giró y la observo ceñudo, ya iba a activar la diadema cuando ocurrió algo extraño y a la vez sorprendente; de la cabecera de la silla comenzaron a salir varios cables, se elevaban reptando como serpientes dirigiéndose hacia la cabeza de Merithea. Entonces se detuvieron y al unísono todos se conectaron en distintas partes de su cráneo.
-¿Qué diablos está sucediendo? -dijo alguien, asombrado.
-Su mente se debe conectar directamente con el sistema para borrar el piloto automático -respondió Malcolm.
-¿No crees que el control mental que tiene pueda afectar sus funciones, o algo así?
-No, de hecho, va a reforzar la orden que le dí.
El cuerpo de la chica había quedado flácido, incluso Malcolm creyó que había muerto. Entonces las pantallas holográficas desaparecieron, y en su lugar apareció una más grande.
-Iniciando proceso de anulación del piloto automático -dijo una voz fría.
-¡Perfecto! -exclamó Macolm, satisfecho-, sólo es tiempo de esperar y...
Pero justo en ese instante, la sala se llenó de detonaciones y algunos de sus hombres cayeron muertos; él había sido herido, así que se puso a cubierto mientras alistaba su arma.
-¡Qué demonios está pasando!
Furioso, fijó su vista desde provenían los disparos, solo para descubrir a los que habían matado momentos antes, de pie y disparando.
-¿¡Qué demonios!? -exclamó azorado.
Había sido una experiencia completamente sobrenatural; ver el cañón de un arma, sentir un ligero dolor y después la nada. Pero transcurrido un tiempo volvía a estar consiente.
-¿Qué diablos sucedió? -se preguntó Izel, confundido.
Pero más grande fue su sorpresa al descubrir su cadáver, con un agujero en la cabeza y rodeada de una gran mancha de sangre; a su alrededor estaban Persimo, Isaac y Einah, muertos también.
De pronto, notó que había alguien a su lado, cuando se giró para observar descubrió al mismo Persimo, observando también su cadáver.
-¿Persimo? -exclamó Izel.
Este solamente lo volteó a ver, completamente asombrado.
-Muy bien, esto si es extraño -sonó la voz de una mujer.
Atrás estaban Einah e Isaac, también aturdidos.
Entonces, Izel se dio cuenta de algo.
-¡Merithea!
Y salió corriendo, seguido de los otros.
Habían tomado por sorpresa al grupo de Malcolm, varios de sus hombres yacían muertos en el suelo y él estaba herido.
-¡Mátenlos! ¡No dejen que interrumpan el proceso! -gritó Malcolm.
-¡Debemos evitar que se hagan con el control de la nave! -dijo a su vez Persimo.
Ambos grupos intercambiaban disparos, tratando de eliminarse entre sí. Muy pronto Malcolm se dio cuenta que sería superado.
-Piloto automático desactivado -dijo la computadora-, favor de introducir datos del Administrador.
En el panel de mandos apareció un cuadrado de color azul, rápidamente Malcolm se lanzó como un felino sobre su presa y estampó la palma de su mano sobre el cuadrado.
-Nuevo administrador detectado, Malcolm Hastis... atención... administrador bajo fuego, poniendo en marcha protocolos de seguridad.
Rápidamente un campo de fuerza rodeó a Malcolm, Izel y el resto observaron como sus balas rebotaban en la superficie.
-¡Sí! ¡Por fin lo logré! -exclamó, extasiado-, ¡Ahora el Arca me pertenece y todo lo que hay en ella!
Izel y los demás eran la desgracia personificada; tantos sacrificios, tanta planeación para que un malviviente les quitara la victoria.
-Y ustedes -dijo Malcolm señalándolos-, más les vale que se rindan, o de lo contrario ordenaré que se abran las exclusas exponiendo a todo mundo al vacío del espacio, ¿o acaso están tan empecinados como para intentar arrancarme la victoria y sacrificar las vidas de los demás?
-¡Maldito seas! -exclamó Persimo.
Izel estaba desesperado, no sabía que hacer, entonces notó que Merithea hacia una seña. Mientras Malcolm se jactaba de su triunfo la chica había logrado zafarse del control mental, levantó su mano a la altura de la cabeza e hizo una seña como de apuntarse a la sien y disparar, entonces su mano cayó inerte.
-¿Qué sucede? -preguntó Malcolm- ¿acaso quieres morir? Más tarde, cuando hayas acabado tu trabajo.
Rápidamente Izel se lanzó hacia Malcolm y apuntó su arma, él fue más rápido y disparó, hiriéndolo de muerte. Izel cayó al suelo, su dedo apretó el gatillo y el arma disparó de nuevo.
-¿Es que eres idiota o qué? -exclamó Malcolm-, ¡ni siquiera me apuntabas!
Pero se quedó congelado ante una repentina idea, rápidamente se giró hacia Merithea y descubrió que tenía una herida en la cabeza. La chica se reclinó sobre el panel de mandos y murió.
Disparos, gritos, cuerpos en movimiento; todo estaba sucediendo de nuevo.
-Piloto automático desactivado -dijo la computadora-, favor de introducir datos del Administrador.
Malcolm pestañeó varias veces, tratando de comprender lo que había ocurrido. Entonces notó que una figura comenzaba a correr; Izel se había lanzado hacia el panel de mandos.
-¡No! ¡Claro que no! -gritó Malcolm, exasperado.
Apuntó y disparó, al mismo tiempo Izel le había disparado. Ambos fueron heridos; Malcolm cayó de espaldas e Izel se desplomó en el suelo, pero comenzó a arrastrarse de forma desesperada. Uno de los matones de Malcolm le apuntó pero fue eliminado por Isaac.
-¡Cubranlo! -gritó Persimo.
En un último doloroso esfuerzo, Izel se puso de pie y se lanzó sobre el panel de mandos... justo cuando su mano se posó sobre el cuadrado azul, Malcolm se arrojó sobre él arrebatando su mano del cuadrado. Inmediatamente él colocó su mano.
-Nuevo administrador detectado... detectando datos de nuevo administrador... analizando.
-¡Vamos! ¡Apresúrate y nombrame administrador! -exclamó Malcolm.
-Nuevo administrador detectado ... Izel Marn.
-¿¡Qué!? -exclamó Malcolm, azorado.
Pero antes de que pudiera decir algo más, Persimo y los demás lo acribillaron; cayó al suelo de donde nunca más volvería a levantarse.
Izel yacía recostado contra el panel de mandos, apretando los dientes para soportar el dolor.
-Eso fue muy oportuno.
Se giró hacia Merithea, quien a pesar de estar extenuada se le veía sonriente.
-¿Estás bien? -le preguntó Izel.
-Yo sí, ya soy libre tanto de Malcolm como de este sistema.
Y justo frente a sus ojos vio como ella se convertía en polvo, la diadema y su túnica blanca cayeron al suelo.
El Arca comenzó su desaceleración, hasta que fue atrapada por la fuerza gravitacional de un planeta. El grupo de Persimo hizo una declaración que fue transmitida por todos los canales del Arca; el gobierno actual sería disuelto y todos los habitantes podrían salir de la nave y explorar el espacio a su gusto, nunca más vagarían por el espacio siendo llevados por una inteligencia artificial, ahora ellos podrían decidir su vida.
Izel, por su parte, había logrado sobrevivir a la aventura, sin embargo no abandonó el Arca; a pesar de que podría irse cuando quisiera prefirió quedarse, después de todo aún había más secretos por descubrir, y sacar ganancia de ellos.
Un día, había encontrado unas ruinas de antes del Evento de Extinción Masiva; tardó varias horas explorándola para que al final no encontrara nada de valor. Resignado, regresó a su campamento donde se encontraba descansando.
-Me quedaré otro día más, puede que haya algún recoveco que no haya explorado.
Repentinamente, a su lado apareció un fantasma digital; Merithea en forma holográfica.
-¿Y si aún así no encuentras nada? -preguntó ella, haciendo un gesto como de sentarse sobre una silla.
-Pues me iré y buscaré otro lado, después de todo, tengo un mapa detallado con todos los sitios donde pueda haber algo interesante.
Merithea había muerto, o al menos su cuerpo físico; su personalidad completa se fusionó con el sistema.
-Bien podrías haberte ido con los que abandonaron el Arca -dijo ella.
-¿Sabes? Por muy extraño que parezca, no tengo muchos deseos de irme, para empezar aquí no se vive tan mal; con los sistemas de la nave completamente reparados la calidad de vida mejoró mucho. Además ¿no estaría mal que el Administrador abandone su lugar de trabajo?
-En parte tienes razón -intervino Merithea-, me costó mucho traerlos de nuevo a la vida como para que te arriesgues ahí afuera, en el frio espacio.
-Todavía me cuesta creer que trajiste del pasado a una versión de nosotros, fue muy perturbador ver mi propio cadáver como si fuera un espectador -comentó Izel.
-Afortunadamente, cuando me conecté al Sistema usé su poder de análisis para traerlos a ustedes de unos minutos del pasado.
-Pero me doy cuenta que tú no te liberaste del sistema -dijo Izel mientras observaba a su amiga con tristeza.
-¿Bromeas? -dijo ella con una risita-, ¡yo soy el Sistema! Ya no estoy anclada al puente de mando, puedo estar en cualquier parte de esta nave, e incluso enviar partes de mí camufladas dentro las computadoras de la naves; viajaré con la humanidad a donde quiera que vayan. Gracias a ti soy eterna.
-Felicidades -dijo Izel con ironía-, ahora podrás estar de metiche en la vida de los demás.
-Si quieres, podría digitalizarte a ti -dijo Merithea observando a Izel.
-No gracias -dijo este mientras miraba hacia el horizonte-, estoy contento con ser alguien temporal, eso le da sentido a nuestra vida, tal vez cuando esté a punto de morir de viejo, pero por ahora no.
Relatos de otros mundos.
Este es un lugar donde daré a conocer todas las historias que hay en mi cerebro, ya sea de ciencia ficción o fantasía. Espero, querido lector, que sea de tu agrado lo que leas aquí, si no es así, pues de todas maneras gracias por pasarte.
jueves, 2 de abril de 2026
Seres temporales.
El fantasma que se quedó atorado en el tiempo.
Había manejado cerca de tres horas desde la ciudad hasta este pueblucho, situado en una zona rural del estado, todo por un video que vi en internet; ''El fantasma de la mala hija'', una grabación que apenas duraba dos minutos, donde se podía apreciar la figura de una jovencita que avanzaba levitando, después, se detenía y miraba hacia la cámara, sonreía y ahí terminaba todo.
Claro, como es costumbre, en este tipo de grabaciones abundan los desperfectos; las voces del camarógrafo y el infaltable movimiento de manos que impedía tener una toma clara. Sin embargo, este tipo de detalles es lo que le da cierta ''autenticidad'' a los vídeos de fantasmas y apariciones; si fueran demasiado limpios les quitaría credibilidad.
Ah, por cierto, me llamo Noel y me dedico a buscar todo tipo de eventos sobrenaturales; voy a donde sea que escucho una noticia interesante acerca de fantasmas, brujas, apariciones etc. Y en ese pueblo, San Lorenzo de Jacama, había una leyenda de las más interesantes.
Después de un largo y muy aburrido viaje llegué al pueblo; una curiosa colección de casas hechas de adobe junto a otras más modernas. Como nota interesante, justo a un lado del pueblo se yergue una colina, cuya cima está desprovista de vegetación.
Sintiendo hambre, decidí ir a un pequeño restaurante familiar. Durante la comida le pregunté a la dueña acerca de la leyenda; ''El fantasma de la mala hija''. La mujer se detuvo en seco y me miró unos momentos, con expresión atemorizada.
-Joven, esas cosas no se preguntan tan a la ligera.
Dicho esto se santiguó y se dirigió al interior del restaurante; cuando pedí la cuenta una mujer más joven fue la que me cobró, sospecho que era su hija.
Salí del restaurante y pasee la mirada por los alrededores, para mi fortuna había otras personas a quienes les podría preguntar; si la dueña del restaurante no me quiso decir nada siempre habría una excepción a la regla.
Bien, después de hablar con las personas que había observado me dirigí al parque, donde platiqué con otros individuos acerca de la leyenda. Por regla general, las leyendas, incluso las más tétricas, sólo son cuentos; historias pasadas de generación en generación, contadas en una velada para tratar de animar el aburrido ambiente, pero cuando hablé con los pueblerinos acerca de la leyenda tuve respuestas muy variadas; algunos se mostraron realmente atemorizados, otros no le daban mucha importancia y hubo algunos que no la conocían. En fin, aquellos que sí la conocían y que les causaba temor me contaron esto:
... allá por 1823, existía una familia acomodada en el pueblo de San Lorenzo de Jacama. Compuesta por un matrimonio y su única hija, Petra. Se dice que está chica comenzó a gustar de la brujería; hacia pactos con el diablo y mataba a todo aquel que la cayera mal, o que le causara hasta la más mínimo molestia: animales, criados y vecinos tenían muertes extrañas y terroríficas
''Un día, su padre le exigió que dejara de practicar esas cosas, y que pidiera perdón a Dios por sus pecados, la chica se molestó y mató a su padre con unas tijeras. Su madre, que había salido a un pueblo vecino, no se enteró de lo que ocurrió hasta que regresó; su hija Petra le contó mentirás acerca de como su padre había tratado de ultrajarla, pero ella se defendió. La Señora, muy perturbada, gritó de dolor y se precipitó hacia las escaleras, pero dio un mal paso y rodó por ellas llegando muerta al piso de abajo.
''Debido a sus malos actos, Dios la castigó con una enfermedad incurable, pasó muchos días y noches tendida en cama sufriendo de un dolor intenso hasta que murió. Pero su alma jamás encontró descanso, se dedica a vagar por las calles de San Jacinto convertida en un alma en pena, se dice también que visita la casa donde vivieron sus parientes los Mendoza, donde toca cuatro veces en la puerta mientras llama a su tía Luciana en voz alta. Por eso la gente evita salir muy noche, por temor a encontrarse con el Fantasma de la mala hija. También evitan ir a la punta del cerro 'El pelón', porque ahí es donde ella hacia pactos con el diablo...
Leí mis notas detenidamente, y comprendí que esta era una leyenda como cualquier otra, ¿Porqué la gente le tendría tanto miedo? Aunque recordé que las personas que sí creían en la leyenda juraban que la habían visto, e incluso ella les habló.
Mira, estoy dispuesto en creer en apariciones, pero la leyenda tan simple y las expresiones, a veces exageradas de los pueblerinos me hacían dudar, así que no tuve más remedio que pasar al siguiente plan de acción; la observación.
Ya era cerca de la media noche, cuando dicen que el fantasma suele aparecerse. Caminaba por una de las calles, armado con mi videocámara, celular y mi cuaderno de notas.
En verdad que el pueblo ofrece un aspecto diferente cuando cae la noche, en especial las viejas casonas del siglo pasado o las casa de adobe que aún quedan en pie. A pesar de la iluminación moderna proporcionada por los postes de focos led, ver esas construcciones en la oscuridad hacen pensar a uno que están embrujadas, y que sus habitantes son espectros que no se han ido al otro mundo.
Me fijé en especial en una de las casas; de dos plantas, su aspecto elegante de diseño europeo me hizo pensar que pertenecía a alguna familia rica, o al menos acomodada. De repente, al otro extremo de la calle me pareció ver alguien; caminaba lentamente mientras murmuraba una cancioncilla. Sentí que mi pulso se aceleraba, me pegué todo lo que pude a una pared para quedar lo más oculto posible; demonios, que me hubiera gustado tener el místico poder de entrar en ella.
Cuando el desconocido se acercó más, noté que era una señorita, tal vez de trece años o más, y que tenía un vestido muy pasado de moda... sentí un nudo en la garganta ¡así dicen que luce la fantasma!
La aparición continuó avanzando hasta llegar cerca de la casa elegante, después ¡se elevó unos centímetros en el aire, y avanzó flotando! Llegó frente a la puerta, donde golpeó con el puño, de forma pausada; bam, bam, bam, bam.
-¡Ábreme! ¡Tía Luciana!
El tono de su voz no tenía nada de humano; un extraño tono sepulcral, que me hizo sentir escalofríos en toda mi piel.
El fantasma se quedó frente a la puerta unos momentos, flotando. Después, se giró y salió a la calle, avanzó unos metros más pero repentinamente dejó de flotar, sus pies cayeron de improviso contra el suelo e incluso trastabilló; juraría que dijo una grosería.
Yo, atónito, permanecía pegado contra la pared, sin saber qué pensar de lo que había atestiguado ¡Esto era real! ¡Había visto un fantasma con mis propios ojos! Pero ¡Soy un gran pendejo! ¡No encendí mi videocámara!
Mientras me reprendía por mi descuido, noté que el fantasma continuaba su camino, bajando por la calle. Dudé por unos instantes, pero después actué, me escurrí detrás de ella.
Seguí al espectro durante un buen tramo, entonces, me dí cuenta que se detenía y miraba hacia alguna parte. Extendió su mano y dijo algo:
-Dummkopf.
Y escuché gritos de una pareja, después, el fantasma siguió su camino. Continué siguiéndolo a una distancia prudente, hasta que la vi dirigirse hacia una de las salidas del pueblo; noté que iba hacia la colina, el cerro ''El Pelón''.
Cualquier persona en su sano juicio daría la media vuelta y se iría, incluso del pueblo. Pero yo no estaba tan cuerdo, a pesar del miedo que sentía, me embargaba la necesidad de llegar hasta el fondo del asunto, ¡aunque tuviera que seguir a un espectro!
Efectivamente, el fantasma salió del pueblo y se dirigió a la colina; para mi sorpresa, cuando llegó a la falda se elevó y ascendió hasta la cima, flotando. Yo la seguí.
Usando la linterna de mi celular me alumbraba el camino lo mejor que podía, pero sólo veía delante de mí arbustos y maleza. Buscando la ruta más óptima subía por la falda de la colina pero era jodidamente difícil; varias veces tuve que dar rodeos y arrastrarme por el suelo, las malditas ramas me azotaban en el cuerpo y la cara.
Por fin, después de lo que se me hizo una eternidad en subir, llegué a la cima. No me lancé ciegamente, me escondí lo mejor que pude entre la vegetación y observé; siendo sincero no sabía que esperar, personas bailando desnudas alrededor de una fogata, o a alguien sentado en medio de un pentagrama con símbolos raros escritos, pero no había nada ni nadie, solo la soledad. Sin dudarlo más me decidí a salir.
Apagué la luz de mi celular y esperé, fue justo en ese momento que me di cuenta que estaba haciendo una estupidez; seguí a un fantasma hasta un lugar desolado, lejos de cualquier ayuda que pudiera necesitar. Comencé a observar a todos lados, pero sólo me rodeaba la oscuridad de la noche.
-¿Quien eres?
¡Demonios! ¡Tal fue mi sobresalto que quise huir pero tropecé con una piedra y caí al suelo!
Ahí estaba, justo en medio del claro, una figura fantasmal que me observaba atentamente. A pesar de que estaba oscuro, podía reconocer al ser que estaba siguiendo.
Continuó observándome, de la misma forma en que un gato ve algo que le llama la atención. Avanzó unos pasos hacia mi pero se detuvo, se agachó para recoger algo del suelo; reconocí mi cuaderno. Comenzó a hojearlo detenidamente, de vez en cuando la escuchaba murmurar cosas como ''humm'', ''interesante'' o ''vaya''.
-''La Leyenda de la mala hija'' -dijo, leyendo un pasaje de mi libreta.
A pesar de que aún sentía miedo, había algo en ese fantasma que me desconcertaba; bueno, aunque la verdad no sé como debería actuar un espectro, pero actuaba como si estuviera más viva que muerta, incluso su tono de voz sonaba como el de una chica cualquiera.
-¿A esto hemos llegado? -dijo mientras leía la libreta-, ¿ahora existe una estúpida leyenda que deforma los eventos del pasado?
-¿Eh? -fue todo lo que pude decir.
El ser dejó de leer y se fijó en mi, me observó durante unos minutos para después arrojarme el cuaderno.
-Haz estado de metiche en asuntos que no te conciernen, mortal. Me haz seguido hasta mis dominios, y haz querido espiarme. Por lo tanto, te encomendaré una tarea a modo de castigo.
-¿Tarea? -exclamé, más confundido que asustado.
Entonces, repentinamente se elevó por los aires y comenzó a brillar de una forma extraña.
-¡A partir de este momento te maldigo a sufrir una muerte espantosa! ¡A menos que logres desentrañar la verdad detrás de la leyenda de la mala hija! ¡Tienes quince días para hacerlo, o de lo contrario morirás y me robaré tu alma!
Su tono de voz sonaba grave, sepulcral.
-¿Y cómo lo haré? -pregunté, genuinamente aterrorizado.
-¡La casa de los Mendoza! ¡Ellos guardan el secreto! ¡Ellos fueron los que pecaron contra Petra!
Sin decir más palabras di media vuelta y salí corriendo lo más rápido que pude.
No tuve idea de cómo baje la colina, estaba tan atemorizado que ignoré por completo todos los obstáculos que encontré en mi camino; atravesaba matorrales y arbustos como una exhalación. Creo que el miedo me dio equilibrio antinatural ya que no recuerdo haber tropezado ni una vez durante la correría.
Después de una hora llegué a mi auto, planeaba largarme de ahí lo más rápido posible; pero la maldita porquería no encendía. Traté de encenderla varias veces pero el motor no respondía; eso sólo aumentó el terror que ya sentía ''¿acaso el espíritu impedía que me fuera?'' pensaba.
Pasé muy mal la noche, intenté dormir en mi auto pero me fue imposible; la mala postura aunado al terror que aún sentía impidieron que cerrara los ojos en toda la noche. El día llegó y, cosa extraña, me sentía un poco más tranquilo. Me quedé sentado frente al volante, haciéndome una y mil preguntas, como no tenía alguna respuesta satisfactoria intenté encender el auto de nuevo, pero no arrancó. De pronto, la radio se encendió; claramente escuché como sintonizaba estaciones hasta que se detuvo en una.
-No puedes irte.
Pegué un brinco tal que mi cabeza golpeó contra el techo del auto. Solté algunas maldiciones y me froté. Me quedé de nuevo sentado y completamente anonadado, sin saber más qué hacer decidí ir a almorzar.
Fui al mismo restaurante del día de ayer, el cual ya estaba abierto. Cuando entré la dueña salió de la cocina, pero en cuanto me vio se quedó petrificada, dio media vuelta y regresó por donde vino, minutos después salió su hija quien era la chica que me atendió ayer también.
Fue ella quien tomó mi pedido e igualmente me sirvió. Cuando estaba pagando le pregunté acerca de la extraña actitud de su madre.
-Ah, es que se ha corrido el rumor de que estás ''endiablado'' -dijo la chica, quien por el tono ni ella misma creía lo que decía.
-¿Endiablado? -pregunté desconcertado.
-Algunos vieron que seguías al fantasma ese, por las calles del pueblo y hasta el cerro. Después, otros te vieron bajar a lo loco por la ladera.
Comprendí perfectamente la razón de que me llamaran ''endiablado'', algo que sólo hizo más mella en mis ánimos.
-La neta -dijo ella-, me sorprende que te hayas encontrado con ese fantasma.
-¿Porqué? -inquirí.
-Por no siempre está en el pueblo, hay ocasiones en que no aparece en años, y hay veces que sí está.
-¿No está en años? ¿Sale del pueblo o algo así?
-No lo sé, tal vez -respondió la chica, sin darle mucha importancia.
-Pero si el fantasma no aparece todo el tiempo, la leyenda no sería tan conocida -dije, pensativo.
-A lo mejor aparece cuando la leyenda está siendo olvidada -comentó la chica.
Terminé el almuerzo y me dirigí hacia el lugar donde me indicó el fantasma, ''La casa de los Mendoza'', esta casa es mencionada en la leyenda. Cuando llegué descubrí que era la casa de estilo elegante donde el fantasma de Petra llamó la noche anterior.
Me quedé mirando la puerta, todavía dudando ¿En verdad tenía que hacer esto? ¿Sí estaba maldecido como dijo el espectro? A pesar de que fue una experiencia del otro mundo, había algunas cosas en la actitud del fantasma que me hicieron dudar. Pero, ¿y si era cierto? ¿Si en verdad estaba maldito?
Suspiré y llamé a la puerta.
-¡Voy! -respondió una voz desde el otro lado.
Segundos después abría la puerta una mujer joven y bonita, parecía que teníamos la misma edad.
-¿Sí? ¿Qué desea?
Me quedé unos momentos, ahí, alelado. Me daba vergüenza tratar un tema tan extraño con una mujer guapa, pero ella comenzó a verme extrañada y no quería que pensara mal de mí, así que fui al grano; dí mi nombre, me presenté como un investigador y le conté que su casa estaba relacionada con la leyenda del pueblo, y que me gustaría hacerle unas preguntas.
Justo cuando mencioné está última parte, noté que el semblante se le ensombrecía y me cerró la puerta en las narices. Me sentí muy estúpido.
Y ahí estaba, sentado en un banco de cemento en el parque, no sabiendo qué hacer. La única pista que tengo para resolver el misterio está en la casa cuya dueña me mandó al diablo.
Suspiré derrotado.
-¿Y ahora qué hago? -me pregunté.
Dejé vagar mi mente, pensando en distintos tópicos, entre estos hubo uno que e llamó la atención. Había ciertos comportamientos en el fantasma de Petra que me llamaron mucho la atención; la primera vez que la vi, caminando por la calle, no tenía aspecto muy ''fantasmagórico'' que digamos; se veía como una persona normal, y caminaba como una. Solamente comenzó a comportarse así cuando se acercó a la casa de los Mendoza: flotó en el aire y habló con una voz sombría.
Otra cosa más que me llamó mucho la atención, cuando se alejó de la casa y dejó de levitar se tropezó y dijo una grosería ¿Un fantasma que no flota todo el tiempo, y que se queja cuando casi se cae? No sé, se me hacía muy sospechoso. Y por último, cuando la encontré cara a cara en la punta del cerro, la forma en que revisó mis notas, con sumo interés... el gesto de la cara, la forma en que movía las manos, se me hizo propios de alguien muy vivo, no de un espectro.
En eso estaba cuando repentinamente me quedé paralizado; frente a mí a varios metros cruzando una calle, había una tienda de ropa, y en sus aparadores exhibían las prendas que tenían en venta; justo en uno de los cristales se apareció Petra, o su fantasma. Me restregué los ojos creyendo que era una ilusión, pero cuando observé de nuevo ahí estaba ¡En verdad se había aparecido en el cristal, y me observaba fijamente!
Entonces, levantó su mano y señaló hacia una parte, seguí con la vista hacia donde indicaba y descubrí que apuntaba hacia la iglesia del pueblo. Regresé mis ojos hacia el cristal del aparador pero había desaparecido. Pasado el asombro y espanto, me puse de pie y me dirigí a toda prisa hacia el templo.
Cuando llegué era hora del sermón, así que para evitar interrupciones me senté en los últimos bancos. Esperé con paciencia hasta que terminara el servicio religioso, me dediqué a observar los retablos y demás arte religioso. Media hora después el sermón terminaba, pero esperé hasta que todos los asistentes hubieran salido, entonces, me dirigí hacia el cura rápidamente.
El hombre me vio acercarme, pero uno de sus monaguillos se interpuso; al parecer deseaba evitar que el ''endiablado'' tuviera contacto con el padre. Afortunadamente el clérigo le ordenó en tono amable que me dejara pasar.
-¿Qué deseas hijo? -me preguntó el hombre.
-Hola padre -dije en el tono más sumiso que se me ocurrió-, soy un investigador y estoy buscando pistas acerca de la verdad detrás de la Leyenda de la mala hija.
El hombre se asombró ligeramente, mientras que sus ayudantes se mostraron perturbados.
-Hijos míos, déjenos.
El prelado esperó hasta que se fueron los monaguillos, y después, se dirigió hacía en un tono un poco menos amable.
-Así que tú eres el loco que se le ocurrió seguir a un alma en pena, ¿acaso no se te ocurrió que algo malo podría pasar? -soltó el hombre sin ningún tapujo.
Sentí la puya del insulto, pero reconocí que el sujeto tenía razón; por eso estoy en este embrollo.
-Bueno, soy un investigador de lo paranormal, así que eso forma parte de mi trabajo – me excusé.
-Y sí los rumores son ciertos, ahora estás embrujado -me recriminó el hombre-, supongo que por eso estás aquí, bueno, después de todo es trabajo de un siervo del Señor ayudar a quienes quieren ayuda, pero de advierto que un exorcismo es algo caro.
Y me lanzó una mirada codiciosa.
-No, ''padre'' -acentué su título propósito- lo que busco es información.
-¿Información? -dijo, extrañado.
-Sí, según mi información, al parecer la familia Mendoza tiene algo que ver en la historia de Petra, y que la leyenda fue inventada para perjudicarla.
-¿Los Mendoza? -dijo, algo sorprendido- ¿de dónde sacaste esa información?
-¿Usted sabe algo? -pregunté, al notar su expresión.
-Los Mendoza han sido buenas personas desde hace mucho. La actual señora Mendoza y su hija Margarita, son mujeres devotas y de buena reputación. ¿Esperas que crea que ellas tienen algo que ver con una leyenda de una jovencita malvada? Escuche, joven, si sólo vino a este pueblo para alborotar nuestra tranquilidad, mejor le recomiendo que se vaya. Las personas ya están algo perturbadas con saber que usted tuvo contacto con un espectro, y si intenta mancillar el buen nombre de una familia antigua, pues no creo que se lo tomen a bien.
-¡Por favor, padre! -exclamé de forma vehemente- ¡Ese espíritu me ha amenazado con matarme si no averiguo la verdad acerca de la leyenda! En verdad que me arrepiento de mis acciones y busco la salvación, sólo soy una pobre oveja sin pastor.
Y para apoyar mi ferviente ruego, saqué de mi billetera un billete de un valor elevado y lo metí en la caja de donaciones; sentí ultrajada mi avaricia, pero eso motivó el sentido de deber del buen cura.
-Bien, yo...
-¡Padre! -intervino un monaguillo- ¡el foco del pasillo se fundió de nuevo!
-Esa maldita línea eléctrica nunca ha quedado bien -juró el siervo de Dios-, y ese electricista nunca ha sabido componerla, ¡pero sí que sabe cobrar el muy cabrón!
-Padre -intervine- también tengo conocimientos como electricista.
-¿Ah sí? -dijo, dudoso.
-Déjeme hacer el servicio, si no lo reparo me iré inmediatamente del pueblo y no lo molestaré más, caso contrario me ayudará ¿qué le parece?
El sacerdote dudaba, pero cuando le recalqué que el servicio sería gratis aceptó de buena gana. Y no estaba mintiendo, en verdad tengo los conocimientos que acabo de enunciar. Cuando reparé la línea eléctrica, el cura quedó satisfecho y me dijo:
-Ven conmigo.
Me guío hasta la parte trasera de la iglesia, llegamos a un almacén que por los estantes llenos de papeles y libros concluí que era un archivero. El cura caminó hasta un librero, buscó atentamente y tomó un libro, lo colocó sobre una mesa y lo abrió.
-Este es un diario del padre que ofició en el año que se originó la leyenda, 1823 -dijo.
Comenzó a hojear las láminas de papel amarillentas, a cada página que pasaba se desprendían nubecillas de trozos de papel y polvo.
-Aquí está -dijo deteniéndose casi a medio libro- cuando descubrí este libro lo hojee por curiosidad, para ver si mencionaba algo acerca de esa leyenda.
Se hizo a un lado, invitándome a leer el libro.
Observé las páginas amarillentas y me sorprendí por la buena caligrafía a pesar de que fuera de hace dos siglos. Me costó un poco entender las palabras debido al estilo cursivo en el que estaban escritas, pero gracias a la ayuda del cura logré comprender el texto.
...Ambos señores Alcázar han muerto, tan como el padre como la madre, dejando a la joven hija, Petra, sola. Yo mismo oficié ambas misas, con tan sólo cinco días de diferencia. La gente ha comenzado a rumorar malas cosas, echándole la culpa a la niña Petra de ambas muertes. Pero, yo mismo recuerdo haberla visto sufrir en gran manera por sus padres; en los dos entierros la vi llorar desconsoladamente, vertiendo verdaderas lágrimas de dolor. Aunque también recuerdo otra cosa, y que Dios me perdone por pensar mal pero... vi cierta expresión de malicia en la tía de la niña, Luciana, como del alguien que espere beneficiarse por lo que acaba de suceder...
Cuando terminé de leer, el cura pasó dos páginas y me enseñó otro texto.
...hoy vino la niña Petra a confesarse, y sé que un verdadero siervo del Señor debe llevarse todas las confesiones a la tumba, pero decidí escribir esta para que quedara constancia de le verdad. La niña Petra ha escuchado infundados rumores acerca de ella; que la muerte de sus padres fue su culpa. Ella misma me a jurado bajo la Cruz y por el nombre de nuestro Señor Jesucristo que nunca le deseó mal a sus padres; su padre Marcelo murió porque ella estaba jugando con unas tijeras, al ver esto, él se las quitó porque era peligroso. Pero ¡cosas de la Providencia! Marcelo tropezó y se clavó las tijeras en la garganta, muriendo desangrado.
Su madre, María, salió de su cuarto al escuchar los gritos de la niña, y al ver a su amado esposo, muerto, y en un charco de sangre prorrumpió en gritos y salió corriendo en busca de ayuda. Pero al bajar las escaleras dio un mal paso y tropezó, rodando por ellas, cuando su cuerpo llegó al piso de abajo ella ya había muerto.
De una sola vez, Petra se vio privada de sus dos padres, que terrible desgracia. Y ahora ella vive con su tía Lucia y su familia, hermana de su madre; pero le tratan muy mal, y ellos son los que se han quedado con todos los bienes de los finados padres.
La pobre Petra me ha pedido ayuda, pero, ¿que cosa puedo hacer yo? No tengo poder alguno para decidir por ella, todo lo que puedo hacer es rezar para que Dios le de fuerzas.
Cuando terminé de leer, quedé muy intrigado.
-Vaya, parece que la leyenda acerca de pactos con el diablo y brujería no es eso después de todo -comenté.
-Pero eso no es todo -dijo el cura.
-¿No?
-Voltea a la otra página.
Así lo hice y vi más texto, aunque ya era poco.
...Hoy es un triste día, la pobre niña Petra ha fallecido, después de haber sufrido una larga y dolorosa enfermedad. Dicen que en su último día ella gritó de dolor todo el tiempo, pero, cuando yo fui a rezar por su alma vi en en su rostro una dulce expresión de paz y tranquilidad; no era el semblante de alguien que murió de forma dolorosa, pareciera que murió durmiendo.
Me quedé reflexionando acerca de todo lo que había leído. La historia que se supone debía ser de embrujos y prácticas satánicas, resultó ser la crónica de una chica que sufrió pérdidas y maltratos.
-¿Y alguna vez se le ocurrió publicar esto? -le pregunté al sacerdote.
-¿Y de qué serviría? La leyenda está muy arraigada entre la gente, y no creo que mi palabra los convenciera de lo contrario.
-Pero este libro...
-Aunque lo presentara como prueba, sólo es la crónica de alguien que fue un observador secundario de la historia, no el mero protagonista. Se necesitarían más pruebas para convencer a la gente.
-¿Y sabe dónde podría obtener más información?
-Humm, ahora que lo dices, hay alguien quien podría darte más información acerca de la leyenda, aunque más bien sería del fantasma en sí -dijo el cura.
-¿Del fantasma? -dije, genuinamente interesado.
-Ve con el señor Edgar, por alguna extraña razón tiene un interés muy raro con esa alma en pena.
El cura me dio instrucciones de cómo llegar a la casa del tal Edgar, tomé fotos de las páginas que contaban parte de la verdadera historia de Petra y salí de la iglesia.
Llegué a un pequeño negocio, localizado en una calle secundaria. Observé de forma abstraída los estantes y sus productos, cuando de la trastienda apareció una persona; un hombre de entre unos cuarenta años de edad, por su apariencia me recordó a ese gran físico, Einstein, aunque con el cabello un poco menos revoltoso, y menos cano.
-¿Qué desea? -me preguntó.
Noté el interés que se dibujó en su semblante, aun así, me presenté y expuse la razón por la que lo visitaba. Contrario a lo que ya esperaba, el hombre se sintió muy emocionado al saber que lo buscaba a él.
-¡Ah! ¡Otro colega investigador! -exclamó.
-¿Colega? -dije, extrañado.
-¡Sí! Usted es el que está investigando acerca de la leyenda ¿no?
-Bueno, sí.
-Pues yo también he hecho algo parecido, aunque en realidad no estoy interesado en la leyenda, sino, en el fantasma en sí.
-¿En el fantasma? -pregunté, con el mismo interés.
-¡Sí! Es una criatura interesante, y siendo sincero, no parece ser lo que dice, pero, por favor pase.
Haciendo caso de su invitación, pasé a la trastienda.
Estábamos sentados alrededor de una pequeña mesa, con una bebida refrescante. Tenía frente a mí docenas de recortes de periódico y hojas impresas de páginas web amarillistas. Ya había leído atentamente la mayoría de ellas, y con cada una que leía, más extrañado me encontraba.
-Hace alrededor de veinte años que me dediqué a estudiar el comportamiento del fantasma -me narraba el señor Edgar-, precisamente cuando me topé con ella en la calle, a medianoche. Al igual que mucha gente me sentí aterrorizado; me había topado con el alma en pena de Petra. Pero hubo algo que me hizo dudar de su condición fantasmagórica.
Me le quedé viendo mientras tomaba un trago de mi bebida.
-¡Me habló en francés! -exclamó, asombrado.
-¿Francés? -repetí, extrañado.
-¡Sí! Básicamente me dijo ''tonto'', pero en francés.
Le narré lo que yo había observado la primera vez que me encontré con el fantasma, cuando llamó dummkopf a una pareja asustada.
-Dummkopf significa ''idiota'', en alemán -aclaró Edgar.
-¿Y a usted lo llamó igual pero en otro idioma?
-Así es.
''Al principio, estaba muy conmocionado por haberme encontrado con el fantasma, pero cuando me llamó tonto en francés tuve sospechas acerca de ella. Por aquellos años yo había estudiado esa lengua, ya que estaba trabajando en una empresa francesa, en la ciudad.
-Le dije ''¿Porqué me llamas tonto?'', y ella me respondió ''porque quería asustarte''
-Toda esa plática ocurría en francés -pregunté, para aclarar las cosas.
-Correcto.
-¿Y porqué quieres asustar a las personas?
-Para que no olviden el pasado, y el recuerdo de ella siga vivo.
-¿Ella?
-Haces demasiadas preguntas, humano -me dijo el fantasma, algo molesta.
-¿Y como es que sabes francés?
-Lo aprendí en Francia, obvio.
-¿Francia? -pregunté de nuevo, cada vez más intrigado.
''Esta vez el fantasma se cansó de mis preguntas y se fue. Había quedado muy intrigado, digo, para ser un espíritu su actitud se me hizo muy viva.
Lo había escuchado atentamente, y le daba la razón. Yo también observé en su actitud algunas cosas que me hacían dudar de su condición fantasmal, pero no dudo que la vi elevarse por el aire y brillar de forma extraña, eso sí fue real.
-Entonces, un mes después de ese encuentro, encontré este periódico -continuó contando Edgar.
Señaló uno de los recortes que ya había leído; era una noticia de un estado de la costa oriental, cuyo encabezado rezaba ''Extraña chica es captada caminando por el agua''. Debajo, y enmarcada por el texto que narraba la noticia, estaba una fotografía que había sido tomada desde cierta distancia, pero se podía apreciar la imagen de Petra, o su fantasma, caminando sobre la superficie del mar.
-¿Qué hace un fantasma tan lejos de su lugar de actividad? Y no sólo eso ¿porqué sabe hablar distintos idiomas? -pregunté de forma reflexiva, mientras observaba a Edgar.
-¡Yo también me hecho las mismas preguntas! -exclamó Edgar.
Los demás recortes eran de periódicos de distintos estados del país y diferentes épocas ; a veces la ''chica misteriosa'' era la protagonista de la noticia, otras, sólo aparecía en las fotografías, alguien ajena a la primicia.
No sólo eso, en su tablet, Edgar tenía capturas de pantalla de portales de noticias de otros países donde el fantasma estaba presente, ya fuera como foco principal de la noticia o alguien secundario.
-¿En realidad es un fantasma? -pregunté después de un rato de reflexión silenciosa.
Salí de la casa de Edgar con más preguntas que repuestas; al parecer, la maldición que fue lanzada sobre mí pasó a un segundo plano.
Pasé el resto del día buscando un lugar donde hospedarme, además de buscar un mecánico que revisara mi auto; resultó que la maldita cosa tenía muy gastadas algunas bujías, y otras partes se le dañaron, por eso no encendía ¿O era otra cosa?
Ya era de noche y me encontraba fumando en mi cuarto; afortunadamente, este pueblucho tenía hoteles, y me hospedé en el que me pareció menos caro.
Reflexionaba sobre todo lo que me había pasado desde que llegué; sólo buscaba una interesante historia paranormal para publicar en mi humilde portal de noticias, pero resultó que un fantasma me endilgó una misión, so pena de morir por una maldición. Pero, en vez de preocuparme por mi encomienda, había algo que me hacia pensar; a pesar de que todo lo que había observado, existían algunas cosas que me hacían dudar de la aparición; su forma de comportarse no encajaba con lo que se sabe de esas entidades, los fantasmas no tratan de forma directa con los vivos, no inician conversaciones con ellos. Y por lo que sé, están unidos al lugar donde son vistos, generalmente porque ahí murieron y su cadáver continua en el mismo sitio, sin embargo, esta aparición abandona el pueblo; se le ha visto en otros lugares, e incluso en otros países, en distintas épocas, esa es la razón por la que no siempre está presente en el pueblo, pero ¿Porqué se va? ¿Que la motiva a abandonar el lugar a donde se supone que debe estar unida? Eso me hacia dudar de su condición de fantasma, pero, si no es un espectro o espíritu, ¿qué cosa es?
-Pierdes mucho el tiempo en cosas que no te competen.
¡Jesús! ¡Apareció justo a mi lado! Salté de mi asiento como movido por un resorte, mientras exhalaba un grito.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? -exclamé.
El fantasma de Petra me observaba, con cierta expresión demandante.
-Te he dado dos semanas para descubrir la verdad sobre Petra, pero en cambio te la pasas haciéndola de turista.
-Hablé con una mujer que parece ser una Mendoza, pero me mandó al diablo -contesté, muy azorado.
-Pues busca una forma de entrar en esa casa, es de suma importancia que consigas el diario de Petra.
-¿Diario de Petra?
Había en su tono de voz cierta premura, parecía estar muy preocupada por algo ¿Un fantasma con preocupaciones?
-Pero no puedo entrar en esa casa de cualquier forma, me arrestarían si lo hago por la fuerza; ya tengo suficiente con que los pueblerinos crean que estoy endiablado como para añadir a mi mala reputación el título de ladrón -repliqué.
-Haz lo que tengas que hacer, pero apresúrate -sentencio.
-¿Y porqué tanta prisa? De principio yo no debería estar haciendo esto, sólo quería investigar acerca de la leyenda de la Mala Hija.
-La misión que te encomendé es parte de tu investigación personal, no quiero que sólo te dediques a publicar lo que otros te cuentan; debes sacara a la luz la verdad, no quiero que Petra sea recordada de forma injusta. Y además, mi tiempo en este planeta se está acabando, si desaparezco sin haber limpiado su nombre todo habrá sido en vano.
¿Su tiempo en este planeta? ¿Que quiso decir con eso?
-¿Desaparecer? -pregunté, extrañado.
Pero ella no me respondió, sólo se quedó viendo la pared.
-Leí unas crónicas escritas por el cura de esa época -comencé a decir-, en ellas se da a entender que los padres de Petra murieron de forma accidental, y que su tía la trataba mal.
-Eso no es suficiente -dijo con insistencia-, no basta con el relato de un testigo, es necesario el mismo diario de Petra, ella ahí debió escribir su parte de la historia.
-¿Y cómo estás segura que aún existe? Después de casi doscientos años, es muy dudoso que haya sido conservado.
-Sé que aún existe, pero no tengo idea de donde, es tu trabajo buscarlo.
-¿Y porqué no lo haces tú? Eres un fantasma ¿cierto? Tienes poderes paranormales que te permiten hacer cosas que una persona normal no puede, como aparecerte de forma repentina.
Siendo sincero, ya me estaba molestando tener que obedecer a un ser que se comportaba como una chiquilla malcriada.
Por toda respuesta se quedó mirando, entonces, comencé a sentir una extraña opresión en el pecho; sentía que algo me estaba amasando el corazón, provocando que latiera de forma irregular.
-¿Qué demonios? -exclamé, asustado.
-Te he dado una misión, y la cumplirás, caso contrario te mataré; así que ahora en adelante ten cuidado con dudar de mis poderes, si no quieres que te de un recordatorio de lo que podría pasar.
Comencé a sentir un agudo dolor, me asusté creyendo que iba a tener un infarto, pero la sensación opresiva desapareció y mi cuerpo regresó a la normalidad.
Respiraba profundamente, aliviado de que no pasara a más, Petra por su parte se elevó en el aire pero casi de inmediato descendió al suelo de forma repentina, sus pies descalzos azotaron el suelo de madera emitiendo un sonido seco.
Observé que estaba sorprendida por lo que había ocurrido, acto seguido hizo una mueca de disgusto y se dirigió a la puerta por donde salió, abriéndola.
-Para un fantasma, esa fue la forma más humana de irse -comenté, sarcástico.
Así que al otro día me la pasé ideando alguna forma de obtener el diario de Petra, que estaba en manos de la familia Mendoza. Me pasé casi media mañana ideando algún plan para poder entrar al menos a la casona, pero no se me ocurrió algo.
Estaba sentado en el banco del parque, lamentando mi situación y maldiciendo al estúpido fantasmita. De forma distraída comencé a observar a las personas que transitaban por la calle; me fijé en una anciana, que caminaba lentamente mientras cargaba una bolsa en cada mano. Pude notar que le costaba caminar, tal vez las bolsas pesaban mucho. Un pequeño estímulo brotó en mi mente pero la modorra se había adueñado de mis ánimos.
''No parece que necesite mucha ayuda'' pensé.
Entonces, como respondiendo a mi actitud apática, las bolsas se desfondaron; casi al unísono frutas y otros objetos cayeron de forma precipitada y se esparcieron por la calle. La señora soltó un sorprendido lamento, y yo me moví de inmediato.
''¡Soy un maldito idiota!'' me recriminé.
Entre la señora y yo recogimos su mandado esparcido; después, uní las bolsas con varios amarres para crear otra, la llenamos y para evitar otro incidente me ofrecí a acompañar a la anciana hasta su casa.
Quince minutos después llegamos a su hogar, el cual para mi gran sorpresa era la casona donde me cerraron la puerta en las narices. La señora abrió la puerta con una llave y ambos entramos, ya en la cocina dejé la bolsa sobre la mesa.
De forma disimulada di un rápido vistazo a mi alrededor; aunque era una casa antigua, pero el interior había sido decorado de tal forma que transmitía calidez y una sensación hogareña. Entonces, por pura curiosidad, busqué algo que me pudiera dar una pista acerca del fantasma, o de Petra. Casi de forma inmediata mis ojos se posaron sobre un retrato de una mujer adulta, la cual, tenía cierto parecido con la anciana.
-Oh, ¿te interesa ese retrato? -dijo la mujer, al darse cuenta de mi indiscreción.
-Tiene cierto parecido a usted -dije.
-Ah sí, esa es Luciana Mendoza.
''Luciana'' pensé asombrado.
Entonces, la puerta se abrió y por ella entró otra persona, cuando observé quien era mi asombro aumentó muchísimo; era la mujer que me cerró la puerta en las narices, y descubrí un enorme parecido entre ella y la señora del retrato, mucho más que la anciana.
Algo más que noté, y que me hizo sentir muy incómodo, fue que me lanzó una mirada como diciendo ''¿Que diablos haces aquí?''. Avanzó hasta quedar a unos cuantos pasos de mí, se detuvo sin dejar de clavarme la mirada, colocó las manos sobre las caderas en una actitud demandante.
-¿Ya llegaste, Margarita? -dijo la señora.
-Oye, no es lo que crees -dije mientras levantaba ambas manos al aire, en un ademan defensivo-, a esta señora se le cayeron sus frutas y me ofrecí a acompañarla, sólo eso. Y no quiero nada a cambio.
-Entonces ya te vas ¿cierto? -respondió ella, enfatizando esta frase.
Sin oponerme, le desee buena tarde a la señora, quien me dio una naranja en agradecimiento y me dirigí a la salida. Durante el trayecto de la cocina a la puerta sentí la fría mirada de Margarita, como un gato que ve irse a un visitante no deseado.
Una vez fuera confieso que aspiré hondo.
-Con que se llama Margarita -susurré-, encantadora ¡En muchos aspectos!
De forma accidental, había logrado entrar a la casa, y aunque no descubrí algo que me ayudara en mi misión, pero al menos había conocido un aspecto desconocido de la leyenda.
Sin embargo, eso no me bastaba, debía obtener el diario de Petra, pero ¿cómo debía proceder?
Al otro día, para intentar distraerme, decidí dar un pequeño paseo por los alrededores del pueblo.
Una de las cosas en que los pueblos superan a las ciudades, en especial si están en zonas rurales, es su abundancia de naturaleza; colinas, montes, praderas y otros lugares donde la vida silvestre abunda, además de la gran variedad de platas y animales que nos hace recordar cual fue, o tal vez cual debería ser, el sitio de la humanidad en el mundo.
Caminaba por una vereda flanqueada por árboles, en las ramas se podían ver distintos animalillos entretenidos en sus propios asuntos. En definitiva trataré de salir más al campo, si es que este asunto termina bien.
Pero la tranquilidad que me había invadido fue ahuyentada por un suceso imprevisto; mientras avanzaba por el camino vi alguien tirado en el suelo. Me detuve, dudando, pero la curiosidad pudo más y me sentí impelido a acercarme. Ya me había acercado unos pasos más cuando me llevé un gran sobresalto; era la anciana del día anterior.
Me acerqué presuroso, tenía los ojos cerrados como si estuviera inconsciente pero comprobé que respiraba, aunque lo hacia de forma entrecortada; se agitaba ligeramente y hablaba como en sueños.
-¡No! ¡Petra! ¡Por favor perdónanos! ¡Nuestra familia ya no es culpable de nada!
Me quedé muy extrañado, tratando de comprender que sucedía, cuando noté movimiento cerca. Levanté a vista rápidamente y me pareció ver a alguien ocultarse detrás de un árbol. Aunque fue por unos momentos pero pude identificar quien era.
-¡Qué le hiciste! -exclamé, elevando la voz.
Pero no obtuve respuesta.
Sin pensarlo más, tomé a la señora en brazos y regresé a toda prisa hacia el pueblo. Después de varias miradas y comentarios de asombro, me indicaron cómo llegar con el doctor más próximo; el galeno nos recibió y dejé a la señora en la camilla que me indicó; mientras la atendía llegaron algunos policías quienes me interrogaron. A pesar de las sospechas que pudiera levantar, los servidores de la justicia no se vieron muy suspicaces, hasta incluso creí ver que sólo me interrogaban por pura obligación.
-Después de todo, el fantasma de Petra los odia -dijo uno de ellos.
Otro, queriendo parecer más responsable -o amenazante-, me dijo que hablarían de nuevo conmigo.
Bueno, no sabiendo qué hacer, me dispuse a retirarme, cuando entró Margarita por la puerta, rauda como un vendaval que presagia una tormenta.
-¡Tú! -exclamó furiosa al verme.
-¡Yo no hice nada! -dije, alarmado.
Parecía que iba reñirme más, pero me dejó donde estaba y pasó al interior de la clínica. Creí que sería prudente irme, así que me retiré.
Una vez más estaba en el mismo banco del parque, un lugar que ya se estaba haciendo habitual. Me sentía decaído, y los ánimos que me dio el paseó se habían esfumado por completo.
-Qué bien, parecía que ya estaba logrando algo, pero la mala fortuna me cayó encima, ahora todo el mugroso pueblo tendrá otro motivo para desconfiar de mí. Pero, ahora que recuerdo, me pareció ver a Petra cerca de donde encontré a la señora ¿Acaso le hizo algo?
Pero mis lamentaciones se vieron interrumpidas por una presencia inesperada; noté que Margarita venía caminando hacia mí. Por unos momentos sentí deseos de irme, pero eso sólo iba a empeorar la opinión que ya tuviera de mí, así que me puse en pie y esperé a que ella llegara.
-¿Cómo está la señora? -pregunté, para suavizar su humor, ya que no se veía muy alegre que digamos.
Pero no contestó, mi amabilidad se estrelló sobre su semblante irritado.
-Quiero que me digas, aquí y ahora, que tienes que ver tú en todo esto -dijo, sin rodeos- ¿Para que estás investigando la leyenda de Petra? ¿Quien te dijo que nuestra familia está relacionada?
Quedé un poco azorado por su demandante actitud, pero eso me dejó en claro que debía responder, sin tardanza ni evasivas.
Le dije quien era y a lo que me dedicaba, el motivo de mi viaje al pueblo y la razón del porqué estaba investigando más a fondo la leyenda. Durante toda mi narración no dejó de clavarme la mirada, pero cuando terminé su expresión se suavizó.
-Te juro por lo que quieras que no tenía intención de perjudicar a tu familia -continué hablando-, sólo saber lo necesario para publicar un pequeño reporte en mi portal de noticias paranormales, y tampoco tuve algo que ver con lo que le ocurrió a tu madre. Como ya dije sospecho que el susodicho fantasma le hizo algo.
Margarita hizo una mueca de fastidio y suspiró.
-Ese asunto del fantasma en verdad es una molestia que viene acosando a mi familia desde hace tiempo -comentó-, se dice que la primera vez que apareció, nuestra antepasada Luciana enloqueció y se quitó la vida. Y desde entonces se aparece frente a nuestra casa cada semana, pero no siempre, como tu haz dicho; hubo veces que no se le vio en meses, incluso en años, pero por alguna razón comenzó a hacerlo de nuevo y con más frecuencia. Ahora esa maldita aberración se le apareció a mi madre.
-¿Le hizo algo? -pregunté, con sincera preocupación.
-No, sólo está muy alterada, lo poco que me pudo decir fue que el fantasma le dijo ''¡La verdad debe saberse!'', hasta donde sé, pocas veces había hablado directamente con alguien; sospecho que tiene que ver con que la misión que te enjaretó, la muy desgraciada.
Me sentí muy aliviado de que me hubiera creído, y no pensara que le estaba mintiendo o que me había vuelto loco.
-Pero, sospecho que no es un fantasma, como ella quiere hacernos creer.
-¿No? -preguntó ella con interés.
Le relaté esas ocasiones donde el fantasma no se comportaba como uno, sino como alguien más vivo. Margarita escuchó atentamente, pero su semblante no mostraba emoción alguna.
-Pues si no es un fantasma, ¿qué cosa es?
Y ahí fue donde ya no tenía respuesta, sólo me quedé callado sin saber qué decir, me sentí como un estúpido de nuevo.
Ella se fue de vuelta a la clínica, y yo a mi habitación de hotel.
Mis ánimos estaban por los suelos; justo cuando creí que estaba un paso más adelante para resolver el misterio, retrocedía varios pasos atrás. Estaba de nuevo en un punto muerto.
Mientras estaba pensando en lo que podía hacer, alguien tocó a mi puerta. Por un momento creí que era el fantasma, así que me sentí molesto.
-¿Noel?
Para mi gran sorpresa reconocí la voz, sin más dilación abrí la puerta.
-Hola -saludó Margarita-, espero no molestar.
-¡En lo absoluto!
No logré disimular la emoción de mi voz, pero no me importó.
-Mi madre quiere verte, el asunto del fantasma la ha afectado mucho, cree que si te ayudamos tal vez todo se solucione.
Me quedé unos momentos en mi lugar, asombrado de como las cosas se estaban desarrollando.
Los dos nos dirigimos apresuradamente hacia la casa. Caminábamos en silencio y aunque me hubiera gustado iniciar alguna conversación, se veía que Margarita no estaba de ánimo para pláticas, como ya era de noche la oscuridad y la soledad de la calle sólo aumentó el pesar que sentía.
Entramos a su casa y lo primero que vimos fue a su madre, sentada en una silla y a su lado una mesita con una taza humeante de té.
-Te agradezco que vinieras, Noel -fue lo primero que dijo la señora al verme.
''Como tu sabes, nuestra familia está relacionada con la Leyenda de la Mala Hija; desde hace casi dos siglos, cuando nuestra antepasada, Luciana Mendoza murió debido a la locura provocada por el fantasma, hemos sido afectados por la ira del espectro de Petra; desde entonces se nos aparece, justo afuera de la casa. Lo haca de forma regular, siempre llegando muy noche, golpeando la puerta cuatro veces mientras llama a Luciana. Por alguna razón que no comprendemos dejó de hacerlo durante varios meses, incluso años, pero ha reanudado su acoso contra nosotros.
''Pero mi hija me ha contado que hiciste contacto con ese espectro, quien te ha encomendado sacar a la luz la verdad de la leyenda. Para mi eso es el destino, y lo veo como un acto de Dios, espero que con la verdad por fin los Mendoza seamos perdonados, y dejemos de sufrir.
Estiró su mano, que se agitaba ligeramente.
-Esa puerta da al almacén de la familia -dijo con tono de voz vehemente-, ahí están guardados todos los objetos de interés que se ha reunido a lo largo de muchos años, aunque no estoy segura pero ahí encontrarás lo que estás buscando, el diario de Petra. Que mi hija Margarita te ayude a buscar.
Margarita se dirigió a la dichosa puerta y la abrió yo entré en pos de ella.
Con lo primero que nos topamos fue una basta colección de trastos y polvo. Observé con cierto fastidio el almacén, pero Margarita puso manos a la acción, y definitivamente yo no tenía otra opción así que me uní a ella.
Pasamos cerca de media hora hurgando entre el polvo y baratijas, pero no encontramos nada. Dejé de buscar y comencé a observar atentamente todo lo que me rodeaba; era fascinante ver todos estos objetos de distintas épocas, algunos de ellos bien podrían estar en un museo.
-Oye -dijo la voz de Margarita.
Me volteé a verla y vi que sostenía en manos un cuaderno de pasta dura.
-Encontré esto en un estante.
Y me lo entregó. Sin dudarlo más lo abrí.
Lo primero con lo que me encontré fueron hojas amarillentas en blanco. Continué pasando las páginas y comenzaron a aparecer dibujos; flores, animales, esbozos de personas. Páginas más adelante los dibujos fueron reemplazados por letras; esbozos torpes, típicos de un niño de primaria. Pero, conforme pasaba las páginas las letras feas mejoraron hasta ser de una excelente caligrafía.
-Parece que es el cuaderno de un niño -comentó Margarita.
Seguí pasando las hojas y encontramos el inicio de un texto; al parecer, Petra ya había empezado a escribir su diario. Las primeras partes sólo hablaban de su vida diaria, pero eran relatos sin valor para mí, aunque confieso que hubo algunos que me llamaron la atención.
...19 de febrero de 1823.
...''¿Sabes? Me encontraba caminando cerca del cerro El Pelón, dando un pequeño paseo, cuando me ocurrió algo muy emocionante ¡Encontré a alguien muy interesante! Por un momento me asusté mucho, pensé que era un alma en pena; tiene forma de persona pero es transparente, como si fuera de cristal. Pero cuando se me pasó el susto, inicié una plática con él. Me dijo su nombre, pero es tan difícil pronunciarlo, así que lo llamé Petra, igual que yo..
En las tres hojas siguientes, Petra describía a su nuevo amigo, y las cosas que platicaba con el. Mientras leía hubo algo que me llamó la atención, una parte donde escribió ''¡Usó magia o algo así, y se transformó en mí!'' pero continué leyendo. No mencionaba algo de más utilidad, así que empezaba a aburrirme mucho. Entonces, llegó a una parte que despertó mi interés de nuevo.
...24 de marzo de 1823
...''No puedo creer que me esté pasando esto ¿porqué yo? Tiene que ser una injusticia porque yo no he hecho algo para merecerlo ¡Mis padres han muerto!
''Había tomado unas tijeras y corría con ellas, cuando mi padre me llamó la atención; me regañó por usar sin cuidado algo tan peligroso y me las quitó. Pero dio un mal paso y se tropezó... ¡se clavó las tijeras en el cuello! Yo comencé a gritar. Aterrada, mi madre llegó asustada por mis locos alaridos, y ella misma comenzó a gritar, fue hasta las escaleras, pero no tuvo cuidado y también se tropezó, rodó por ellos y llegó al piso de abajo, muerta.
''¿Porqué Dios me hace esto? ¿Qué he hecho yo para merecerlo?
Bueno, esto lo confirma, tal y como contaban las crónicas del sacerdote de esa época, Petra no tuvo nada que ver con las muertes de sus padres, y tampoco ocurrieron por causas paranormales; sólo lo imprevisible de la vida es el responsable. Pero faltaba más.
...23 de abril de 1823.
Hace ya un mes que a mis padres se les dio santa sepultura, y me he sentido muy desdichada. Me acogió la hermana de mi madre, y desde entonces me la he pasado muy mal. Horarios muy estrictos, no me permite ni salir de su casa, así que tampoco tengo amigos. Ella me castiga pegándome muy fuerte, por cualquier excusa, hasta el más mínimo error. Le rezo a Dios para que me ayude en estos momentos tan terribles, pero hasta ahora no ha respondido a mis ruegos. Lo bueno es que ayer en la noche recibí una grata sorpresa; ¡mi amigo me visitó! De alguna forma logró encontrarme, dijo que necesitaba información acerca de este planeta, y que yo debía dársela ¡Qué cosas tan raras me dice! Pero bueno, como pude, y usando mis libros, le conté todo acerca del globo, así estuvimos hablando hasta altas horas de la noche.
...01 de julio de 1823.
Comencé a sentirme mal, me dio un dolor muy fuerte en el vientre, creo que la comida me hizo mal, o tal vez los malos tratos de mi tía ya me están afectando. Hoy no escribiré mucho porque quiero descansar. Pero, aún así, espero que mi amigo misterioso me venga a visitar de nuevo.
En los días siguientes, Petra narraba la evolución de su extraña enfermedad además del acoso de su tía, la cual, al creer que el fin de su sobrina se acercaba, la presionaba para que la nombrara como heredera. A pesar que los sucesos aquí contados habían transcurrido hace mucho tiempo, comencé a sentir un verdadero desprecio por esa mujer. Pero me espabilé y continué leyendo.
...25 de septiembre de 1823.
Diario, me siento muy mal, el vientre me duele de forma terrible, día y noche siento esa tortura que parece no acabarse nunca. El doctor lo llamó cáncer, y que no tiene cura; menos mal, al menos pronto me reuniré con mis amados padres.
Ahora que mi tía está pronta a quedarse con todo parece que su forma de ser ha cambiado; me trata mejor que las veces anteriores, pero eso no importa ya, hay un Dios y el ve todo, y él será quien nos juzgue cuando llegue el Fin.
Una de las pocas cosas buenas, es que mi amigo misterioso no dejó de visitarme; todas las noches se aparece, así, de la nada. Me cuenta muchas cosas, todas ellas acerca de su viaje. Me ha contado que ha viajado a través del espacio, visitando muchísimas estrellas y planetas, hablado con distintos seres y visto el mismo número de civilizaciones. Yo no puedo ni imaginarme las cosas que dice, ¿acaso existen otros mundos donde hay personas? Siendo sincera, le tengo una gran envidia, él -bueno, no sé si es muchacho o muchacha-, como decía, parece que no sufre de enfermedades; hasta podría decir que vivirá para toda la eternidad.
Me ha dicho que planea hacer algo para ayudarme, no sé que será, pero esperaré con ansias; puede ser que en todos sus viajes haya aprendido cosas que los hombres como nosotros apenas y somos capaces de comprender.
El diario de Petra termina hasta aquí, las demás páginas están en blanco.
Margarita y yo nos miramos, como indecisos acerca de lo que se debía de hacer.
-Bueno, supongo que esto cuenta como la verdad detrás de la leyenda -dije, aunque no sonaba muy convencido.
-¿Qué harás ahora? -dijo Margarita.
-No sé, hacer una exposición usando este documento y las crónicas del sacerdote para contarle a la gente la verdad.
-Bueno, cualquier cosa que hagas, si vez de nuevo a ese espectro ¿podrías decirle que ya deje en paz a mi familia? Luciana fue la que trató mal a Petra y ya pagó su falta. Sus descendientes no tenemos porque cargar con esa culpa.
-Lo haré -le prometí.
Tomé el diario y ambos salimos de la bodega.
-Mamá, creo que...
Pero los dos nos quedamos petrificados; detrás de la señora, había una figura alta y fuerte que cubría la boca de la señora con una mano y en la otra portaba un arma. Justo a nuestro lado apareció otro individuo, que igualmente nos apuntó con una pistola. Ambos tenían el rostro cubierto.
-No se muevan -dijo en tono amenazante.
Margarita quiso lanzarse en ayuda de su madre, pero el malandro que la tenía de rehén hizo ademán de hacerle daño; la pobre mujer tuvo que reprimir su instinto filial, noté que en su mirada había más rabia que miedo.
-Bien, calladitos están mejor -dijo uno de los maleantes-, no hagan nada estúpido y no pasará nada. Ahora, díganme donde tienen cosas de valor.
-No tenemos nada así -contestó Margarita, quien a duras penas dominaba su ira-, joyas, plata o algo parecido.
-¿Una familia rica como ustedes y me dices que son pobres? No me digas idioteces, puta.
Este apelativo poco caballeresco no agradó para nada a Mago -permítaseme este cariñoso apelativo-, a quien los ojos le chispearon por la rabia, pero al ladrón le agradó ver la reacción de ella.
-Tengo dinero en mi cartera, llévenselo y déjenos en paz -intervine, para calmar los ánimos.
-No queremos tus malditos pesos, ''Endiablado'', estas brujas tienen dinero escondido por aquí, y no tenemos mucho tiempo así que nos lo dan o...
Y apunto hacia la anciana.
¡Maldita sea! ¿Cómo fue que la situación se puso así? Estos malparidos aparecieron de la nada, al parecer ya tenían todo planeado.
Intenté tranquilizarme para idear algún plan que nos pudiera sacar de esta situación, pero no se me ocurría nada; joder ¿porqué en las películas el personaje principal sí es capaz de hacer algo?
Pero, el desfile de situaciones irreales no había terminado aún, ya que justo en medio de la sala apareció alguien más, literalmente se materializó del aire.
Todos nos quedamos mudos por el asombro, pero la señora hizo un gesto dando a entender que la repentina aparición la perturbó más que el asalto.
-¡Petra! -exclamó con voz ahogada.
Inmediatamente el ser se elevó en el aire y comenzó a brillar.
-¡Aaaaaahhhhh!
Lanzó este grito con un tono sepulcral, como salido de ultratumba.
-¡Es el fantasma de Petra! -exclamó atemorizado uno de los ladrones.
El otro, sin embargo, por alguna razón no se veía muy convencido.
Hay veces, que cuando la situación se da, debemos aprovechar la oportunidad que tengamos, y mi cuerpo decidió hacer precisamente eso, sin siquiera consultarlo con mi cerebro el cual sólo fue arrastrado a la acción al igual que yo, por así decirlo; cuando me di cuenta ya estaba encima del ladrón que había tomado a la señora como rehén, forcejeando con todas las fuerzas que tenía, y con el pensamiento nublado por la descarga de adrenalina.
En el forcejeo logré alejarlo de la anciana quien por toda respuesta se arrojó al suelo. Margarita, por su parte, también se había lanzado contra el otro atacante tratando de arañarle el rostro con sus largas uñas postizas. Durante el tumulto estalló un disparo, fue sólo en ese entonces que mi mente se despejó y volteé a ver hacia donde había provenido la detonación; para mi gran sorpresa vi a Margarita en el suelo, con un agujero en el vientre por donde salía un chorro de sangre. La anciana soltó un grito de terror al ver a su hija herida de muerte, y yo me quedé estático por el sopor.
-¡Maldita gente estúpida! -gritó iracundo el ladrón-, ¡eso pasa por no hace caso...!
Pero inmediatamente soltó un alarido de dolor y el arma cayó al suelo; la mano le colgaba completamente inerte, en un sólo instante su muñeca había sido dislocada. Acto seguido, en un abrir y cerrar de ojos fue arrojado a través de la ventana por una potente fuerza misteriosa.
-¡Ah! -gritó el otro ladrón.
Y le disparó al fantasma de Petra, el cual todavía tenía la mano extendida hacia donde había estado el otro malandro. El espíritu cayó al suelo y dejó de brillar. Antes de que ocurriera otra cosa enterré mis dedos en los ojos del sujeto, quien dejó caer su arma y lanzó un grito. Me sentía completamente encendido, mis deseos de lanzarme sobre él y molerlo a golpes eran fuertes, pero fueron interrumpidos por los lamentos de la anciana.
-¡Margarita! ¡Hija mía!
La señora observaba a su hija, incapáz de hacer algo por ella; Margarita se sostenía el vientre mientras intentaba mantener la calma. Olvidé al malandro y me acerqué presto hacia ella, en ese momento el ladrón aprovechó para salir huyendo.
Ya estaba marcando el número de emergencias, sin saber siquiera si tenía cobertura en una zona rural.
-Hazte a un lado -dijo una imperiosa voz.
Sentí que algo me quitaba de en medio, y observé al susodicho fantasma acercarse a Margarita, noté que tenía un agujero donde antes debía estar el ojo derecho, pero también observé que no sangraba, y tampoco parecía tejido orgánico, era como si le hubieran disparado a un bloque de gelatina.
Margarita la observó ceñuda, mientras que su madre quedó estupefacta por lo que ocurría. Rápidamente, el fantasma colocó ambas manos sobre la herida y comenzaron a brillar; Margarita soltó un gemido de dolor, y su madre hizo un gesto de pánico.
-Tranquila -dijo el fantasma, en un tono firme pero amable.
Margarita continuaba gimiendo de dolor mientras duró esta operación, y minutos después el fantasma retiró sus manos, abrió una de ellas y en la palma vi que tenía el proyectil.
-He extraído la bala y regenerado los tejidos dañados, está fuera de peligro pero debe recibir atención médica, perdió algo de sangre.
Y después se giró hacia la anciana.
-Familia Mendoza, perdono sus faltas cometidas contra Petra, vivan en paz de ahora en adelante.
Acto seguido se puso de pie y se dirigió hacia una ventana, la abrió y salió por ella; una forma muy poco fantasmal de irse.
Bueno, para resumir las cosas, la policía llegó poco después y encontró afuera de la casa al ladrón con la mano fracturada, inconsciente; su cómplice fue atrapado días después.
Margarita fue llevada al hospital del pueblo cercano, donde se comprobó que no tenía herida alguna, y sólo le administraron algo para acelerar la generación de sangre. A mí me tocó la parte más tediosa; tuve que rendir declaración de lo que había sucedido. Como no tenía nada que ocultar, y no había otra posible explicación, conté como había ocurrido todo, sin omitir ningún detalle. Sin embargo, a pesar de lo conocida que era la leyenda de Petra, el jefe de policía no me quiso creer ni jota; no lo culpo, después de todo es una historia muy fantástica, pero ¿qué más podría decir? Afortunadamente mi historia fue reforzada por los testimonios de la señora Mendoza y ambos ladrones, quienes estaban muertos de miedo creyendo que el fantasma de Petra los había maldecido.
-Bueno -dijo el alguacil, rascándose la cabeza por el caso tan insólito que le tocó-, aunque no eres sospechoso de algo, pero te recomiendo que no te vayas hasta que esto se haya esclarecido.
Pues aunque quisiera todavía no podía irme, aún tenía un trabajo por terminar. Mira, querido lector, a esas alturas ya niego la condición de ultratumba del fantasma, así que no me preocupaba la maldición que me había lanzado aquella vez, pero no podía dejar la historia de Petra así; en verdad la gente debía saber la verdad. Usando las antiguas crónicas del sacerdote y el diario de Petra, armé una pequeña exposición, y le pregunté al cura si me daba un poco de tiempo en uno de sus sermones para exponer mi historia, para sorpresa mía el prelado no se negó, de hecho, se mostró muy cooperativo; tiempo después se supo que uno de los ladrones era su sobrino, vaya ironía.
Bueno, el domingo llegó y al terminar la misa el cura hizo un anuncio; todo mundo se sorprendió pero nadie se fue, esperaron a que armara mi exposición. Dije lo que tenía que decir y se acabó ¡por fin había cumplido mi misión después de tantos sucesos tan repentinos! Era libre.
Pero los feligreses no se veían muy convencidos, y dudaban de la veracidad de mi relato.
-Hijos míos -comenzó a decir el cura-, bien dice la palabra de Dios: ''No hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido''. A pesar de que haya pasado tanto tiempo, la verdad ha salido a la luz; la maldad de Luciana Mendoza quedó al descubierto y la inocencia de Petra ha sido demostrada; murió aquejada por una terrible enfermedad y su reputación fue mancillada, pero ahora sabemos que ella en verdad fue una fiel hija de Dios hasta el último momento. Haré una misa para pedir por el descanso de su alma, quien quiera acompañarnos será bien recibido.
Afortunadamente, si no me creyeron a mí y las pruebas que presenté, este pequeño sermón del cura bastó para convencerlos.
Aquella misma tarde me dirigí hacia el cerro ''El pelón'', era hora de concluir todo esto. Cuando llegué a la base hice una mueca de fastidio, con tan sólo imaginarme tener que subir por la ladera llena de matorrales y terreno desigual se me hacia un fastidio. Suspiré molesto y me dispuse a subir, cuando noté que a unos metros a mi izquierda se abría un sendero que ascendía hasta la cima. Me le quedé viendo unos momentos, sintiéndome como un tonto al no haberlo visto la primera vez que vine, pero en mi defensa era de noche y tenía la cabeza alborotada por el encuentro con el fantasma. Tomé el sendero, y aunque tardé más tiempo en llegar a la cima pero al menos fue más cómodo.
Desde la cima se tenía una espectacular vista de los alrededores, y las montañas se veían más imponentes; un escenario muy diferente de la noche oscura de aquella vez. Pero rápidamente mi atención fue atraída por una figura que observaba hacia el horizonte; me acerqué a ella sin más dilación.
-Bien, está hecho, la verdad de la historia ha salido a la luz, no la aceptarán de momento pero con el tiempo será reconocida.
El fantasma seguía observando hacia el horizonte, llegué a creer que no me había escuchado. Entonces, ella se giró y me observó con atención.
-Muy bien, justo a tiempo.
-¿Y ahora qué? -pregunté, con cierto interés.
-Sólo el tiempo lo decidirá, pero como haz mencionado, Petra ha sido vindicada, la injusticia fue reparada.
-Y ahora que mi encomienda ha sido cumplida, hay algunas preguntas que no dejan de molestarme, y están relacionadas contigo.
El ser me observó con una expresión de ligera sorpresa.
-Tú no eres un fantasma -dije, sin rodeos-, si tuviera que adivinar, eres ese amigo misterioso que la original Petra encontró aquí, hace dos siglos. Supiste que era maltratada por su tía, y cuando murió quisiste vengarte fingiendo ser el alma en pena de la chica; Luciana perdió la cordura y se suicidó, y para mantener el recuerdo de tu amiga continuaste con tu papel de fantasma durante todo este tiempo ¿cierto?
El ser no me respondió, pareciera que mi suposición no le afectó en lo más mínimo. Solamente volteó a ver de nuevo al horizonte.
-Cuando llegué a este planeta, después de viajar por el espacio, solamente pretendía quedarme un tiempo para recargar energías, y partiría hacia mi destino final.
''Durante toda mi existencia, y a pesar de que había visitado cientos de mundos y conocido igual cantidad de civilizaciones, muy pocas veces había tratado con otros seres pensantes. Sólo eran una curiosidad pasajera. Pero me encontré con esa humana, y no sé el motivo pero hubo algo en ella que destacó; pudo ser su forma de ser vivaz y curiosa; una insaciable sed de conocimiento que era manifestada por un torrente de preguntas que parecía no tener fin, o pudo ser algo más. Tal vez, el sentimiento de que mi final estaba cerca me impulsó a tratar con esa humana, porque siendo sincera ustedes, los ''homo sapiens'', son una raza muy primitiva y simple; están formados por tejidos orgánicos y requieren de muchos recursos para continuar viviendo.
''Bueno, entablé amistad con esa joven y le conté todo lo que ella deseaba saber. Pero como tú sabes, las cosas pasaron y ella murió; fue en ese entonces que tomé conciencia de la fragilidad de su especie.
Pero qué cosas, no es un fantasma, ¡estaba hablando con un extraterrestre de verdad!
-Y tienes razón -continuó hablando el ser-, fingí ser el fantasma de Petra para vengar los malos tratos que recibió, y para que no fuera olvidada; aunque no tomé en cuenta que inventarían esa estúpida leyenda en torno a ella.
-Pero, he observado que tienes poderes sorprendentes, ¿no podrías haberlos usado para sacar a la luz la verdad acerca de Petra? Porque fue muy molesto tener que cumplir con la misión que me encomendaste.
-Como dije antes, estoy casi al final de mi existencia, debido a ello mi generador de energía está muy gastado; las pocas cosas que haz visto como flotar, emitir luz, y sonar fantasmal me cuestan mucho realizarlas. Una vez quise modificar mi apariencia para aparentar ser un humano adulto, pero me costó mucho mantener esa forma y gastaba mucha energía.
-Ahora que recuerdo, Petra mencionó en su diario que tú tomaste su apariencia.
-Adopté esta forma definitivamente para no gastar más energía regresando a mi forma anterior. Ademas que descubrí que esta forma es más eficiente.
-Pero, tengo otra duda, si eras el fantasma de Petra, ¿porqué abandonaste tu lugar de actividad?
-Después de todo, aunque son una civilización primitiva pero debía saber más de ustedes. Así que viajé por todo su mundo, durante distintos años, para conocer las culturas que estaban desarrollando.
-¿Y porqué iniciaste este viaje?
-¡Eres tan preguntón como ella! -exclamó el Viajero Estelar- Dime, si tuvieras un tiempo de vida casi infinito, y la capacidad de viajar grandes distancias sin necesitar vehículos o algún otro medio, ¿acaso no iniciarías un peregrinaje por el espacio para saber que hay ahí afuera? Todas las civilizaciones que conocí tenían este deseo intrínseco en sus mentes; ustedes son unos de tantos próximos viajeros espaciales.
¡Sorprendente! ¡Esta ha sido la mejor historia que he escuchado en años! Ningún relato de apariciones, seres críptidos u otro bicho paranormal se puede comparar a esto; hablar con un ser extraterrestre y que este me confirme que hay seres pensantes en otros mundos.
-Pero todo eso se acabó -continuó hablando el ser-, así como el Universo tuvo un inicio y tendrá un final, lo mismo le ocurre a todo lo que hay en el, no importa que puedas vivir milenos, o millones de años. Quise morir siendo devorada por una estrella, pero haber conocido a Petra cambió mis planes, aunque podría considerarlo como mi retribución por haberle dado muerte a ella.
-¿Qué? -exclamé, azorado.
El ser me observó con una expresión de tristeza.
-Intenté curarla del cáncer con mis poderes, pero algo salió mal y su enfermedad se hizo más agresiva; durante un día completo sufrió dolores terribles por mi culpa. Así que hice la única cosa que se podía hacer; la sumí en un sueño profundo, después le provoqué un fallo respiratorio y cardíaco. Murió mientras soñaba que se había reunido con sus padres.
Esta revelación me dejó sin habla, fue algo totalmente inaudito. Entonces, como si fuera el clímax de una obra de teatro, un evento inesperado sucedió; un brazo se desgarró a la altura del codo y cayó al suelo, donde se desintegró hasta convertirse en polvo.
-¿Eh? -dije, estupefacto.
-Creo que ya es hora -dijo El Viajero, sin inmutarse.
Así, de forma progresiva, cada parte de su cuerpo se desgarró y caía al suelo donde se desintegraba. El vestido había desaparecido dejando al descubierto un cuerpo sin ninguna característica física visible; senos, ombligo o las marcas de los músculos bajo la piel, nada, era como ver a un maniquí.
Esta bizarra desunión continuó, imparable como el tiempo, hasta que sólo quedó la cabeza flotando en el aire y la cabellera siendo mecida por el viento.
-¡Buuuuuh! -dijo el fantasma como su última manifestación.
Y el viento se llevó su cara convertida en partículas. El fantasma había muerto en verdad.
Y así me quedé, con la misma expresión de sorpresa, y un sentimiento de impotencia. Durante un tiempo no supe qué hacer, sólo observé también hacia el horizonte; tal vez el Viajero Estelar contemplaba el futuro que ya no vería, o rememoraba el pasado del que fue participe, cual haya sido el motivo creo que comprendí su melancolía; toda una vida de viaje y descubrimiento se terminaba en la punta de un cerro, sin la posibilidad de que alguien la conociera. Sin embargo, al menos yo ya había decidido que iba a hacer; así como el Viajero mantuvo viva la memoria de Petra, yo también honrare su sacrificio al contar esta historia, la plasmaré en un libro y haré que sea conocida por todo mundo; la historia del fantasma que, por amor, se quedó atorado en nuestro tiempo.