jueves, 2 de abril de 2026

Seres del viento


El mar de nubes era cambiante, nunca estaba tranquilo. Ya fuera que el viento soplara de forma suave o a velocidades huracanadas, las formaciones nubosas siempre estaban en movimiento; eso fue lo que descubrió la tripulante de un pequeño esquife. Un aparato cuya estructura principal era el armazón de una aeromoto, unida a una vela triangular vertical, y otra más pequeña localizada en la parte de abajo; la propulsión era generada por un rotor sacado de un sistema de enfriamiento. Usando tan precario medio de transporte, V45 se lanzó desde la flotante estructura del centro de investigación hacia el mar de nubes.

El escape había sido un éxito, aunque no fue planeado de forma meticulosa pero lo logró, escapó de ese agujero donde sólo había sufrimiento. Pero no contó con el variante clima del exterior; cuando escapó de madrugada, la velocidad del viento era la óptima, una ligera brisa que soplaba hacia el sur, pero cuando el sol comenzó a despuntar el viento aumentó hasta convertirse en ráfagas casi de tormenta. Pero eso a ella no le importaba, sólo quería huir sin importar el destino, aunque fuera la muerte.

El Sujeto V45, como la llamaban en el centro de investigación, observó hacia el horizonte, pero todo lo que vio fueron nubes; no había signos que le indicaran la proximidad de algún refugio seguro, al menos aún no la perseguían.

"¡No puede ser!" pensó alarmada "¡en la computadora del centro vi un mapa que mostraba tierra!"

Apretó los dientes, sintió que la frustración la embargaba al darse cuenta que muchos aspectos de su escape no fueron considerados, entre ellos asegurarse que llegaría a un lugar seguro donde esconderse, pero estaba tan desesperada que no consideró muchas cosas, sólo escapar.

Sintió una sacudida y escuchó un crujido, cuando vio hacia abajo descubrió que la vela inferior colgaba de forma precaria. Perdió estabilidad y el esquife comenzó a moverse como un pájaro herido. Temiendo perder sustentación y caer dentro del mar de nubes, V45 tuvo que estirarse desde su asiento, y después extender un brazo hacia la unión de la vela y el resto del vehículo. Pero sus dedos apenas y lograban tocar la unión por mucho que se estirara.

El índice y el pulgar lograron aferrarse al tornillo, comenzó a girarlo lentamente cuando una ráfaga golpeó al esquife y arrancó la vela, V45 gritó asustada y rápidamente recuperó su posición; tomando los rústicos mandos del aparato y luchando por controlar su errático movimiento. Pero todo fue inútil, el esquife se sacudía sin control y perdía altitud. Rápidamente el aparato comenzó a descender con un movimiento errático, se precipitó dentro de las nubes y V45 soltó un grito de terror.

En una isla de roca y tierra, dos criaturas se dedicaban a sus propios asuntos. Iban de allá para acá, oliendo, saboreando y observando. Si una persona las viera las describiría como dientes de león de gran tamaño que se mueven a voluntad, flotando. El cuerpo principal, de forma esférica, consta de cientos de filamentos largos; de color blanco, unidos a un núcleo esférico donde están resguardados sus órganos vitales; por último, sus órganos sensoriales constaban de dos pares de ojos de color rosado y de forma avellanada, dispuestos en un arreglo diagonal. En medio del cuerpo sobresalía una probóscide desde donde salía una larga y finísima lengua. Del cuerpo principal salía una larga cola prensil, cubierta de bello blanco, reafirmando su apariencia de dientes de león. Se desplazaban mediante levitación, manipulando los campos magnéticos a su alrededor.

Estos curiosos seres se pasaban el mayor tiempo de su vida buscando comida, viajando entre las distantes masas de roca y tierra que flotaban en el mar de nubes. Se movían siempre juntas, escudriñando sus alrededores. Sus finas lenguas se agitaban fuera del pico, atrapando cualquier molécula que les indicara la presencia de comida. Una cosa a notar, era que continuamente emitían un bip bip; y si encontraban algo de interés repetían esa onomatopeya hasta ser casi irritante.

Una de estas criaturas se había apartado un poco de su compañero; su sentido del olfato le indicó unos arbustos donde podría encontrar alimento. Comenzó a inspeccionar la zona, sacando su lengua y agitándola en el aire para detectar la presencia de comida, pero en cambio saboreó algo muy distinto; detectó trazas de metal, circuitos quemados y otros materiales sintéticos, pero además hubo otro sabor inusual, aunque no desconocido.

-¡Bip bip bip bip bip bip! –comenzó a chillar.

Su compañero lo escuchó y rápidamente se dirigió hacia él.

V45 se sentía miserable; su vehículo estaba completamente destruido, y ella era incapaz de repararlo, aunque afortunadamente no cayó hacia el vacío y en cambio se estrelló contra una isla flotante; pero eso no mejoraba su situación. Tenía hambre, frio, estaba varada en un planeta desconocido y muy probablemente el personal malévolo del centro de investigaciones ya la estuviera buscando, sin contar con que tenía un brazo fracturado. ¿Cómo pudo pasar todo eso? ¿Cómo es que su vida cambió de forma tan radical? Hacia unos días ella se embarcaba en una nave junto a sus padres; dejando atrás la estación espacial que orbitaba un gigante gaseoso, y viajarían hacia una colonia situada en un planeta terraneo donde iniciarían una nueva vida, pero cuando despertó del sueño criogénico descubrió que estaba atada en una cama de hospital; con una simple bata en vez de su ropa y con su humanidad arrebatada.

-"Ahora eres el sujeto V45" – le había dicho un investigador.

De pronto un extraño sonido le llegó a sus oídos, y cuando levantó la vista descubrió con horror que su situación podría empeorar. Frente a ella habían aparecido dos criaturas extrañas; unas esferas de pelos blancos y ojos rosados, con dos largos tubos por donde salían una lengua muy delgada y que tenían largas colas blancas. A pesar de lo aterrorizada que estaba, se dio cuenta que parecían dientes de león de gran tamaño.

-¡Bip bip bip!

No cesaban de emitir ese ruido mientras la observaban, después las dos se observaron entre sí mientras sacudían sus cuerpos esféricos. Una de ellas se acercó lentamente hacia la chica, quien llena de pánico gritó tan fuerte como pudo para intentar ahuyentarlas, y aunque la criatura se detuvo –más extrañada que asustada-, se mantuvo observándola con interés. V45 quiso agitar un brazo pero de inmediato sintió una terrible punzada de dolor, plegó su brazo sobre su cuerpo y gimió adolorida. Las dos criaturas se observaron con la misma expresión de extrañeza, volvieron su atención a la chica y sacudieron sus lenguas hacia ella. V45 retrocedió asqueada de ver esos largos apéndices, que se movían como serpientes hacia su dirección. Sorpresivamente tropezó con una parte del estructura de su malogrado esquife y cayó hacia atrás, danto un terrible sentón sobre una roca. Soltó un gemido de dolor, pero fue abruptamente interrumpido cuando sintió una sensación viscosa en su brazo lastimado; una de las criaturas había enredado su lengua en el.

-¡No! ¡Suéltame! –gritó la chica horrorizada.

El ser movía su órgano mientras estaba enrollado, emitiendo un bip bip bip pausado, casi complacido. La otra criatura tomó la cola de su compañero y ambas comenzaron a brillar, e inmediatamente V45 sintió una extraña sensación en su brazo; sentía que algo se movía entre los músculos, como un gusano que se retorciera entre la carne. La pobre chica solo pudo gritar de forma lastimera. Con la otra mano intentó quitarse de encima al aberrante ser, pero el miedo que sentía era tal que no tenía fuerzas.

Durante toda la operación, V45 se limitó a llorar y suplicar porque todo terminara; le recordó al breve, pero terrible, tiempo que pasó en el centro de investigaciones; pruebas, inyecciones de sustancias desconocidas, y las frías e inexpresivas expresiones de los investigadores que sólo buscaban resultados. De "humanos" no tenían nada, salvo la forma.

Y así como empezó el ataque terminó, de forma brusca e intempestiva. La criatura desenrolló su lengua del brazo de la chica, y junto a su compañero se alejaron. V45 continuaba llorando, afectada por el extraño encuentro. Al ver su brazo fracturado, cubierto de saliva extraterrestre, sintió una oleada de asco y enojo, se limpió frenéticamente la zona con la mano del otro brazo sano... para descubrir que no sentía dolor. Extrañada, V45 palpó la zona donde estuvo enrollada la lengua, su sorpresa fue enorme cuando notó que ya no le dolía. Movió el brazo en varias direcciones y lo sacudió de forma brusca, después, tomó una piedra y le levantó; se sorprendió mucho al notar que podía sostenerla, y que su brazo no le molestaba. En verdad su brazo había sido curado, de alguna forma esas extrañas criaturas sanaron hueso y músculos.

V45 buscó con la vista a sus inesperados salvadores, los descubrió levitando a lo lejos, buscando comida entre las rocas y los arbustos.

Las criaturas estaban ocupadas buscando entre unos matorrales, donde habían olfateado una posible comida. No notaron que V45 también se había acercado. Ahora que estaba sana, su estómago demandaba su total atención; en verdad, es uno de los órganos más tiranos del cuerpo humano.

Con mucho cuidado, comenzó a buscar entre las ramas espinosas de los arbustos; después de unos segundos encontró un pequeño racimo de unos frutos royos y diminutos. V45 los observó, y sin pensarlo mucho los arrancó de la rama y se dispuso a llevárselos a la boca, cuando una lengua más ágil que sus dedos se las arrancó de la mano.

-¡Oye! –se quejó- ¡Eso es mío!

Observó molesta al delión –así decidió llamar a esas criaturas-, quien arrojó al suelo las bayas, para frustración de la chica. Sin embargo, el ser metió su lengua entre las ramas del arbusto, y la sacó llevando consigo un racimo lleno de bayas de color negro. De forma abrupta se las entregó a V45 y continuó buscando comida.

La chica, estupefacta por este comportamiento, solamente observó el racimo que le entregaron.

-Tal vez las otras eran venenosas –dijo, pensativa.

El sol de ese extraño planeta ya se ocultaba por el horizonte. A pesar de su situación, V45 encontró bello el atardecer; ver como la luz del sol moribundo le daba una coloración anaranjada al mar de nubes le provocaba una sensación de paz. Si la situación fuera muy diferente hubiera deseado quedarse a vivir ahí, pero desgraciadamente no lo era; aunque no había probabilidad alguna, debía buscar la forma de escapar de ese planeta, y alejarse del centro de investigación.

La noche llegó y con ella la necesidad de buscar un refugio para dormir. El aire comenzó a soplar y la temperatura descendió. V45, quien sólo tenía una simple bata de hospital como única indumentaria, sintió que el frío le calaba los huesos. Se dirigió al lugar donde estaban los restos de su esquife y como pudo logró arrancar un trozo de la vela que quedaba. El tejido era poco maleable pero al menos era grueso, y podría ofrecerle cierta protección contra el ambiente.

Después de buscar durante unos minutos, encontró un recoveco entre unas rocas donde sería protegida del frio viento nocturno. Se acomodó lo mejor que pudo y cubriéndose con su manta improvisada se acostó. Sin embargo, no tuvo un sueño tranquilo; tenía pesadillas donde rememoraba las terribles experiencias que había vivido. Se replegó en sí misma, sus manos asieron con fuerza el trozo de vela y deseó con todas sus fuerzas que todo aquello sólo fuera un mal sueño. Solamente debía despertar y se daría cuenta que en realidad estaba junto a sus padres, en la colonia planetaria que se convertiría en su hogar, pero su realidad fue otra. Estaba sola, perdida en un mundo extraño, y la habían sometido a experimentos aberrantes. Comenzó a llorar, maldiciendo su situación y a quienes le hicieron daño.

De pronto una sensación opresiva la envolvió, y su cuerpo sintió calor. Para su gran sorpresa, descubrió que estaba en medio de los delions; sin que se diera cuenta las criaturas se acostaron junto a ella, y sus cuerpos le proporcionaban el calor suficiente para pasar bien la noche. Inicialmente sintió una oleada de miedo, pero extrañamente se tranquilizó de inmediato. Hasta ahora, esas criaturas no se habían mostrado agresivas; le curaron el brazo, y después evitaron que comiera bayas venenosas, ahora se acurrucaban junto a ella para proporcionarle calor. Probablemente no fueran simples animales, podría ser que fueran inteligentes. Por ahora no tenía forma alguna de averiguarlo, V45 solamente se sumió en un sueño profundo junto a sus inesperados compañeros.

Al otro día, los tres seres se dedicaron a la interminable búsqueda de alimento. V45 –cuyo verdadero nombre logró recordar, y era Alicia-, había encontrado una semilla que le llamó la atención; era grande, del tamaño de una pelota y tenía la cáscara muy dura. Cuando observó el árbol de donde había caído logró reconocerlo inmediatamente; era un coco, una planta nativa de la antigua Tierra.

Sin más preámbulos, Alicia golpeó el coco contra una roca hasta que la dura superficie se partió. Acercó la boca al orificio y sorbió el agua que contenía; inicialmente encontró el sabor desagradable, pero el hambre y la sed le quitaron lo quisquillosa y la bebió toda. Golpeó de nuevo el coco hasta que se abrió por completo, usando una piedra afilada arrancaba trozos de la blanca pulpa para comerla, hasta que dejó la cáscara vacía.

Mientras suspiraba satisfecha, descubrió que los delions la observaban atentamente.

-Bip bip bip bip

Ambas criaturas repetían su extraño llamado, mientras observaban a Alicia y los restos de su almuerzo. La chica señaló hacia el cocotero cercano, el cual estaba cargado de fruta. Las dos criaturas se elevaron y usando sus colas cortaron algunos cocos, después regresaron con ella. Alicia tomó uno de ellos y se dispuso a golpearlo con una roca, para enseñarles a sus compañeros la forma de comerlos, cuando uno de ellos la detuvo.

-¿Eh? –dijo, confundida.

La criatura hizo levitar el coco, y ayudado por el otro le hicieron un agujero usando sus finas lenguas a modo de probóscide de mosquito; de esa forma lograron llegar al interior donde sorbieron sin derramar ni una gota de agua, e igualmente comieron la pulpa.

Alicia los observó sorprendida.

-Vaya, eso sí que es...

A lo lejos le llegó un sonido apagado, pero que se intensificaba de forma gradual. Alicia observó inquieta a todas partes, reconocía ese sonido.

Sin embargo, no podía divisar la fuente de ese ruido. Llena de ansiedad, comenzó a sentir un miedo que aumentaba conforme el sonido se acercaba. Los delions simplemente la observaron confundidos, pero ellos también escucharon el rumor que aumentaba rápidamente. Alicia corrió despavorida, conocía lo que se acercaba, y era consciente de que si la encontraban en campo abierto la atraparían.

Mientras buscaba con la vista un lugar donde esconderse, notó una abertura en entre un grupo de rocas, donde crecía los arbustos. Sin pensarlo más corrió hacia el lugar y deslizándose se metió debajo de las matas de hierba.

Ahí se quedó, completamente quieta, pero había algo que le extrañó, el sonido dejó de escucharse. Las criaturas se habían acercado, observándola entre las ramas con expresión inquisitiva; tal vez se preguntaba a que estaba jugando su compañera. De pronto, en uno de los extremos de la isla flotante, apareció intempestivamente una nave. De grandes dimensiones y de aspecto amenazante, el vehículo sobrevoló lentamente la isla, era obvio que buscaban a Alicia. Los delions voltearon a ver le vehículo, sumamente intrigados.

-¡Bipbipbipbip! –repetían sin cesar.

Alicia contenía el aliento, observaba a esa oscura amenaza que descendió hasta quedar a tan sólo unos metros del suelo. La chica notó que en la parte inferior tenía una lente de forma esférica, que giraba en todas direcciones; aunque no era una experta en tecnología pero sospechaba que ese aparato estaba analizando los alrededores.

Los delions se acercaron al vehículo, casi de forma apresurada.

-¡Bipbipbip!

Emitían su curioso llamado mientras analizaban de cerca este nuevo visitante. Con sus lenguas recorrían cada tramo de la superficie, recolectando información de la nave.

"¡Pero que hacen!" pensó Alicia, alarmada.

De pronto, la nave retrocedió unos metros, como queriéndose quitar de encima a las molestas criaturas, pero estas solamente lo siguieron. Entonces, de un costado se abrió una compuerta por donde apareció un hombre armado, apuntó a uno de los delions y abrió fuego; ocurrió una explosión y trozos del cuerpo de la criatura volaron por todas partes. El cuerpo del delion cayó al suelo donde pronto un charco de un líquido rosado lo envolvió.

Alicia estaba aterrada, había observado estupefacta cómo habían eliminado a una criatura que era completamente inofensiva. El otro delion se había alejado cuando ocurrió el disparo, pero al ver el cuerpo de su compañero se acercó rápidamente hacia él.

-¡Bipbip! ¡Bipbip!

El llamado era más pausado, y con un tono lastimero.

Alicia continuó observando, presa del terror mientras la nave continuaba en su sitio en medio del aire. Entonces, la nave se elevó y aceleró alejándose de la isla. La chica no se movió de su lugar sino después de un rato, cuando estuvo segura que sus perseguidores ya se habían ido.

Salió a rastras de su escondite y se dirigió hacia donde había caído el delion. Lentamente se acercó, mientras dominaba las náuseas provocadas por ver trozos de piel con algunos blancos pelos todavía adheridos, desperdigados por doquier. Algunos intestinos estaban a simple vista y el resto del cuerpo estaba rodeado por un charco del líquido rosado, probablemente su sangre. Sin embargo estaba vivo, de alguna forma el ser había sobrevivido al ataque, pero agonizaba.

-¡Lo siento tanto! –exclamó Alicia adolorida mientras se acercaba.

El otro delion acercó su cara al cuerpo caído de su compañero, alargó su lengua y toqueteó el rostro del herido, después, los dos entrelazaron sus lenguas.

-Bip, bip –chilló el delion herido.

Alicia lo observaba, incapaz de hacer algo por él. Un odio profundo comenzó a surgir en su interior; la habían secuestrado para usarla en experimentos aberrantes, y ahora habían herido de muerte a un nuevo amigo. Aunque conoció por poco tiempo a las personas del centro de investigaciones, pero ya les tenía un odio desmedido.

Ayúdame...

-¿Eh? ¿Quién dijo eso? –dijo Alicia viendo hacia todas partes.

Ayúdame...-repitió la voz de nuevo.

La chica observó de nuevo a sus alrededores, pero no vio a nadie más, salvo a los delions. Entonces, una idea asaltó su mente. Observó de nuevo a las criaturas, asombrada, a menos que ya estuviera perdiendo la razón.

-¿Ustedes dijeron eso? –le preguntó al delion sano.

Ayúdame...

Se quedó estática por unos momentos, presa de la estupefacción. El delion que estaba sano se acercó a ella y la tomó de un brazo usando su cola prensil, después haló de él como invitándola a acercarse a su compañero caído. Alicia se reusó por uno momentos, pero se dejó convencer por la suave, aunque persistente solicitud de la criatura. El ser la guió cerca del herido, hasta que los pies de Alicia se empaparon con la sangre rosada. Sintió repulsión pero no se alejó; no quiso hacerlo, o más bien, algo le impedía alejarse.

El delion ahora le hiso hincarse, sus rodillas también se empaparon de sangre; Alicia soltó un grito de sorpresa, pero se tranquilizó casi de inmediato.

Ayúdame...

La chica observó el cuerpo desgarrado; con los intestinos desperdigados, la piel chamuscada y los ojos fijos en ella. Entonces, por algún impulso extraño, estiró las manos y las hundió en la masa de tripas y carne; sintió una súbita oleada de asco, pero de forma inmediata desapareció. Mientras tanto, el otro delion no quitaba sus cuatros ojos de ella, y si Alicia lo hubiera observado notaría el extraño brillo que era emanado de ellos.

-¿Qué estoy haciendo? Yo... ¿Eh? ¿Qué ocurre? Yo...

Alicia quería reaccionar de acuerdo a la situación, pero por alguna razón no podía; la sorpresa, nauseas, desagrado e ira eran borrados en su mente apenas y surgieran, como la fugaz luz de una luciérnaga. Entonces, algo cubrió sus manos; una capa de tejido comenzó a reptar sobre su piel, cubriendo centímetro a centímetro e introduciéndose por los poros hasta llegar al interior de su cuerpo. Rápidamente subió por sus brazos, llegó a los hombros, continuó hasta cubrir toda el área adyacente al cuello, de ahí se distribuyó; una parte comenzó a bajar por el pecho mientras que otra continuó por la espalda. Alicia notó como eso subía por su cuello hasta cubrir su mandíbula inferior, continuó por sus mejillas y se dirigió hacia otras partes de su cara. La chica debía de estar gritando de horror en esos instantes, pero esa misteriosa influencia continuaba sojuzgando su mente, manteniéndola tranquila. Logró girar su cabeza hacia el delion restante y descubrió de donde venía esa influencia. Minutos más tarde todo el cuerpo de Alicia fue cubierto por ese tejido invasor.

El tejido dejó de moverse y se asentó en su nuevo cuerpo, después, un bello blanco creció cubriendo toda la superficie; en la cara aparecieron dos pares de ojos blancos con pupilas de color rosado; sólo la boca, la nariz y las orejas fueron los remanentes de lo que alguna vez fue un cuerpo humano. El proceso había terminado.

-¡Bipbipbip!

El delion restante flotaba alrededor del nuevo ser, como si estuviera emocionado por haber atestiguado el nacimiento de una nueva forma de vida.

-¿Así me veo ahora? –dijo el ser.

Era la voz de Alicia, e incluso su mente continuaba existiendo, pero se había fusionado con la conciencia del delion moribundo. Observó su nuevo cuerpo, todo cubierto de bello blanco; a cambio de este inconveniente, descubrió que podía sentir nuevas sensaciones desconocidas para un humano.

Mientras continuaba su examen físico, el viento comenzó a correr; las hojas de los arbustos y la hierba se mecieron a su paso.

El delion restante se acercó a su nueva compañera y la observó mientras emitía su sempiterno llamado.

-Sí, es hora de irnos –dijo Alicia.

Cerró sus ojos y en su rostro apareció una expresión compungida, como si estuviera realizando un gran esfuerzo. Entonces, de su espalda comenzó a brotar una protuberancia; primero una bola, y después creció hacia arriba, alargándose. Lentamente continuó brotando hasta sobrepasar la cabeza de Alicia; pareciera que le creció un tallo de la espalda. Después, en la punta se formó una esfera que aumentó de tamaño hasta que "floreció"; se había formado un diente de león, compuesto de bellos.

-¡Bipbipbipbip! –chilló alegre el delion restante cuando vio esta transformación.

Alicia dio un pequeño salto mientras el viento soplaba, y la estructura atrapó una ráfaga que la arrastró, alejándola de la isla flotante. Rápidamente, el otro delion la siguió y cuando la alcanzó se asió del tallo que le salía de la espalda.

De esta forma ambas criaturas partieron hacia el horizonte; el delion, habitante natural del planeta, y Alicia, fusionada con el delion que estuvo a punto de morir. Se libró de sus perseguidores, sin embargo, también de los lazos que la ataban a sus padres, si es que aún vivían. Ahora el viento era todo lo que necesitaba, además del otro delion.




 

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