jueves, 2 de abril de 2026

Isla a la deriva.

 

Bueno, no sé si me creerán o no, después de todo la maestra de español nos dejó de tarea escribir anécdotas que viviéramos en las vacaciones , así que escribiré esta porque fue lo que me ocurrió en mi viaje ; como dije, la maestra sabrá si me cree o no.

Mi familia y yo fuimos a vacasionar al pueblo costero donde vive el hermano de mi padre y su familia. Hacía tiempo que no nos veíamos así que era obvio que mis primos estaban más que contentos en verme y viceversa. Después de los abrazos, besos en la mejilla y comentarios tales como "¡haz crecido mucho!" o "qué grandota estas" etc, etc. nos acomodamos en un hotel y el resto del día me la pasé en salir con mis primos y entretenernos con cualquier cosa.

Al otro día, decidí ir de paseo al muelle seguida de mis primos Abel y Jacinta; hermano mayor y hermana menor. Durante la caminata me la pasé admirando las embarcaciones que se movían al vaiben de las olas; pequeñas lanchas pesqueras, lanchas rápidas y yates de lujo. Como chica de ciudad que soy, rara vez tengo oportunidad de observar cosas que son ajenas al lugar donde vivo, como el azul del cielo que se fundía en el horizonte con el mar, y los barcos. Mis primos, obviamente, no sentían la misma emoción por algo que era ta común para ellos; en cambio, ellos me preguntaban acerca de cosas que ocurrían en la ciudad.

Así nos la pasamos platicando, cuando repentinamente nos topamos con alguien.

-Oh, es Francisco -dijo Abel, como si nos hubiéramos encontrado con un bicho raro.

Cruzado de brazos y con la vista fija en algún punto en el horizonte, estaba frente a nosotros Francisco, o ''Paco'', como se le llamaba comúnmente.

Francisco era un caso extraño; cuando él era muy pequeño lo habían encontrado varado en la playa, completamente sólo. Cuando lo llevaron al hospital no dejaba de tener alucinaciones; entre sueños hablaba un idioma extraño. Su aparición suscitó muchos rumores; afortunadamente, a pesar de que su caso fuera muy extraño, no faltó alguien que lo acogiera; una señora cincuentona llamada Matilde.

De esta forma, Francisco no creció sólo. Con el paso del tiempo los pueblerinos le restaron importancia al suceso y consideraron al chico como un extranjero que fue abandonado por sus verdaderos padres.

Bueno, regresando a la historia; Francisco estaba viendo hacia el horizonte, como un explorador que trata de vislumbrar su próxima aventura. Sin embargo, no respondió cuando Abel lo saludó, es más, parecía que ni notaba nuestra presencia; tenía clavada la vista hacia el mar.

-Ah, hola chicos -dijo como si en verdad apenas se hubiera dado cuenta de nuestra presencia.

-¿Qué hacías? -le pregunté.

-Por estas fechas aparece la Fantasma -dijo con sencillez

Déjenme que les explique; la Fantasma se refiere a una leyenda local de los pescadores. Se supone que en cierta época del año, por las noches, se aparece una isla algo lejos de la costa; no está registrada en ninguna carta de navegación, ya sea moderna o antigua. Incluso en los tiempos prehispánicos los antiguos pobladores tuvieron avistamientos de la isla, la cual creían que era un lugar donde se podía entrar en comunión con los dioses y cosas así.

-¿Estás seguro? -dijo Jacinta.

-Dicen que se aparece cada quince años, y ya ha transcurrido ese tiempo desde la última vez que apareció. Ya es hora, ya es hora.

Y regresó a ver hacia el mar.

Algo que no he mencionado, es que Paco apareció el mismo día que esa dichosa isla, hace quince años.

-¿Y eso te interesa tanto? -dijo Abel en tono desdeñoso.

-Planeo ir ahí.

Todos nos quedamos de una pieza cuando dijo esto.

-¿Quieres ir a esa isla fantasma? -dijo Jacinta, con cierto asombro en su voz.

-Sí -dijo Francisco con contundente sencillez.

Abel se quedó callado, pero noté que lentamente en su cara pecosa comenzaba a dibujarse una expresión como la de un malo de película a quien se le ocurre una mala idea.

-¿Podemos ir contigo?

-¿Qué? -exclamé asombrada.

-Si quieren -dijo Francisco, a quien parecía no importarle mucho.

-¿Y es seguro? -pregunté.

-Oh... ¿la ''Nerdita'' tiene miedo? -dijo Jacinta maliciosa.

Ah sí, ''Nerdita'', el estúpido apodo que mis primos me pusieron porque soy más aplicada que ellos en la escuela.

-¡Para que sepas que no tengo miedo, pinches costeros! –exclamé furiosa.

Así es, una de mis flaquezas es que me molesto con facilidad, en especial si usan mi maldito mote.

Al otro día le dije a mi papá que iríamos a dar una vuelta en una lancha que sería conducida por mi primo; una de las malas aptitudes de mi padre es que es muy crédulo, y más cuando su mente está nublada por la alegría y el alcohol; su hermano y él les gusta empinar el codo.

Una hora después, seis tontos, abordo de un mísero bote partían del muelle; mis dos primos, Francisco, dos chicos que se nos unieron de último momento -Luis y su hermana Lola-, y yo, Magdalena.

Nos dirigíamos hacia el nordeste, en la dirección donde según dicen que se aparece la dichosa isla; aunque ya habíamos navegado más de una hora y no había nada a la vista, solo el enorme mar azul.

Francisco estaba en la popa de la lancha, manejando el motor. Durante el inicio del viaje se le veía tranquilo, pareciera que no le importaba que nos dirigíamos a una isla fantasmal por su propia iniciativa; tenía el aspecto de un lanchero que lleva de paseo a unos latosos turistas.

Aunque podría ser un bonito paseo por mar, no por eso me sentía menos preocupada, más cuando nadie sabía que iríamos tan lejos; mis primos solo miraban emocionados al frente, Luis compartía su entusiasmo, por otro lado su hermana solamente se dedicaba a ver su celular.

-Esto es una pérdida de tiempo –exclamó Lola de repente.

-Sí, aquí no hay nada –secunde yo con la esperanza de regresar a la seguridad de tierra firme.

-¿Ya tienen miedo las mujeres tan rápido? –dijo burlón Abel.

-¡Óyeme pendejo! –se quejó Jacinta dándole un zape en la cabeza-, ¿qué quieres insinuar?

-¡Ay! –exclamó Abel.

-Cuando regresemos le diré a papá que tú tienes su caja de cigarros y que los fumas –dijo Lola para desquitarse de la injuria que recibimos las féminas.

El terror se apoderó del rostro de Luis cuando oyó la amenaza de su hermana.

-No iremos muy lejos, solo una milla más y si no vemos nada nos regresamos –dijo Francisco mientras conducía el bote.

Miré de nuevo al frente esperando ver algo, cuando lancé un grito. De hecho todos lanzamos exclamaciones semejantes de sorpresa, ¡una isla había aparecido justo frente a nosotros!

-¡Pero si al frente no había nada! –exclamó Luis.

-¡No, apareció de repente! –dijo Jacinta en un hilo de voz.

-¿Y aun así vamos a ir? –pregunté con la esperanza de que se hubieran desanimado.

Pero cuando vi la expresión de Francisco, supe que mis esperanzas eran en vano; la tranquilidad que mostró en el trayecto se desvaneció de su cara; tenía la vista clavada en la isla.

Afortunadamente el desembarco fue sencillo, el bote logró sobrepasar las olas y llegamos a una playa de arena blanca. Entre los seis empujamos el bote hasta que quedó varado en la playa, por precaución, Francisco sacó el ancla del bote y la dejó en la arena; si subía la marea no arrastraría nuestro único medio de salida de ese lugar.

Y ahí estábamos los seis, parados en fila observando. La verdad no sé qué esperábamos, ¿qué apareciera un comité de bienvenida y nos recibieran entre aplausos y con música de banda? Mirábamos a nuestro alrededor pero no había nada de raro, solamente árboles y playa.

Entonces, repentinamente, Francisco comenzó a caminar hacia el interior de la isla.

-¿Francisco? –dije sorprendida.

Por algún extraño impulso lo seguí y todos vinieron detrás de mí.

Ahora el estado de ánimo de todos había cambiado; de estar emocionados por vivir una aventura como si fuéramos piratas en una tierra exótica, ahora todos guardábamos silencio y nos sentíamos cohibidos, mirando a todos lados como si estuviéramos en una casa de los sustos. Abel y Jacinta caminaban muy pegaditos, Luis y Lola se comportaban de la misma forma; yo también compartía la misma emoción, sólo Francisco iba a la delantera sin detenerse ni un momento.

-Oigan, solo veamos un poco y después nos vamos, ¿está bien?

Muy a mi pesar mis palabras sonaron como las de una chica asustada, pero ¿como diablos no me iba a sentir así? Estábamos caminando en una isla que forma parte de una leyenda, y ah, claro, ¡se llama la Fantasma!

Afortunadamente nadie se burló de mi; como mi voz rompió el silencio auto impuesto todos voltearon a verme asustados.

-Solo un ratito y nos iremos –dijo Jacinta nerviosa.

Esta vez Abel no se atrevió a burlarse; llevaba en la mano un machete, el único medio de defensa que teníamos por si algo pasaba, pero se sacudía en la mano insegura de mi primo. Así avanzamos hacia el interior de la isla.

Como se consideraba un lugar maldito, en cualquier momento esperábamos encontrar fantasmas o monstruos aterradores que nos atraparían y convertirían en lo mismo que ellos, o peor aún, seríamos su alimento.

Miraba a mis alrededores, intentando buscar algún peligro inminente, pero de hecho yo había empezado a notar algo.

-Qué lugar tan extraño –dije sin dejar de observar.

-Sí –dijo Luis-, está muy solo, no hay gente.

-No solo eso, miren –y señalé hacia los árboles.

Todos dirigieron su vista en la dirección que apuntaba mi dedo.

-¿Qué? ¿Qué nos quieres mostrar? –preguntó Jacinta.

-Los árboles, ¿no notan algo raro?

-No –dijo secamente Abel.

-¿No se dan cuenta que este tipo de árbol no se da por estas latitudes? Son robles y olmos, árboles típicos de los bosques y zonas frías.

-¿Y eso te parece raro? –dijo Lola mirándome como si fuera una tonta.

-Tiene razón –dijo Francisco-, estos árboles no se dan por aquí, son de tierras frías.

-Y hablando de frío, ¿ustedes han notado que no hace calor? Desde que llegue al pueblo me he estado quejando del calor que hace, pero aquí no se siente; de hecho noto que está templado, e incluso tengo una sensación de frío.

Todos callaron y se quedaron quietos un momento.

-Tienes razón –dijo Jacinta asombrada-, no hace calor, y en verdad hace un poco de frío.

Algunos chicos incluso comenzaron a frotarse los brazos que tenían descubiertos, ya que generalmente usan camisetas para soportar el calor. Después de esta pequeña revelación seguimos caminando.

Durante el trayecto no vimos nada raro, salvo que todo estaba muy silencioso, ni siquiera el viento corría; es más, ni escuchábamos ruidos de animales: ni un chillido, algún trinar de un pájaro o algo que nos dijera que había vida.

En el camino encontré un pájaro muerto pero no pude saber que especie era. Pero cuando lo observé noté algo muy peculiar, tuve deseos de estudiarlo más pero con solo pensar en revisar un animal muerto que de seguro apestaba y que pudiera tener gusanos –sobre todo eso-, me dio mucho asco y lo dejé justo donde estaba.

Entonces, nos topamos con el inicio de un camino; Francisco se había detenido, justo en la entrada.

-¿Sucede algo? -le dijo Lola.

El chico tenía la vista fija en el camino; al contrario de lo que uno se esperaría, tenía el aspecto más normal del mundo, una brecha abierta entre la maleza que había sido empedrada.

-¿A dónde llevará? -dije mientras observaba hacia adelante.

-A un pueblo -contestó Francisco.

-¿Cómo lo sabes? -le pregunté, extrañada.

Sin responder, Francisco dio un paso adelante y comenzó a caminar por el sendero; e igualmente todos lo seguimos.

Nada en especial sucedió durante el trayecto, el camino seguía y seguía, atravesando el extraño bosque.

-¿Saben? -dijo de pronto Abel- para ser una isla misteriosa me resulta muy aburrida.

-Sí, tienes razón -le contestó Luis-, me esperaba algo más ''misterioso'', no sé, monstruos o algo así.

-¿Como ''La Cosa''? -preguntó Jacinta.

-¡Ay no! -exclamó Lola aterrorizada- ¡cualquier cosa menos eso!

Querido lector, si ya viste esa película comprenderás el temor de Lola, caso contrario... es tu elección.

-Oigan -dije incrédula ante su aptitud-, estamos en una isla que sólo se aparece una vez quince años, y lo viene haciendo desde hace muchísimo tiempo, si es verdad que los aztecas también sabían de ella ¿y ustedes no están emocionados?

-Bueno, sí que estoy algo emocionado -contestó Abel- pero hasta ahora no hemos visto algo que en verdad le valga el título de ''misteriosa'', sólo un bosque y este camino.

-¿Saben lo que sí me parece misterioso? El comportamiento de Francisco, se ve muy raro desde que llegamos a esta isla -dijo Jacinta.

Voltee a ver a Paco, temiendo que la brusca sinceridad de Jacinta lo hubiera ofendido, pero él ni se dio cuenta o la ignoró, seguía a la vanguardia de nuestro grupo.

-Oye ¿ya haz estado aquí antes? -dije elevando la voz.

-Eso es lo que quiero saber -contestó Francisco.

Repentinamente, el camino nos sacó del bosque, pero llegamos a otro lugar extraño, aunque era mucho más bonito que ese bosque. Ante nosotros se mostraba una pradera de grandes extensiones; al fondo se podía apreciar una enorme montaña, con su sima blanqueada por la nieve; era en verdad un escenario sacado de una fotografía, de esas que imprimen en los calendarios.

-¡Qué bonito! -exclamé.

-Sí, bonito y todo lo demás, pero sigue sin ser muy misterioso que digamos -dijo Abel con sarcasmo.

-Ay, como eres quejumbroso -le replicó Jacinta.

-¡Miren! -dijo Luis señalando hacia el frente.

Todos volteamos a ver y descubrimos un pueblo.

-¡En verdad hay un pueblo! -exclamé emocionada.

-Vamos -dijo Francisco con premura.

Todos nos observamos asombrados, pero sin decir alguna objeción seguimos a Paco.

El miedo que sentíamos cuando llegamos a la isla se había desvanecido; todos estábamos alegres y emocionados como si estuviéramos en un paseo dominical, y el ambiente que nos rodeaba aumentaba nuestro buen estado de ánimo. Pero cuando llegamos al pueblo nuestra alegría aumentó.

-¡Qué bonito es todo esto! -comentó Lola.

Las casas y demás construcciones tenían un diseño sencillo pero moderno; todas estaban construidas con un material parecido al acrílico de color blanco, el techo era de azul suave y algunas tenían líneas de color dorado.

-Parecen de juguete -dijo Jacinta.

Pero nuestra alegría se vino abajo cuando, a unos metros más adelante de nosotros, vimos un cuerpo en el suelo; sentí un escalofrío que me recorrió la espalda.

-¡Un muerto! -exclamó Lola, aterrada.

Francisco inicialmente compartió nuestro miedo, pero lentamente se acercó al cadáver.

-No es una persona -dijo elevando la voz.

Nadie le creyó, todos lo miramos con la duda en nuestros rostros. Vimos como se agachó y haciendo un esfuerzo le dio vuelta al cadáver.

-Vengan, les digo que no es un muerto -repitió.

Pero no le creíamos, comenzamos a pensar que ya estaba loquito. Entonces, logré observar algo en ese cadáver que me llamó la atención. Lentamente me acerqué, hasta quedar a un lado de Francisco, y observé al difunto.

-Un momento -dije perdiendo todo el miedo-, esto no es una persona ¡es un robot!

-¿Qué? -dijo Abel, incrédulo.

-¡Estás loca! ¡Los dos lo están! -espetó su hermana.

El grupito que dejamos atrás comenzó a lanzarnos distintas imprecaciones, parecían un grupo de urracas haciendo ruido.

-¡Miedosos! ¡Miedosos! ¡Todavía orinan la cama los bebés! -contraataqué.

Francisco soltó una risilla, y para darme apoyo les lanzó una mirada burlona; aunque, contrario a lo que yo esperaba, nuestras burlas solamente provocaron que los ruidosos se hicieran más ruidosos. Ya les estaba lanzando otros insultos en respuesta cuando noté que Francisco siguió adelante; ignoré a los demás y lo seguí.

Nos adentramos en el misterioso pueblo, avanzando por lo que parecía ser la calle principal. Todo el lugar se veía abandonado, sin algún signo de actividad; en varias partes nos encontramos con robots; tirados en el suelo, otros sentados en alguna banca e incluso unos aún en pie, pero completamente inmóviles.

-¿Qué les pasó, se les habrá terminado la batería? -pregunté.

-Puede ser -me respondió Francisco.

De pronto escuchamos un fuerte ruido a nuestras espaldas, volteamos a ver rápidamente y vimos uno de los robots que encontramos de pie, tirado en el suelo y justo a un lado Lola tenía la mano extendida; al parecer la chica había tocado a la máquina y esta perdió el equilibrio.

-¡Yo no hice nada! -exclamó nerviosa- ¡solo lo toqué un poco y cayó al suelo!

-Oh ¿decidieron seguirnos los miedosos? -dije en tono burlón.

-¿Qué dijiste? -exclamó Luis, molesto.

-Ya déjenlo, sigamos adelante -dijo Francisco.

Reunidos todos continuamos nuestro camino, con Paco siempre a la delantera.

-Y bueno ¿a dónde vamos exactamente? -preguntó Jacinta.

-No sé -respondí.

Continuábamos siguiendo a Paco, quien de forma inconsciente nos estaba llevando hacia algún lugar. Dejamos atrás el pueblo y avanzamos por otro camino empedrado que atravesaba la pradera.

De nuevo comencé a preocuparme ¿hasta dónde seguiríamos caminando? Recordé que, según la leyenda, esta isla sólo permanecía un tiempo en el mar para después desaparecer; no quería desaparecer junto a ella dejando atrás a todo lo que conocía.

-¿Y si ya nos vamos? -dije, sin avergonzarme de mi tono preocupado.

-Oh ¿ahora tiene miedo la nena de ciudad? -dijo Jacinta burlona.

-Tiene razón -intervino Abel-, ¿hasta donde seguiremos caminando? Recuerden que esta isla desaparece, mejor debemos irnos ya...

Pero nos detuvimos de forma brusca, incluso yo choqué contra Francisco quien se había detenido sin previo aviso.

-¡Ay! ¿Qué ocurre? -me quejé.

Pero Francisco ni en cuenta, parecía que su mente no estaba en este mundo. Observaba atentamente una casa que estaba a un lado del camino.

-¿Paco? ¿Te encuentras bien? -le preguntó Luis.

El chico se veía muy nervioso, como si se le quisiera declarar a la chica que le gusta. Veía con ojos muy abiertos la casa.

-He tenido muchos sueños -comenzó a contar-, donde veía la isla donde nos encontramos; después de la isla aparecía el pueblo y por último esta casa. Nunca entendí porque, pero cuando me enteré de la Fantasma supe que mis sueños estaban relacionados con esa leyenda, sabía que debía venir aquí.

Su tono de voz sonaba trémulo, como si estuviera sintiendo una gran emoción, mucho más grande que una simple declaración de amor.

Entonces, Francisco, siendo el líder no oficial de nuestra aventura, se encaminó hacia la casa y esta vez todos lo seguimos al unísono; queríamos saber como continuaría nuestra pequeña aventura.

Cuando entramos por la puerta, lo primero que vimos fue tristemente decepcionante; la sala se veía de lo más normal, como la que habría en cualquier casa, salvo algunos objetos de forma extraña pero de ahí en fuera nada sorprendente; vaya casa futurista.

Pero casi inmediatamente me tragué mis palabras cuando vimos que una figura se acercó a darnos la bienvenida.

-¡Un fantasma! -exclamó Abel, aterrado.

Todos nos asustamos, pero cuando observé al recién aparecido todo el miedo que sentía se transformó en asombro ¡Un robot funcionando!

-Saludos, señorito Vlaamus.

Mi emoción aumentó al escuchar el tono casi humano del robot, tristemente mis compañeros seguían asustados del ''fantasma''. Francisco en cambio, se veía asombrado.

-¿Vlaamus? ¿Yo? -dijo extrañado.

-Afirmativo -respondió la máquina- usted es hijo del señor Ernain Variux y de la señora Vida Musnok; su nombre completo sería Vlaamus Variux Musnok.

-¡Oh! En verdad suena a sacado de una historia de ciencia ficción -comenté medio en broma.

-Pues mira que nombre tan raro -comentó Abel.

-¿Qué ocurrió aquí? -dijo Francisco elevando la voz- ¿Porqué esta isla aparece y desaparece? ¿A dónde fueron todas las personas?

El robot no contestó inmediatamente, se había quedado silencioso, pero en su cabeza aparecieron unas pequeñas luces que parpadeaban.

''En el año 2060, se detectó la presencia de un asteroide que se dirigía hacia la Tierra; se calculó que tenía el doble del tamaño del que mató a los dinosaurios. Se realizaron múltiples esfuerzos por desviarlo o destruirlo pero todos fracasaron. Ante la inminente destrucción, unos científicos que habitaban este pueblo idearon un plan, construir un dispositivo que transportara a través del tiempo y el espacio toda esta isla hacia un tiempo remoto en el pasado; una vez a salvo en un tiempo tan distante los científicos idearían un plan para detener la catástrofe cuando llegara el año en que debería ocurrir .

''Después de prueba y error lograron crear dicho dispositivo y lo activaron, pero algo salió mal. La isla no fue transportada al tiempo fijado, sino a uno más reciente, pero el efecto más grave es que no se mantiene estable en el lugar donde apareció; de forma intermitente aparece y desaparece, yendo y viniendo del 2060 a siglos pasados. Los habitantes, cansados de su inestable situación, fueron abandonando la isla en las épocas donde aparecía''

-Usted, señorito Vlaamus -siguió narrando el robto-, fue el último habitante en dejar la isla; su madre murió debido a una enfermedad, su padre... desgraciadamente perdió la cordura al desarrollar una obsesión por intentar reparar el fallo y también falleció. Pero usted tenía tan sólo tres años cuando el señor Ernain murió, así que para garantizar su supervivencia yo mismo lo dejé en la costa cerca de un poblado en el año 2013, confiando su seguridad a los habitantes y por lo que puedo apreciar esa acción fue exitosa.

Todos estábamos asombrados al escuchar toda esta historia: cuando entramos a la isla, pensábamos que estaría llena de fantasmas, monstruos y otros adefesios, pero resultó ser un genial cuento de ciencia ficción.

Pero me di cuenta que estábamos siendo muy insensibles; el pobre Francisco no compartía nuestra emoción.

-¿Mis padres murieron? -dijo en tono apesadumbrado.

-Lamentablemente así es -dijo el robot-, pero estoy seguro que ellos estarían felices de saber que su hijo sobrevivió a este error fatal, y vive feliz en otro tiempo rodeado de amigos.

Como para enfatizar el comentario del robot, apoyé mi mano en el hombro de Paco; Abel hizo otro tanto mientras que Lola le tomó de una mano.

-Sin embargo, si me permite el atrevimiento, usted no debería haber regresado a esta isla, aunque claro está, usted desconoce las circunstancias acerca de esta...

De forma repentina, el ambiente tranquilo fue interrumpido por un fuerte sonido, casi de forma inmediata el suelo y toda la casa comenzaron a sacudirse.

-¿¡Qué está ocurriendo!? -exclamó Jacinta alarmada.

-Es la alarma que indica un próximo salto espacio-temporal -dijo el robot-, ¡deben irse ahora!

Todos dimos media vuelta, dispuestos a salir corriendo; Paco se quedó en su sitio, dudando en seguirnos mientras miraba al robot. Pero la máquina se echó para atrás de forma brusca e imperativamente extendió su mano señalando la salida. Abel, Luis y Jacinta tomaron a Paco de las manos y le obligaron de forma brusca a seguirnos.

Corríamos desesperados por el camino empedrado mientras todo se sacudía a nuestro alrededor; llegamos al pueblo que cruzamos como una exhalación, atrás dejamos las casas tan bonitas, conocedores del trágico suceso del que habían formado parte. Cuando llegamos a la entrada del pueblo se me ocurrió voltear hacia atrás, y descubrí una escena que me llenó de terror; de forma paulatina todo estaba desapareciendo; las montañas lejanas, la pradera y las primeras casas del pueblo, alguna fuerza poderosa estaba engullendo todo. Sentí como alguien me tiraba del brazo con fuerza para obligarme a seguir corriendo, pero ni se me ocurrió reclamarle por el trato tan poco fino hacia una dama.

Llegamos al bosque y dejamos el camino empedrado atrás, aunque el piso donde avanzábamos ya no era tan uniforme pero no nos detendríamos por nada de este mundo. Cruzamos el bosque dejando atrás los olmos y robles, sabiendo que pronto serían llevados a otro tiempo y lugar.

Irónicamente sentí que nos estaba tomando mucho tiempo atravesar el bosque, incluso llegué a creer que nos habíamos desviado en el camino a la playa. Afortunadamente divisamos la arena blanca y el azul del mar; jamás creí que me sentiría tan aliviada de ver de nuevo esa lancha vieja.

Sin dudarlo un instante nos lanzamos sobre la lancha, al unísono empujamos la proa apuntando hacia el mar y en seguida la empujamos hasta que llegó al agua. Rápidamente todos nos subimos y Francisco comenzó a encender el motor, pero la maldita porquería no quería encender. Vimos con terror como el bosque comenzaba a desaparecer rápidamente; me di cuenta con pesar que no lograríamos escapar.

Francisco hacia todo lo posible por encender el motor; pero por mas que le daba al interruptor la cosa esa sólo se estremecía como queriendo encender e inmediatamente se detenía.

-¡Enciende! ¡Demonios! -exclamaba desesperado.

Luis, ya sea por desesperación o porque perdió la razón, hizo a un lado a Francisco y él intentó encender el motor; pero todo fue en vano.

Vi como el bosque ya había desaparecido casi en su totalidad, después le tocó el turno a la playa y por último...

Todo estaba oscuro y los párpados me dolían mucho, entonces, abrí lentamente los ojos que cerré por reflejo. Poco a poco mi mente comenzó a comprender que estaba en la lancha, junto a los demás, y que el mar nos rodeaba.

-¿¡Dónde estamos!? ¿¡Dónde estamos!? -exclamó desesperado Abel.

Observé a todas partes y descubrí a lo lejos la costa, y el pueblo.

Nos quedamos todos silenciosos, como si no pudiéramos comprender lo que había ocurrido. Después, Francisco intentó arrancar el motor y este encendió; el pobre chico lo golpeó por despecho y enseguida enfiló hacia el pueblo.

Bueno, para terminar esta historia diré que nadie se dio cuenta de nuestra ausencia a pesar de que estuvimos varias horas en la isla; aquí afuera, en este tiempo y lugar, sólo transcurrió una hora.

El tiempo pasó y no supimos como deberíamos actuar respecto a lo que experimentamos: ¿contar nuestra experiencia o quedarnos callados?

-Algo me dice que nadie nos creerá -había dicho Abel.

Francisco por lo mientras se le veía más tranquilo; había desvelado el misterio de su vida y la relación entre él y la Fantasma, aunque se enteró del destino de sus verdaderos padres.

La noche anterior a mi regreso a la ciudad, lo encontré cerca del muelle. Ya no miraba hacia el mar y la isla había desaparecido; ahora tenía la vista fija en el cielo. No estaba admirando el cielo estrellado, más bien, tenía una expresión de desafío en el rostro, como si el firmamento se hubiera convertido en un enemigo a vencer.

-Tengo hasta el 2060 -fueron sus misteriosas palabras.

Bueno, esta fue mi narración de lo ocurrido durante mis vacaciones, que la maestra se lo crea o no no me preocupa. Si en Español me va mal, al menos trataré de ser muy aplicada en matemáticas; después de todo, para ser astrónoma son más que importantes. Considero que lo que nos pasó fue una advertencia; ya sabemos que en el 2060 una roca espacial se estrellará contra nuestro planetita, así que pondré de mi parte para ayudar a Francisco en lo que está planeando para esa fatídica fecha.





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