jueves, 2 de abril de 2026

El fantasma que se quedó atorado en el tiempo.

 Había manejado cerca de tres horas desde la ciudad hasta este pueblucho, situado en una zona rural del estado, todo por un video que vi en internet; ''El fantasma de la mala hija'', una grabación que apenas duraba dos minutos, donde se podía apreciar la figura de una jovencita que avanzaba levitando, después, se detenía y miraba hacia la cámara, sonreía y ahí terminaba todo.

Claro, como es costumbre, en este tipo de grabaciones abundan los desperfectos; las voces del camarógrafo y el infaltable movimiento de manos que impedía tener una toma clara. Sin embargo, este tipo de detalles es lo que le da cierta ''autenticidad'' a los vídeos de fantasmas y apariciones; si fueran demasiado limpios les quitaría credibilidad.

Ah, por cierto, me llamo Noel y me dedico a buscar todo tipo de eventos sobrenaturales; voy a donde sea que escucho una noticia interesante acerca de fantasmas, brujas, apariciones etc. Y en ese pueblo, San Lorenzo de Jacama, había una leyenda de las más interesantes.

Después de un largo y muy aburrido viaje llegué al pueblo; una curiosa colección de casas hechas de adobe junto a otras más modernas. Como nota interesante, justo a un lado del pueblo se yergue una colina, cuya cima está desprovista de vegetación.

Sintiendo hambre, decidí ir a un pequeño restaurante familiar. Durante la comida le pregunté a la dueña acerca de la leyenda; ''El fantasma de la mala hija''. La mujer se detuvo en seco y me miró unos momentos, con expresión atemorizada.

-Joven, esas cosas no se preguntan tan a la ligera.

Dicho esto se santiguó y se dirigió al interior del restaurante; cuando pedí la cuenta una mujer más joven fue la que me cobró, sospecho que era su hija.

Salí del restaurante y pasee la mirada por los alrededores, para mi fortuna había otras personas a quienes les podría preguntar; si la dueña del restaurante no me quiso decir nada siempre habría una excepción a la regla.

Bien, después de hablar con las personas que había observado me dirigí al parque, donde platiqué con otros individuos acerca de la leyenda. Por regla general, las leyendas, incluso las más tétricas, sólo son cuentos; historias pasadas de generación en generación, contadas en una velada para tratar de animar el aburrido ambiente, pero cuando hablé con los pueblerinos acerca de la leyenda tuve respuestas muy variadas; algunos se mostraron realmente atemorizados, otros no le daban mucha importancia y hubo algunos que no la conocían. En fin, aquellos que sí la conocían y que les causaba temor me contaron esto:

... allá por 1823, existía una familia acomodada en el pueblo de San Lorenzo de Jacama. Compuesta por un matrimonio y su única hija, Petra. Se dice que está chica comenzó a gustar de la brujería; hacia pactos con el diablo y mataba a todo aquel que la cayera mal, o que le causara hasta la más mínimo molestia: animales, criados y vecinos tenían muertes extrañas y terroríficas

''Un día, su padre le exigió que dejara de practicar esas cosas, y que pidiera perdón a Dios por sus pecados, la chica se molestó y mató a su padre con unas tijeras. Su madre, que había salido a un pueblo vecino, no se enteró de lo que ocurrió hasta que regresó; su hija Petra le contó mentirás acerca de como su padre había tratado de ultrajarla, pero ella se defendió. La Señora, muy perturbada, gritó de dolor y se precipitó hacia las escaleras, pero dio un mal paso y rodó por ellas llegando muerta al piso de abajo.

''Debido a sus malos actos, Dios la castigó con una enfermedad incurable, pasó muchos días y noches tendida en cama sufriendo de un dolor intenso hasta que murió. Pero su alma jamás encontró descanso, se dedica a vagar por las calles de San Jacinto convertida en un alma en pena, se dice también que visita la casa donde vivieron sus parientes los Mendoza, donde toca cuatro veces en la puerta mientras llama a su tía Luciana en voz alta. Por eso la gente evita salir muy noche, por temor a encontrarse con el Fantasma de la mala hija. También evitan ir a la punta del cerro 'El pelón', porque ahí es donde ella hacia pactos con el diablo...

Leí mis notas detenidamente, y comprendí que esta era una leyenda como cualquier otra, ¿Porqué la gente le tendría tanto miedo? Aunque recordé que las personas que sí creían en la leyenda juraban que la habían visto, e incluso ella les habló.

Mira, estoy dispuesto en creer en apariciones, pero la leyenda tan simple y las expresiones, a veces exageradas de los pueblerinos me hacían dudar, así que no tuve más remedio que pasar al siguiente plan de acción; la observación.

Ya era cerca de la media noche, cuando dicen que el fantasma suele aparecerse. Caminaba por una de las calles, armado con mi videocámara, celular y mi cuaderno de notas.

En verdad que el pueblo ofrece un aspecto diferente cuando cae la noche, en especial las viejas casonas del siglo pasado o las casa de adobe que aún quedan en pie. A pesar de la iluminación moderna proporcionada por los postes de focos led, ver esas construcciones en la oscuridad hacen pensar a uno que están embrujadas, y que sus habitantes son espectros que no se han ido al otro mundo.

Me fijé en especial en una de las casas; de dos plantas, su aspecto elegante de diseño europeo me hizo pensar que pertenecía a alguna familia rica, o al menos acomodada. De repente, al otro extremo de la calle me pareció ver alguien; caminaba lentamente mientras murmuraba una cancioncilla. Sentí que mi pulso se aceleraba, me pegué todo lo que pude a una pared para quedar lo más oculto posible; demonios, que me hubiera gustado tener el místico poder de entrar en ella.

Cuando el desconocido se acercó más, noté que era una señorita, tal vez de trece años o más, y que tenía un vestido muy pasado de moda... sentí un nudo en la garganta ¡así dicen que luce la fantasma!

La aparición continuó avanzando hasta llegar cerca de la casa elegante, después ¡se elevó unos centímetros en el aire, y avanzó flotando! Llegó frente a la puerta, donde golpeó con el puño, de forma pausada; bam, bam, bam, bam.

-¡Ábreme! ¡Tía Luciana!

El tono de su voz no tenía nada de humano; un extraño tono sepulcral, que me hizo sentir escalofríos en toda mi piel.

El fantasma se quedó frente a la puerta unos momentos, flotando. Después, se giró y salió a la calle, avanzó unos metros más pero repentinamente dejó de flotar, sus pies cayeron de improviso contra el suelo e incluso trastabilló; juraría que dijo una grosería.

Yo, atónito, permanecía pegado contra la pared, sin saber qué pensar de lo que había atestiguado ¡Esto era real! ¡Había visto un fantasma con mis propios ojos! Pero ¡Soy un gran pendejo! ¡No encendí mi videocámara!

Mientras me reprendía por mi descuido, noté que el fantasma continuaba su camino, bajando por la calle. Dudé por unos instantes, pero después actué, me escurrí detrás de ella.

Seguí al espectro durante un buen tramo, entonces, me dí cuenta que se detenía y miraba hacia alguna parte. Extendió su mano y dijo algo:

-Dummkopf.

Y escuché gritos de una pareja, después, el fantasma siguió su camino. Continué siguiéndolo a una distancia prudente, hasta que la vi dirigirse hacia una de las salidas del pueblo; noté que iba hacia la colina, el cerro ''El Pelón''.

Cualquier persona en su sano juicio daría la media vuelta y se iría, incluso del pueblo. Pero yo no estaba tan cuerdo, a pesar del miedo que sentía, me embargaba la necesidad de llegar hasta el fondo del asunto, ¡aunque tuviera que seguir a un espectro!

Efectivamente, el fantasma salió del pueblo y se dirigió a la colina; para mi sorpresa, cuando llegó a la falda se elevó y ascendió hasta la cima, flotando. Yo la seguí.

Usando la linterna de mi celular me alumbraba el camino lo mejor que podía, pero sólo veía delante de mí arbustos y maleza. Buscando la ruta más óptima subía por la falda de la colina pero era jodidamente difícil; varias veces tuve que dar rodeos y arrastrarme por el suelo, las malditas ramas me azotaban en el cuerpo y la cara.

Por fin, después de lo que se me hizo una eternidad en subir, llegué a la cima. No me lancé ciegamente, me escondí lo mejor que pude entre la vegetación y observé; siendo sincero no sabía que esperar, personas bailando desnudas alrededor de una fogata, o a alguien sentado en medio de un pentagrama con símbolos raros escritos, pero no había nada ni nadie, solo la soledad. Sin dudarlo más me decidí a salir.

Apagué la luz de mi celular y esperé, fue justo en ese momento que me di cuenta que estaba haciendo una estupidez; seguí a un fantasma hasta un lugar desolado, lejos de cualquier ayuda que pudiera necesitar. Comencé a observar a todos lados, pero sólo me rodeaba la oscuridad de la noche.

-¿Quien eres?

¡Demonios! ¡Tal fue mi sobresalto que quise huir pero tropecé con una piedra y caí al suelo!

Ahí estaba, justo en medio del claro, una figura fantasmal que me observaba atentamente. A pesar de que estaba oscuro, podía reconocer al ser que estaba siguiendo.

Continuó observándome, de la misma forma en que un gato ve algo que le llama la atención. Avanzó unos pasos hacia mi pero se detuvo, se agachó para recoger algo del suelo; reconocí mi cuaderno. Comenzó a hojearlo detenidamente, de vez en cuando la escuchaba murmurar cosas como ''humm'', ''interesante'' o ''vaya''.

-''La Leyenda de la mala hija'' -dijo, leyendo un pasaje de mi libreta.

A pesar de que aún sentía miedo, había algo en ese fantasma que me desconcertaba; bueno, aunque la verdad no sé como debería actuar un espectro, pero actuaba como si estuviera más viva que muerta, incluso su tono de voz sonaba como el de una chica cualquiera.

-¿A esto hemos llegado? -dijo mientras leía la libreta-, ¿ahora existe una estúpida leyenda que deforma los eventos del pasado?

-¿Eh? -fue todo lo que pude decir.

El ser dejó de leer y se fijó en mi, me observó durante unos minutos para después arrojarme el cuaderno.

-Haz estado de metiche en asuntos que no te conciernen, mortal. Me haz seguido hasta mis dominios, y haz querido espiarme. Por lo tanto, te encomendaré una tarea a modo de castigo.

-¿Tarea? -exclamé, más confundido que asustado.

Entonces, repentinamente se elevó por los aires y comenzó a brillar de una forma extraña.

-¡A partir de este momento te maldigo a sufrir una muerte espantosa! ¡A menos que logres desentrañar la verdad detrás de la leyenda de la mala hija! ¡Tienes quince días para hacerlo, o de lo contrario morirás y me robaré tu alma!

Su tono de voz sonaba grave, sepulcral.

-¿Y cómo lo haré? -pregunté, genuinamente aterrorizado.

-¡La casa de los Mendoza! ¡Ellos guardan el secreto! ¡Ellos fueron los que pecaron contra Petra!

Sin decir más palabras di media vuelta y salí corriendo lo más rápido que pude.

No tuve idea de cómo baje la colina, estaba tan atemorizado que ignoré por completo todos los obstáculos que encontré en mi camino; atravesaba matorrales y arbustos como una exhalación. Creo que el miedo me dio equilibrio antinatural ya que no recuerdo haber tropezado ni una vez durante la correría.

Después de una hora llegué a mi auto, planeaba largarme de ahí lo más rápido posible; pero la maldita porquería no encendía. Traté de encenderla varias veces pero el motor no respondía; eso sólo aumentó el terror que ya sentía ''¿acaso el espíritu impedía que me fuera?'' pensaba.

Pasé muy mal la noche, intenté dormir en mi auto pero me fue imposible; la mala postura aunado al terror que aún sentía impidieron que cerrara los ojos en toda la noche. El día llegó y, cosa extraña, me sentía un poco más tranquilo. Me quedé sentado frente al volante, haciéndome una y mil preguntas, como no tenía alguna respuesta satisfactoria intenté encender el auto de nuevo, pero no arrancó. De pronto, la radio se encendió; claramente escuché como sintonizaba estaciones hasta que se detuvo en una.

-No puedes irte.

Pegué un brinco tal que mi cabeza golpeó contra el techo del auto. Solté algunas maldiciones y me froté. Me quedé de nuevo sentado y completamente anonadado, sin saber más qué hacer decidí ir a almorzar.

Fui al mismo restaurante del día de ayer, el cual ya estaba abierto. Cuando entré la dueña salió de la cocina, pero en cuanto me vio se quedó petrificada, dio media vuelta y regresó por donde vino, minutos después salió su hija quien era la chica que me atendió ayer también.

Fue ella quien tomó mi pedido e igualmente me sirvió. Cuando estaba pagando le pregunté acerca de la extraña actitud de su madre.

-Ah, es que se ha corrido el rumor de que estás ''endiablado'' -dijo la chica, quien por el tono ni ella misma creía lo que decía.

-¿Endiablado? -pregunté desconcertado.

-Algunos vieron que seguías al fantasma ese, por las calles del pueblo y hasta el cerro. Después, otros te vieron bajar a lo loco por la ladera.

Comprendí perfectamente la razón de que me llamaran ''endiablado'', algo que sólo hizo más mella en mis ánimos.

-La neta -dijo ella-, me sorprende que te hayas encontrado con ese fantasma.

-¿Porqué? -inquirí.

-Por no siempre está en el pueblo, hay ocasiones en que no aparece en años, y hay veces que sí está.

-¿No está en años? ¿Sale del pueblo o algo así?

-No lo sé, tal vez -respondió la chica, sin darle mucha importancia.

-Pero si el fantasma no aparece todo el tiempo, la leyenda no sería tan conocida -dije, pensativo.

-A lo mejor aparece cuando la leyenda está siendo olvidada -comentó la chica.

Terminé el almuerzo y me dirigí hacia el lugar donde me indicó el fantasma, ''La casa de los Mendoza'', esta casa es mencionada en la leyenda. Cuando llegué descubrí que era la casa de estilo elegante donde el fantasma de Petra llamó la noche anterior.

Me quedé mirando la puerta, todavía dudando ¿En verdad tenía que hacer esto? ¿Sí estaba maldecido como dijo el espectro? A pesar de que fue una experiencia del otro mundo, había algunas cosas en la actitud del fantasma que me hicieron dudar. Pero, ¿y si era cierto? ¿Si en verdad estaba maldito?

Suspiré y llamé a la puerta.

-¡Voy! -respondió una voz desde el otro lado.

Segundos después abría la puerta una mujer joven y bonita, parecía que teníamos la misma edad.

-¿Sí? ¿Qué desea?

Me quedé unos momentos, ahí, alelado. Me daba vergüenza tratar un tema tan extraño con una mujer guapa, pero ella comenzó a verme extrañada y no quería que pensara mal de mí, así que fui al grano; dí mi nombre, me presenté como un investigador y le conté que su casa estaba relacionada con la leyenda del pueblo, y que me gustaría hacerle unas preguntas.

Justo cuando mencioné está última parte, noté que el semblante se le ensombrecía y me cerró la puerta en las narices. Me sentí muy estúpido.

Y ahí estaba, sentado en un banco de cemento en el parque, no sabiendo qué hacer. La única pista que tengo para resolver el misterio está en la casa cuya dueña me mandó al diablo.

Suspiré derrotado.

-¿Y ahora qué hago? -me pregunté.

Dejé vagar mi mente, pensando en distintos tópicos, entre estos hubo uno que e llamó la atención. Había ciertos comportamientos en el fantasma de Petra que me llamaron mucho la atención; la primera vez que la vi, caminando por la calle, no tenía aspecto muy ''fantasmagórico'' que digamos; se veía como una persona normal, y caminaba como una. Solamente comenzó a comportarse así cuando se acercó a la casa de los Mendoza: flotó en el aire y habló con una voz sombría.

Otra cosa más que me llamó mucho la atención, cuando se alejó de la casa y dejó de levitar se tropezó y dijo una grosería ¿Un fantasma que no flota todo el tiempo, y que se queja cuando casi se cae? No sé, se me hacía muy sospechoso. Y por último, cuando la encontré cara a cara en la punta del cerro, la forma en que revisó mis notas, con sumo interés... el gesto de la cara, la forma en que movía las manos, se me hizo propios de alguien muy vivo, no de un espectro.

En eso estaba cuando repentinamente me quedé paralizado; frente a mí a varios metros cruzando una calle, había una tienda de ropa, y en sus aparadores exhibían las prendas que tenían en venta; justo en uno de los cristales se apareció Petra, o su fantasma. Me restregué los ojos creyendo que era una ilusión, pero cuando observé de nuevo ahí estaba ¡En verdad se había aparecido en el cristal, y me observaba fijamente!

Entonces, levantó su mano y señaló hacia una parte, seguí con la vista hacia donde indicaba y descubrí que apuntaba hacia la iglesia del pueblo. Regresé mis ojos hacia el cristal del aparador pero había desaparecido. Pasado el asombro y espanto, me puse de pie y me dirigí a toda prisa hacia el templo.

Cuando llegué era hora del sermón, así que para evitar interrupciones me senté en los últimos bancos. Esperé con paciencia hasta que terminara el servicio religioso, me dediqué a observar los retablos y demás arte religioso. Media hora después el sermón terminaba, pero esperé hasta que todos los asistentes hubieran salido, entonces, me dirigí hacia el cura rápidamente.

El hombre me vio acercarme, pero uno de sus monaguillos se interpuso; al parecer deseaba evitar que el ''endiablado'' tuviera contacto con el padre. Afortunadamente el clérigo le ordenó en tono amable que me dejara pasar.

-¿Qué deseas hijo? -me preguntó el hombre.

-Hola padre -dije en el tono más sumiso que se me ocurrió-, soy un investigador y estoy buscando pistas acerca de la verdad detrás de la Leyenda de la mala hija.

El hombre se asombró ligeramente, mientras que sus ayudantes se mostraron perturbados.

-Hijos míos, déjenos.

El prelado esperó hasta que se fueron los monaguillos, y después, se dirigió hacía en un tono un poco menos amable.

-Así que tú eres el loco que se le ocurrió seguir a un alma en pena, ¿acaso no se te ocurrió que algo malo podría pasar? -soltó el hombre sin ningún tapujo.

Sentí la puya del insulto, pero reconocí que el sujeto tenía razón; por eso estoy en este embrollo.

-Bueno, soy un investigador de lo paranormal, así que eso forma parte de mi trabajo – me excusé.

-Y sí los rumores son ciertos, ahora estás embrujado -me recriminó el hombre-, supongo que por eso estás aquí, bueno, después de todo es trabajo de un siervo del Señor ayudar a quienes quieren ayuda, pero de advierto que un exorcismo es algo caro.

Y me lanzó una mirada codiciosa.

-No, ''padre'' -acentué su título propósito- lo que busco es información.

-¿Información? -dijo, extrañado.

-Sí, según mi información, al parecer la familia Mendoza tiene algo que ver en la historia de Petra, y que la leyenda fue inventada para perjudicarla.

-¿Los Mendoza? -dijo, algo sorprendido- ¿de dónde sacaste esa información?

-¿Usted sabe algo? -pregunté, al notar su expresión.

-Los Mendoza han sido buenas personas desde hace mucho. La actual señora Mendoza y su hija Margarita, son mujeres devotas y de buena reputación. ¿Esperas que crea que ellas tienen algo que ver con una leyenda de una jovencita malvada? Escuche, joven, si sólo vino a este pueblo para alborotar nuestra tranquilidad, mejor le recomiendo que se vaya. Las personas ya están algo perturbadas con saber que usted tuvo contacto con un espectro, y si intenta mancillar el buen nombre de una familia antigua, pues no creo que se lo tomen a bien.

-¡Por favor, padre! -exclamé de forma vehemente- ¡Ese espíritu me ha amenazado con matarme si no averiguo la verdad acerca de la leyenda! En verdad que me arrepiento de mis acciones y busco la salvación, sólo soy una pobre oveja sin pastor.

Y para apoyar mi ferviente ruego, saqué de mi billetera un billete de un valor elevado y lo metí en la caja de donaciones; sentí ultrajada mi avaricia, pero eso motivó el sentido de deber del buen cura.

-Bien, yo...

-¡Padre! -intervino un monaguillo- ¡el foco del pasillo se fundió de nuevo!

-Esa maldita línea eléctrica nunca ha quedado bien -juró el siervo de Dios-, y ese electricista nunca ha sabido componerla, ¡pero sí que sabe cobrar el muy cabrón!

-Padre -intervine- también tengo conocimientos como electricista.

-¿Ah sí? -dijo, dudoso.

-Déjeme hacer el servicio, si no lo reparo me iré inmediatamente del pueblo y no lo molestaré más, caso contrario me ayudará ¿qué le parece?

El sacerdote dudaba, pero cuando le recalqué que el servicio sería gratis aceptó de buena gana. Y no estaba mintiendo, en verdad tengo los conocimientos que acabo de enunciar. Cuando reparé la línea eléctrica, el cura quedó satisfecho y me dijo:

-Ven conmigo.

Me guío hasta la parte trasera de la iglesia, llegamos a un almacén que por los estantes llenos de papeles y libros concluí que era un archivero. El cura caminó hasta un librero, buscó atentamente y tomó un libro, lo colocó sobre una mesa y lo abrió.

-Este es un diario del padre que ofició en el año que se originó la leyenda, 1823 -dijo.

Comenzó a hojear las láminas de papel amarillentas, a cada página que pasaba se desprendían nubecillas de trozos de papel y polvo.

-Aquí está -dijo deteniéndose casi a medio libro- cuando descubrí este libro lo hojee por curiosidad, para ver si mencionaba algo acerca de esa leyenda.

Se hizo a un lado, invitándome a leer el libro.

Observé las páginas amarillentas y me sorprendí por la buena caligrafía a pesar de que fuera de hace dos siglos. Me costó un poco entender las palabras debido al estilo cursivo en el que estaban escritas, pero gracias a la ayuda del cura logré comprender el texto.

...Ambos señores Alcázar han muerto, tan como el padre como la madre, dejando a la joven hija, Petra, sola. Yo mismo oficié ambas misas, con tan sólo cinco días de diferencia. La gente ha comenzado a rumorar malas cosas, echándole la culpa a la niña Petra de ambas muertes. Pero, yo mismo recuerdo haberla visto sufrir en gran manera por sus padres; en los dos entierros la vi llorar desconsoladamente, vertiendo verdaderas lágrimas de dolor. Aunque también recuerdo otra cosa, y que Dios me perdone por pensar mal pero... vi cierta expresión de malicia en la tía de la niña, Luciana, como del alguien que espere beneficiarse por lo que acaba de suceder...

Cuando terminé de leer, el cura pasó dos páginas y me enseñó otro texto.

...hoy vino la niña Petra a confesarse, y sé que un verdadero siervo del Señor debe llevarse todas las confesiones a la tumba, pero decidí escribir esta para que quedara constancia de le verdad. La niña Petra ha escuchado infundados rumores acerca de ella; que la muerte de sus padres fue su culpa. Ella misma me a jurado bajo la Cruz y por el nombre de nuestro Señor Jesucristo que nunca le deseó mal a sus padres; su padre Marcelo murió porque ella estaba jugando con unas tijeras, al ver esto, él se las quitó porque era peligroso. Pero ¡cosas de la Providencia! Marcelo tropezó y se clavó las tijeras en la garganta, muriendo desangrado.

Su madre, María, salió de su cuarto al escuchar los gritos de la niña, y al ver a su amado esposo, muerto, y en un charco de sangre prorrumpió en gritos y salió corriendo en busca de ayuda. Pero al bajar las escaleras dio un mal paso y tropezó, rodando por ellas, cuando su cuerpo llegó al piso de abajo ella ya había muerto.

De una sola vez, Petra se vio privada de sus dos padres, que terrible desgracia. Y ahora ella vive con su tía Lucia y su familia, hermana de su madre; pero le tratan muy mal, y ellos son los que se han quedado con todos los bienes de los finados padres.

La pobre Petra me ha pedido ayuda, pero, ¿que cosa puedo hacer yo? No tengo poder alguno para decidir por ella, todo lo que puedo hacer es rezar para que Dios le de fuerzas.

Cuando terminé de leer, quedé muy intrigado.

-Vaya, parece que la leyenda acerca de pactos con el diablo y brujería no es eso después de todo -comenté.

-Pero eso no es todo -dijo el cura.

-¿No?

-Voltea a la otra página.

Así lo hice y vi más texto, aunque ya era poco.

...Hoy es un triste día, la pobre niña Petra ha fallecido, después de haber sufrido una larga y dolorosa enfermedad. Dicen que en su último día ella gritó de dolor todo el tiempo, pero, cuando yo fui a rezar por su alma vi en en su rostro una dulce expresión de paz y tranquilidad; no era el semblante de alguien que murió de forma dolorosa, pareciera que murió durmiendo.

Me quedé reflexionando acerca de todo lo que había leído. La historia que se supone debía ser de embrujos y prácticas satánicas, resultó ser la crónica de una chica que sufrió pérdidas y maltratos.

-¿Y alguna vez se le ocurrió publicar esto? -le pregunté al sacerdote.

-¿Y de qué serviría? La leyenda está muy arraigada entre la gente, y no creo que mi palabra los convenciera de lo contrario.

-Pero este libro...

-Aunque lo presentara como prueba, sólo es la crónica de alguien que fue un observador secundario de la historia, no el mero protagonista. Se necesitarían más pruebas para convencer a la gente.

-¿Y sabe dónde podría obtener más información?

-Humm, ahora que lo dices, hay alguien quien podría darte más información acerca de la leyenda, aunque más bien sería del fantasma en sí -dijo el cura.

-¿Del fantasma? -dije, genuinamente interesado.

-Ve con el señor Edgar, por alguna extraña razón tiene un interés muy raro con esa alma en pena.

El cura me dio instrucciones de cómo llegar a la casa del tal Edgar, tomé fotos de las páginas que contaban parte de la verdadera historia de Petra y salí de la iglesia.

Llegué a un pequeño negocio, localizado en una calle secundaria. Observé de forma abstraída los estantes y sus productos, cuando de la trastienda apareció una persona; un hombre de entre unos cuarenta años de edad, por su apariencia me recordó a ese gran físico, Einstein, aunque con el cabello un poco menos revoltoso, y menos cano.

-¿Qué desea? -me preguntó.

Noté el interés que se dibujó en su semblante, aun así, me presenté y expuse la razón por la que lo visitaba. Contrario a lo que ya esperaba, el hombre se sintió muy emocionado al saber que lo buscaba a él.

-¡Ah! ¡Otro colega investigador! -exclamó.

-¿Colega? -dije, extrañado.

-¡Sí! Usted es el que está investigando acerca de la leyenda ¿no?

-Bueno, sí.

-Pues yo también he hecho algo parecido, aunque en realidad no estoy interesado en la leyenda, sino, en el fantasma en sí.

-¿En el fantasma? -pregunté, con el mismo interés.

-¡Sí! Es una criatura interesante, y siendo sincero, no parece ser lo que dice, pero, por favor pase.

Haciendo caso de su invitación, pasé a la trastienda.

Estábamos sentados alrededor de una pequeña mesa, con una bebida refrescante. Tenía frente a mí docenas de recortes de periódico y hojas impresas de páginas web amarillistas. Ya había leído atentamente la mayoría de ellas, y con cada una que leía, más extrañado me encontraba.

-Hace alrededor de veinte años que me dediqué a estudiar el comportamiento del fantasma -me narraba el señor Edgar-, precisamente cuando me topé con ella en la calle, a medianoche. Al igual que mucha gente me sentí aterrorizado; me había topado con el alma en pena de Petra. Pero hubo algo que me hizo dudar de su condición fantasmagórica.

Me le quedé viendo mientras tomaba un trago de mi bebida.

-¡Me habló en francés! -exclamó, asombrado.

-¿Francés? -repetí, extrañado.

-¡Sí! Básicamente me dijo ''tonto'', pero en francés.

Le narré lo que yo había observado la primera vez que me encontré con el fantasma, cuando llamó dummkopf a una pareja asustada.

-Dummkopf significa ''idiota'', en alemán -aclaró Edgar.

-¿Y a usted lo llamó igual pero en otro idioma?

-Así es.

''Al principio, estaba muy conmocionado por haberme encontrado con el fantasma, pero cuando me llamó tonto en francés tuve sospechas acerca de ella. Por aquellos años yo había estudiado esa lengua, ya que estaba trabajando en una empresa francesa, en la ciudad.

-Le dije ''¿Porqué me llamas tonto?'', y ella me respondió ''porque quería asustarte''

-Toda esa plática ocurría en francés -pregunté, para aclarar las cosas.

-Correcto.

-¿Y porqué quieres asustar a las personas?

-Para que no olviden el pasado, y el recuerdo de ella siga vivo.

-¿Ella?

-Haces demasiadas preguntas, humano -me dijo el fantasma, algo molesta.

-¿Y como es que sabes francés?

-Lo aprendí en Francia, obvio.

-¿Francia? -pregunté de nuevo, cada vez más intrigado.

''Esta vez el fantasma se cansó de mis preguntas y se fue. Había quedado muy intrigado, digo, para ser un espíritu su actitud se me hizo muy viva.

Lo había escuchado atentamente, y le daba la razón. Yo también observé en su actitud algunas cosas que me hacían dudar de su condición fantasmal, pero no dudo que la vi elevarse por el aire y brillar de forma extraña, eso sí fue real.

-Entonces, un mes después de ese encuentro, encontré este periódico -continuó contando Edgar.

Señaló uno de los recortes que ya había leído; era una noticia de un estado de la costa oriental, cuyo encabezado rezaba ''Extraña chica es captada caminando por el agua''. Debajo, y enmarcada por el texto que narraba la noticia, estaba una fotografía que había sido tomada desde cierta distancia, pero se podía apreciar la imagen de Petra, o su fantasma, caminando sobre la superficie del mar.

-¿Qué hace un fantasma tan lejos de su lugar de actividad? Y no sólo eso ¿porqué sabe hablar distintos idiomas? -pregunté de forma reflexiva, mientras observaba a Edgar.

-¡Yo también me hecho las mismas preguntas! -exclamó Edgar.

Los demás recortes eran de periódicos de distintos estados del país y diferentes épocas ; a veces la ''chica misteriosa'' era la protagonista de la noticia, otras, sólo aparecía en las fotografías, alguien ajena a la primicia.

No sólo eso, en su tablet, Edgar tenía capturas de pantalla de portales de noticias de otros países donde el fantasma estaba presente, ya fuera como foco principal de la noticia o alguien secundario.

-¿En realidad es un fantasma? -pregunté después de un rato de reflexión silenciosa.

Salí de la casa de Edgar con más preguntas que repuestas; al parecer, la maldición que fue lanzada sobre mí pasó a un segundo plano.

Pasé el resto del día buscando un lugar donde hospedarme, además de buscar un mecánico que revisara mi auto; resultó que la maldita cosa tenía muy gastadas algunas bujías, y otras partes se le dañaron, por eso no encendía ¿O era otra cosa?

Ya era de noche y me encontraba fumando en mi cuarto; afortunadamente, este pueblucho tenía hoteles, y me hospedé en el que me pareció menos caro.

Reflexionaba sobre todo lo que me había pasado desde que llegué; sólo buscaba una interesante historia paranormal para publicar en mi humilde portal de noticias, pero resultó que un fantasma me endilgó una misión, so pena de morir por una maldición. Pero, en vez de preocuparme por mi encomienda, había algo que me hacia pensar; a pesar de que todo lo que había observado, existían algunas cosas que me hacían dudar de la aparición; su forma de comportarse no encajaba con lo que se sabe de esas entidades, los fantasmas no tratan de forma directa con los vivos, no inician conversaciones con ellos. Y por lo que sé, están unidos al lugar donde son vistos, generalmente porque ahí murieron y su cadáver continua en el mismo sitio, sin embargo, esta aparición abandona el pueblo; se le ha visto en otros lugares, e incluso en otros países, en distintas épocas, esa es la razón por la que no siempre está presente en el pueblo, pero ¿Porqué se va? ¿Que la motiva a abandonar el lugar a donde se supone que debe estar unida? Eso me hacia dudar de su condición de fantasma, pero, si no es un espectro o espíritu, ¿qué cosa es?

-Pierdes mucho el tiempo en cosas que no te competen.

¡Jesús! ¡Apareció justo a mi lado! Salté de mi asiento como movido por un resorte, mientras exhalaba un grito.

-¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? -exclamé.

El fantasma de Petra me observaba, con cierta expresión demandante.

-Te he dado dos semanas para descubrir la verdad sobre Petra, pero en cambio te la pasas haciéndola de turista.

-Hablé con una mujer que parece ser una Mendoza, pero me mandó al diablo -contesté, muy azorado.

-Pues busca una forma de entrar en esa casa, es de suma importancia que consigas el diario de Petra.

-¿Diario de Petra?

Había en su tono de voz cierta premura, parecía estar muy preocupada por algo ¿Un fantasma con preocupaciones?

-Pero no puedo entrar en esa casa de cualquier forma, me arrestarían si lo hago por la fuerza; ya tengo suficiente con que los pueblerinos crean que estoy endiablado como para añadir a mi mala reputación el título de ladrón -repliqué.

-Haz lo que tengas que hacer, pero apresúrate -sentencio.

-¿Y porqué tanta prisa? De principio yo no debería estar haciendo esto, sólo quería investigar acerca de la leyenda de la Mala Hija.

-La misión que te encomendé es parte de tu investigación personal, no quiero que sólo te dediques a publicar lo que otros te cuentan; debes sacara a la luz la verdad, no quiero que Petra sea recordada de forma injusta. Y además, mi tiempo en este planeta se está acabando, si desaparezco sin haber limpiado su nombre todo habrá sido en vano.

¿Su tiempo en este planeta? ¿Que quiso decir con eso?

-¿Desaparecer? -pregunté, extrañado.

Pero ella no me respondió, sólo se quedó viendo la pared.

-Leí unas crónicas escritas por el cura de esa época -comencé a decir-, en ellas se da a entender que los padres de Petra murieron de forma accidental, y que su tía la trataba mal.

-Eso no es suficiente -dijo con insistencia-, no basta con el relato de un testigo, es necesario el mismo diario de Petra, ella ahí debió escribir su parte de la historia.

-¿Y cómo estás segura que aún existe? Después de casi doscientos años, es muy dudoso que haya sido conservado.

-Sé que aún existe, pero no tengo idea de donde, es tu trabajo buscarlo.

-¿Y porqué no lo haces tú? Eres un fantasma ¿cierto? Tienes poderes paranormales que te permiten hacer cosas que una persona normal no puede, como aparecerte de forma repentina.

Siendo sincero, ya me estaba molestando tener que obedecer a un ser que se comportaba como una chiquilla malcriada.

Por toda respuesta se quedó mirando, entonces, comencé a sentir una extraña opresión en el pecho; sentía que algo me estaba amasando el corazón, provocando que latiera de forma irregular.

-¿Qué demonios? -exclamé, asustado.

-Te he dado una misión, y la cumplirás, caso contrario te mataré; así que ahora en adelante ten cuidado con dudar de mis poderes, si no quieres que te de un recordatorio de lo que podría pasar.

Comencé a sentir un agudo dolor, me asusté creyendo que iba a tener un infarto, pero la sensación opresiva desapareció y mi cuerpo regresó a la normalidad.

Respiraba profundamente, aliviado de que no pasara a más, Petra por su parte se elevó en el aire pero casi de inmediato descendió al suelo de forma repentina, sus pies descalzos azotaron el suelo de madera emitiendo un sonido seco.

Observé que estaba sorprendida por lo que había ocurrido, acto seguido hizo una mueca de disgusto y se dirigió a la puerta por donde salió, abriéndola.

-Para un fantasma, esa fue la forma más humana de irse -comenté, sarcástico.

Así que al otro día me la pasé ideando alguna forma de obtener el diario de Petra, que estaba en manos de la familia Mendoza. Me pasé casi media mañana ideando algún plan para poder entrar al menos a la casona, pero no se me ocurrió algo.

Estaba sentado en el banco del parque, lamentando mi situación y maldiciendo al estúpido fantasmita. De forma distraída comencé a observar a las personas que transitaban por la calle; me fijé en una anciana, que caminaba lentamente mientras cargaba una bolsa en cada mano. Pude notar que le costaba caminar, tal vez las bolsas pesaban mucho. Un pequeño estímulo brotó en mi mente pero la modorra se había adueñado de mis ánimos.

''No parece que necesite mucha ayuda'' pensé.

Entonces, como respondiendo a mi actitud apática, las bolsas se desfondaron; casi al unísono frutas y otros objetos cayeron de forma precipitada y se esparcieron por la calle. La señora soltó un sorprendido lamento, y yo me moví de inmediato.

''¡Soy un maldito idiota!'' me recriminé.

Entre la señora y yo recogimos su mandado esparcido; después, uní las bolsas con varios amarres para crear otra, la llenamos y para evitar otro incidente me ofrecí a acompañar a la anciana hasta su casa.

Quince minutos después llegamos a su hogar, el cual para mi gran sorpresa era la casona donde me cerraron la puerta en las narices. La señora abrió la puerta con una llave y ambos entramos, ya en la cocina dejé la bolsa sobre la mesa.

De forma disimulada di un rápido vistazo a mi alrededor; aunque era una casa antigua, pero el interior había sido decorado de tal forma que transmitía calidez y una sensación hogareña. Entonces, por pura curiosidad, busqué algo que me pudiera dar una pista acerca del fantasma, o de Petra. Casi de forma inmediata mis ojos se posaron sobre un retrato de una mujer adulta, la cual, tenía cierto parecido con la anciana.

-Oh, ¿te interesa ese retrato? -dijo la mujer, al darse cuenta de mi indiscreción.

-Tiene cierto parecido a usted -dije.

-Ah sí, esa es Luciana Mendoza.

''Luciana'' pensé asombrado.

Entonces, la puerta se abrió y por ella entró otra persona, cuando observé quien era mi asombro aumentó muchísimo; era la mujer que me cerró la puerta en las narices, y descubrí un enorme parecido entre ella y la señora del retrato, mucho más que la anciana.

Algo más que noté, y que me hizo sentir muy incómodo, fue que me lanzó una mirada como diciendo ''¿Que diablos haces aquí?''. Avanzó hasta quedar a unos cuantos pasos de mí, se detuvo sin dejar de clavarme la mirada, colocó las manos sobre las caderas en una actitud demandante.

-¿Ya llegaste, Margarita? -dijo la señora.

-Oye, no es lo que crees -dije mientras levantaba ambas manos al aire, en un ademan defensivo-, a esta señora se le cayeron sus frutas y me ofrecí a acompañarla, sólo eso. Y no quiero nada a cambio.

-Entonces ya te vas ¿cierto? -respondió ella, enfatizando esta frase.

Sin oponerme, le desee buena tarde a la señora, quien me dio una naranja en agradecimiento y me dirigí a la salida. Durante el trayecto de la cocina a la puerta sentí la fría mirada de Margarita, como un gato que ve irse a un visitante no deseado.

Una vez fuera confieso que aspiré hondo.

-Con que se llama Margarita -susurré-, encantadora ¡En muchos aspectos!

De forma accidental, había logrado entrar a la casa, y aunque no descubrí algo que me ayudara en mi misión, pero al menos había conocido un aspecto desconocido de la leyenda.

Sin embargo, eso no me bastaba, debía obtener el diario de Petra, pero ¿cómo debía proceder?

Al otro día, para intentar distraerme, decidí dar un pequeño paseo por los alrededores del pueblo.

Una de las cosas en que los pueblos superan a las ciudades, en especial si están en zonas rurales, es su abundancia de naturaleza; colinas, montes, praderas y otros lugares donde la vida silvestre abunda, además de la gran variedad de platas y animales que nos hace recordar cual fue, o tal vez cual debería ser, el sitio de la humanidad en el mundo.

Caminaba por una vereda flanqueada por árboles, en las ramas se podían ver distintos animalillos entretenidos en sus propios asuntos. En definitiva trataré de salir más al campo, si es que este asunto termina bien.

Pero la tranquilidad que me había invadido fue ahuyentada por un suceso imprevisto; mientras avanzaba por el camino vi alguien tirado en el suelo. Me detuve, dudando, pero la curiosidad pudo más y me sentí impelido a acercarme. Ya me había acercado unos pasos más cuando me llevé un gran sobresalto; era la anciana del día anterior.

Me acerqué presuroso, tenía los ojos cerrados como si estuviera inconsciente pero comprobé que respiraba, aunque lo hacia de forma entrecortada; se agitaba ligeramente y hablaba como en sueños.

-¡No! ¡Petra! ¡Por favor perdónanos! ¡Nuestra familia ya no es culpable de nada!

Me quedé muy extrañado, tratando de comprender que sucedía, cuando noté movimiento cerca. Levanté a vista rápidamente y me pareció ver a alguien ocultarse detrás de un árbol. Aunque fue por unos momentos pero pude identificar quien era.

-¡Qué le hiciste! -exclamé, elevando la voz.

Pero no obtuve respuesta.

Sin pensarlo más, tomé a la señora en brazos y regresé a toda prisa hacia el pueblo. Después de varias miradas y comentarios de asombro, me indicaron cómo llegar con el doctor más próximo; el galeno nos recibió y dejé a la señora en la camilla que me indicó; mientras la atendía llegaron algunos policías quienes me interrogaron. A pesar de las sospechas que pudiera levantar, los servidores de la justicia no se vieron muy suspicaces, hasta incluso creí ver que sólo me interrogaban por pura obligación.

-Después de todo, el fantasma de Petra los odia -dijo uno de ellos.

Otro, queriendo parecer más responsable -o amenazante-, me dijo que hablarían de nuevo conmigo.

Bueno, no sabiendo qué hacer, me dispuse a retirarme, cuando entró Margarita por la puerta, rauda como un vendaval que presagia una tormenta.

-¡Tú! -exclamó furiosa al verme.

-¡Yo no hice nada! -dije, alarmado.

Parecía que iba reñirme más, pero me dejó donde estaba y pasó al interior de la clínica. Creí que sería prudente irme, así que me retiré.

Una vez más estaba en el mismo banco del parque, un lugar que ya se estaba haciendo habitual. Me sentía decaído, y los ánimos que me dio el paseó se habían esfumado por completo.

-Qué bien, parecía que ya estaba logrando algo, pero la mala fortuna me cayó encima, ahora todo el mugroso pueblo tendrá otro motivo para desconfiar de mí. Pero, ahora que recuerdo, me pareció ver a Petra cerca de donde encontré a la señora ¿Acaso le hizo algo?

Pero mis lamentaciones se vieron interrumpidas por una presencia inesperada; noté que Margarita venía caminando hacia mí. Por unos momentos sentí deseos de irme, pero eso sólo iba a empeorar la opinión que ya tuviera de mí, así que me puse en pie y esperé a que ella llegara.

-¿Cómo está la señora? -pregunté, para suavizar su humor, ya que no se veía muy alegre que digamos.

Pero no contestó, mi amabilidad se estrelló sobre su semblante irritado.

-Quiero que me digas, aquí y ahora, que tienes que ver tú en todo esto -dijo, sin rodeos- ¿Para que estás investigando la leyenda de Petra? ¿Quien te dijo que nuestra familia está relacionada?

Quedé un poco azorado por su demandante actitud, pero eso me dejó en claro que debía responder, sin tardanza ni evasivas.

Le dije quien era y a lo que me dedicaba, el motivo de mi viaje al pueblo y la razón del porqué estaba investigando más a fondo la leyenda. Durante toda mi narración no dejó de clavarme la mirada, pero cuando terminé su expresión se suavizó.

-Te juro por lo que quieras que no tenía intención de perjudicar a tu familia -continué hablando-, sólo saber lo necesario para publicar un pequeño reporte en mi portal de noticias paranormales, y tampoco tuve algo que ver con lo que le ocurrió a tu madre. Como ya dije sospecho que el susodicho fantasma le hizo algo.

Margarita hizo una mueca de fastidio y suspiró.

-Ese asunto del fantasma en verdad es una molestia que viene acosando a mi familia desde hace tiempo -comentó-, se dice que la primera vez que apareció, nuestra antepasada Luciana enloqueció y se quitó la vida. Y desde entonces se aparece frente a nuestra casa cada semana, pero no siempre, como tu haz dicho; hubo veces que no se le vio en meses, incluso en años, pero por alguna razón comenzó a hacerlo de nuevo y con más frecuencia. Ahora esa maldita aberración se le apareció a mi madre.

-¿Le hizo algo? -pregunté, con sincera preocupación.

-No, sólo está muy alterada, lo poco que me pudo decir fue que el fantasma le dijo ''¡La verdad debe saberse!'', hasta donde sé, pocas veces había hablado directamente con alguien; sospecho que tiene que ver con que la misión que te enjaretó, la muy desgraciada.

Me sentí muy aliviado de que me hubiera creído, y no pensara que le estaba mintiendo o que me había vuelto loco.

-Pero, sospecho que no es un fantasma, como ella quiere hacernos creer.

-¿No? -preguntó ella con interés.

Le relaté esas ocasiones donde el fantasma no se comportaba como uno, sino como alguien más vivo. Margarita escuchó atentamente, pero su semblante no mostraba emoción alguna.

-Pues si no es un fantasma, ¿qué cosa es?

Y ahí fue donde ya no tenía respuesta, sólo me quedé callado sin saber qué decir, me sentí como un estúpido de nuevo.

Ella se fue de vuelta a la clínica, y yo a mi habitación de hotel.

Mis ánimos estaban por los suelos; justo cuando creí que estaba un paso más adelante para resolver el misterio, retrocedía varios pasos atrás. Estaba de nuevo en un punto muerto.

Mientras estaba pensando en lo que podía hacer, alguien tocó a mi puerta. Por un momento creí que era el fantasma, así que me sentí molesto.

-¿Noel?

Para mi gran sorpresa reconocí la voz, sin más dilación abrí la puerta.

-Hola -saludó Margarita-, espero no molestar.

-¡En lo absoluto!

No logré disimular la emoción de mi voz, pero no me importó.

-Mi madre quiere verte, el asunto del fantasma la ha afectado mucho, cree que si te ayudamos tal vez todo se solucione.

Me quedé unos momentos en mi lugar, asombrado de como las cosas se estaban desarrollando.

Los dos nos dirigimos apresuradamente hacia la casa. Caminábamos en silencio y aunque me hubiera gustado iniciar alguna conversación, se veía que Margarita no estaba de ánimo para pláticas, como ya era de noche la oscuridad y la soledad de la calle sólo aumentó el pesar que sentía.

Entramos a su casa y lo primero que vimos fue a su madre, sentada en una silla y a su lado una mesita con una taza humeante de té.

-Te agradezco que vinieras, Noel -fue lo primero que dijo la señora al verme.

''Como tu sabes, nuestra familia está relacionada con la Leyenda de la Mala Hija; desde hace casi dos siglos, cuando nuestra antepasada, Luciana Mendoza murió debido a la locura provocada por el fantasma, hemos sido afectados por la ira del espectro de Petra; desde entonces se nos aparece, justo afuera de la casa. Lo haca de forma regular, siempre llegando muy noche, golpeando la puerta cuatro veces mientras llama a Luciana. Por alguna razón que no comprendemos dejó de hacerlo durante varios meses, incluso años, pero ha reanudado su acoso contra nosotros.

''Pero mi hija me ha contado que hiciste contacto con ese espectro, quien te ha encomendado sacar a la luz la verdad de la leyenda. Para mi eso es el destino, y lo veo como un acto de Dios, espero que con la verdad por fin los Mendoza seamos perdonados, y dejemos de sufrir.

Estiró su mano, que se agitaba ligeramente.

-Esa puerta da al almacén de la familia -dijo con tono de voz vehemente-, ahí están guardados todos los objetos de interés que se ha reunido a lo largo de muchos años, aunque no estoy segura pero ahí encontrarás lo que estás buscando, el diario de Petra. Que mi hija Margarita te ayude a buscar.

Margarita se dirigió a la dichosa puerta y la abrió yo entré en pos de ella.

Con lo primero que nos topamos fue una basta colección de trastos y polvo. Observé con cierto fastidio el almacén, pero Margarita puso manos a la acción, y definitivamente yo no tenía otra opción así que me uní a ella.

Pasamos cerca de media hora hurgando entre el polvo y baratijas, pero no encontramos nada. Dejé de buscar y comencé a observar atentamente todo lo que me rodeaba; era fascinante ver todos estos objetos de distintas épocas, algunos de ellos bien podrían estar en un museo.

-Oye -dijo la voz de Margarita.

Me volteé a verla y vi que sostenía en manos un cuaderno de pasta dura.

-Encontré esto en un estante.

Y me lo entregó. Sin dudarlo más lo abrí.

Lo primero con lo que me encontré fueron hojas amarillentas en blanco. Continué pasando las páginas y comenzaron a aparecer dibujos; flores, animales, esbozos de personas. Páginas más adelante los dibujos fueron reemplazados por letras; esbozos torpes, típicos de un niño de primaria. Pero, conforme pasaba las páginas las letras feas mejoraron hasta ser de una excelente caligrafía.

-Parece que es el cuaderno de un niño -comentó Margarita.

Seguí pasando las hojas y encontramos el inicio de un texto; al parecer, Petra ya había empezado a escribir su diario. Las primeras partes sólo hablaban de su vida diaria, pero eran relatos sin valor para mí, aunque confieso que hubo algunos que me llamaron la atención.

...19 de febrero de 1823.

...''¿Sabes? Me encontraba caminando cerca del cerro El Pelón, dando un pequeño paseo, cuando me ocurrió algo muy emocionante ¡Encontré a alguien muy interesante! Por un momento me asusté mucho, pensé que era un alma en pena; tiene forma de persona pero es transparente, como si fuera de cristal. Pero cuando se me pasó el susto, inicié una plática con él. Me dijo su nombre, pero es tan difícil pronunciarlo, así que lo llamé Petra, igual que yo..

En las tres hojas siguientes, Petra describía a su nuevo amigo, y las cosas que platicaba con el. Mientras leía hubo algo que me llamó la atención, una parte donde escribió ''¡Usó magia o algo así, y se transformó en mí!'' pero continué leyendo. No mencionaba algo de más utilidad, así que empezaba a aburrirme mucho. Entonces, llegó a una parte que despertó mi interés de nuevo.

...24 de marzo de 1823

...''No puedo creer que me esté pasando esto ¿porqué yo? Tiene que ser una injusticia porque yo no he hecho algo para merecerlo ¡Mis padres han muerto!

''Había tomado unas tijeras y corría con ellas, cuando mi padre me llamó la atención; me regañó por usar sin cuidado algo tan peligroso y me las quitó. Pero dio un mal paso y se tropezó... ¡se clavó las tijeras en el cuello! Yo comencé a gritar. Aterrada, mi madre llegó asustada por mis locos alaridos, y ella misma comenzó a gritar, fue hasta las escaleras, pero no tuvo cuidado y también se tropezó, rodó por ellos y llegó al piso de abajo, muerta.

''¿Porqué Dios me hace esto? ¿Qué he hecho yo para merecerlo?

Bueno, esto lo confirma, tal y como contaban las crónicas del sacerdote de esa época, Petra no tuvo nada que ver con las muertes de sus padres, y tampoco ocurrieron por causas paranormales; sólo lo imprevisible de la vida es el responsable. Pero faltaba más.

...23 de abril de 1823.

Hace ya un mes que a mis padres se les dio santa sepultura, y me he sentido muy desdichada. Me acogió la hermana de mi madre, y desde entonces me la he pasado muy mal. Horarios muy estrictos, no me permite ni salir de su casa, así que tampoco tengo amigos. Ella me castiga pegándome muy fuerte, por cualquier excusa, hasta el más mínimo error. Le rezo a Dios para que me ayude en estos momentos tan terribles, pero hasta ahora no ha respondido a mis ruegos. Lo bueno es que ayer en la noche recibí una grata sorpresa; ¡mi amigo me visitó! De alguna forma logró encontrarme, dijo que necesitaba información acerca de este planeta, y que yo debía dársela ¡Qué cosas tan raras me dice! Pero bueno, como pude, y usando mis libros, le conté todo acerca del globo, así estuvimos hablando hasta altas horas de la noche.

...01 de julio de 1823.


Comencé a sentirme mal, me dio un dolor muy fuerte en el vientre, creo que la comida me hizo mal, o tal vez los malos tratos de mi tía ya me están afectando. Hoy no escribiré mucho porque quiero descansar. Pero, aún así, espero que mi amigo misterioso me venga a visitar de nuevo.

En los días siguientes, Petra narraba la evolución de su extraña enfermedad además del acoso de su tía, la cual, al creer que el fin de su sobrina se acercaba, la presionaba para que la nombrara como heredera. A pesar que los sucesos aquí contados habían transcurrido hace mucho tiempo, comencé a sentir un verdadero desprecio por esa mujer. Pero me espabilé y continué leyendo.

...25 de septiembre de 1823.

Diario, me siento muy mal, el vientre me duele de forma terrible, día y noche siento esa tortura que parece no acabarse nunca. El doctor lo llamó cáncer, y que no tiene cura; menos mal, al menos pronto me reuniré con mis amados padres.

Ahora que mi tía está pronta a quedarse con todo parece que su forma de ser ha cambiado; me trata mejor que las veces anteriores, pero eso no importa ya, hay un Dios y el ve todo, y él será quien nos juzgue cuando llegue el Fin.

Una de las pocas cosas buenas, es que mi amigo misterioso no dejó de visitarme; todas las noches se aparece, así, de la nada. Me cuenta muchas cosas, todas ellas acerca de su viaje. Me ha contado que ha viajado a través del espacio, visitando muchísimas estrellas y planetas, hablado con distintos seres y visto el mismo número de civilizaciones. Yo no puedo ni imaginarme las cosas que dice, ¿acaso existen otros mundos donde hay personas? Siendo sincera, le tengo una gran envidia, él -bueno, no sé si es muchacho o muchacha-, como decía, parece que no sufre de enfermedades; hasta podría decir que vivirá para toda la eternidad.

Me ha dicho que planea hacer algo para ayudarme, no sé que será, pero esperaré con ansias; puede ser que en todos sus viajes haya aprendido cosas que los hombres como nosotros apenas y somos capaces de comprender.

El diario de Petra termina hasta aquí, las demás páginas están en blanco.

Margarita y yo nos miramos, como indecisos acerca de lo que se debía de hacer.

-Bueno, supongo que esto cuenta como la verdad detrás de la leyenda -dije, aunque no sonaba muy convencido.

-¿Qué harás ahora? -dijo Margarita.

-No sé, hacer una exposición usando este documento y las crónicas del sacerdote para contarle a la gente la verdad.

-Bueno, cualquier cosa que hagas, si vez de nuevo a ese espectro ¿podrías decirle que ya deje en paz a mi familia? Luciana fue la que trató mal a Petra y ya pagó su falta. Sus descendientes no tenemos porque cargar con esa culpa.

-Lo haré -le prometí.

Tomé el diario y ambos salimos de la bodega.

-Mamá, creo que...

Pero los dos nos quedamos petrificados; detrás de la señora, había una figura alta y fuerte que cubría la boca de la señora con una mano y en la otra portaba un arma. Justo a nuestro lado apareció otro individuo, que igualmente nos apuntó con una pistola. Ambos tenían el rostro cubierto.

-No se muevan -dijo en tono amenazante.

Margarita quiso lanzarse en ayuda de su madre, pero el malandro que la tenía de rehén hizo ademán de hacerle daño; la pobre mujer tuvo que reprimir su instinto filial, noté que en su mirada había más rabia que miedo.

-Bien, calladitos están mejor -dijo uno de los maleantes-, no hagan nada estúpido y no pasará nada. Ahora, díganme donde tienen cosas de valor.

-No tenemos nada así -contestó Margarita, quien a duras penas dominaba su ira-, joyas, plata o algo parecido.

-¿Una familia rica como ustedes y me dices que son pobres? No me digas idioteces, puta.

Este apelativo poco caballeresco no agradó para nada a Mago -permítaseme este cariñoso apelativo-, a quien los ojos le chispearon por la rabia, pero al ladrón le agradó ver la reacción de ella.

-Tengo dinero en mi cartera, llévenselo y déjenos en paz -intervine, para calmar los ánimos.

-No queremos tus malditos pesos, ''Endiablado'', estas brujas tienen dinero escondido por aquí, y no tenemos mucho tiempo así que nos lo dan o...

Y apunto hacia la anciana.

¡Maldita sea! ¿Cómo fue que la situación se puso así? Estos malparidos aparecieron de la nada, al parecer ya tenían todo planeado.

Intenté tranquilizarme para idear algún plan que nos pudiera sacar de esta situación, pero no se me ocurría nada; joder ¿porqué en las películas el personaje principal sí es capaz de hacer algo?

Pero, el desfile de situaciones irreales no había terminado aún, ya que justo en medio de la sala apareció alguien más, literalmente se materializó del aire.

Todos nos quedamos mudos por el asombro, pero la señora hizo un gesto dando a entender que la repentina aparición la perturbó más que el asalto.

-¡Petra! -exclamó con voz ahogada.

Inmediatamente el ser se elevó en el aire y comenzó a brillar.

-¡Aaaaaahhhhh!

Lanzó este grito con un tono sepulcral, como salido de ultratumba.

-¡Es el fantasma de Petra! -exclamó atemorizado uno de los ladrones.

El otro, sin embargo, por alguna razón no se veía muy convencido.

Hay veces, que cuando la situación se da, debemos aprovechar la oportunidad que tengamos, y mi cuerpo decidió hacer precisamente eso, sin siquiera consultarlo con mi cerebro el cual sólo fue arrastrado a la acción al igual que yo, por así decirlo; cuando me di cuenta ya estaba encima del ladrón que había tomado a la señora como rehén, forcejeando con todas las fuerzas que tenía, y con el pensamiento nublado por la descarga de adrenalina.

En el forcejeo logré alejarlo de la anciana quien por toda respuesta se arrojó al suelo. Margarita, por su parte, también se había lanzado contra el otro atacante tratando de arañarle el rostro con sus largas uñas postizas. Durante el tumulto estalló un disparo, fue sólo en ese entonces que mi mente se despejó y volteé a ver hacia donde había provenido la detonación; para mi gran sorpresa vi a Margarita en el suelo, con un agujero en el vientre por donde salía un chorro de sangre. La anciana soltó un grito de terror al ver a su hija herida de muerte, y yo me quedé estático por el sopor.

-¡Maldita gente estúpida! -gritó iracundo el ladrón-, ¡eso pasa por no hace caso...!

Pero inmediatamente soltó un alarido de dolor y el arma cayó al suelo; la mano le colgaba completamente inerte, en un sólo instante su muñeca había sido dislocada. Acto seguido, en un abrir y cerrar de ojos fue arrojado a través de la ventana por una potente fuerza misteriosa.

-¡Ah! -gritó el otro ladrón.

Y le disparó al fantasma de Petra, el cual todavía tenía la mano extendida hacia donde había estado el otro malandro. El espíritu cayó al suelo y dejó de brillar. Antes de que ocurriera otra cosa enterré mis dedos en los ojos del sujeto, quien dejó caer su arma y lanzó un grito. Me sentía completamente encendido, mis deseos de lanzarme sobre él y molerlo a golpes eran fuertes, pero fueron interrumpidos por los lamentos de la anciana.

-¡Margarita! ¡Hija mía!

La señora observaba a su hija, incapáz de hacer algo por ella; Margarita se sostenía el vientre mientras intentaba mantener la calma. Olvidé al malandro y me acerqué presto hacia ella, en ese momento el ladrón aprovechó para salir huyendo.

Ya estaba marcando el número de emergencias, sin saber siquiera si tenía cobertura en una zona rural.

-Hazte a un lado -dijo una imperiosa voz.

Sentí que algo me quitaba de en medio, y observé al susodicho fantasma acercarse a Margarita, noté que tenía un agujero donde antes debía estar el ojo derecho, pero también observé que no sangraba, y tampoco parecía tejido orgánico, era como si le hubieran disparado a un bloque de gelatina.

Margarita la observó ceñuda, mientras que su madre quedó estupefacta por lo que ocurría. Rápidamente, el fantasma colocó ambas manos sobre la herida y comenzaron a brillar; Margarita soltó un gemido de dolor, y su madre hizo un gesto de pánico.

-Tranquila -dijo el fantasma, en un tono firme pero amable.

Margarita continuaba gimiendo de dolor mientras duró esta operación, y minutos después el fantasma retiró sus manos, abrió una de ellas y en la palma vi que tenía el proyectil.

-He extraído la bala y regenerado los tejidos dañados, está fuera de peligro pero debe recibir atención médica, perdió algo de sangre.

Y después se giró hacia la anciana.

-Familia Mendoza, perdono sus faltas cometidas contra Petra, vivan en paz de ahora en adelante.

Acto seguido se puso de pie y se dirigió hacia una ventana, la abrió y salió por ella; una forma muy poco fantasmal de irse.

Bueno, para resumir las cosas, la policía llegó poco después y encontró afuera de la casa al ladrón con la mano fracturada, inconsciente; su cómplice fue atrapado días después.

Margarita fue llevada al hospital del pueblo cercano, donde se comprobó que no tenía herida alguna, y sólo le administraron algo para acelerar la generación de sangre. A mí me tocó la parte más tediosa; tuve que rendir declaración de lo que había sucedido. Como no tenía nada que ocultar, y no había otra posible explicación, conté como había ocurrido todo, sin omitir ningún detalle. Sin embargo, a pesar de lo conocida que era la leyenda de Petra, el jefe de policía no me quiso creer ni jota; no lo culpo, después de todo es una historia muy fantástica, pero ¿qué más podría decir? Afortunadamente mi historia fue reforzada por los testimonios de la señora Mendoza y ambos ladrones, quienes estaban muertos de miedo creyendo que el fantasma de Petra los había maldecido.

-Bueno -dijo el alguacil, rascándose la cabeza por el caso tan insólito que le tocó-, aunque no eres sospechoso de algo, pero te recomiendo que no te vayas hasta que esto se haya esclarecido.

Pues aunque quisiera todavía no podía irme, aún tenía un trabajo por terminar. Mira, querido lector, a esas alturas ya niego la condición de ultratumba del fantasma, así que no me preocupaba la maldición que me había lanzado aquella vez, pero no podía dejar la historia de Petra así; en verdad la gente debía saber la verdad. Usando las antiguas crónicas del sacerdote y el diario de Petra, armé una pequeña exposición, y le pregunté al cura si me daba un poco de tiempo en uno de sus sermones para exponer mi historia, para sorpresa mía el prelado no se negó, de hecho, se mostró muy cooperativo; tiempo después se supo que uno de los ladrones era su sobrino, vaya ironía.

Bueno, el domingo llegó y al terminar la misa el cura hizo un anuncio; todo mundo se sorprendió pero nadie se fue, esperaron a que armara mi exposición. Dije lo que tenía que decir y se acabó ¡por fin había cumplido mi misión después de tantos sucesos tan repentinos! Era libre.

Pero los feligreses no se veían muy convencidos, y dudaban de la veracidad de mi relato.

-Hijos míos -comenzó a decir el cura-, bien dice la palabra de Dios: ''No hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido''. A pesar de que haya pasado tanto tiempo, la verdad ha salido a la luz; la maldad de Luciana Mendoza quedó al descubierto y la inocencia de Petra ha sido demostrada; murió aquejada por una terrible enfermedad y su reputación fue mancillada, pero ahora sabemos que ella en verdad fue una fiel hija de Dios hasta el último momento. Haré una misa para pedir por el descanso de su alma, quien quiera acompañarnos será bien recibido.

Afortunadamente, si no me creyeron a mí y las pruebas que presenté, este pequeño sermón del cura bastó para convencerlos.

Aquella misma tarde me dirigí hacia el cerro ''El pelón'', era hora de concluir todo esto. Cuando llegué a la base hice una mueca de fastidio, con tan sólo imaginarme tener que subir por la ladera llena de matorrales y terreno desigual se me hacia un fastidio. Suspiré molesto y me dispuse a subir, cuando noté que a unos metros a mi izquierda se abría un sendero que ascendía hasta la cima. Me le quedé viendo unos momentos, sintiéndome como un tonto al no haberlo visto la primera vez que vine, pero en mi defensa era de noche y tenía la cabeza alborotada por el encuentro con el fantasma. Tomé el sendero, y aunque tardé más tiempo en llegar a la cima pero al menos fue más cómodo.

Desde la cima se tenía una espectacular vista de los alrededores, y las montañas se veían más imponentes; un escenario muy diferente de la noche oscura de aquella vez. Pero rápidamente mi atención fue atraída por una figura que observaba hacia el horizonte; me acerqué a ella sin más dilación.

-Bien, está hecho, la verdad de la historia ha salido a la luz, no la aceptarán de momento pero con el tiempo será reconocida.

El fantasma seguía observando hacia el horizonte, llegué a creer que no me había escuchado. Entonces, ella se giró y me observó con atención.

-Muy bien, justo a tiempo.

-¿Y ahora qué? -pregunté, con cierto interés.

-Sólo el tiempo lo decidirá, pero como haz mencionado, Petra ha sido vindicada, la injusticia fue reparada.

-Y ahora que mi encomienda ha sido cumplida, hay algunas preguntas que no dejan de molestarme, y están relacionadas contigo.

El ser me observó con una expresión de ligera sorpresa.

-Tú no eres un fantasma -dije, sin rodeos-, si tuviera que adivinar, eres ese amigo misterioso que la original Petra encontró aquí, hace dos siglos. Supiste que era maltratada por su tía, y cuando murió quisiste vengarte fingiendo ser el alma en pena de la chica; Luciana perdió la cordura y se suicidó, y para mantener el recuerdo de tu amiga continuaste con tu papel de fantasma durante todo este tiempo ¿cierto?

El ser no me respondió, pareciera que mi suposición no le afectó en lo más mínimo. Solamente volteó a ver de nuevo al horizonte.

-Cuando llegué a este planeta, después de viajar por el espacio, solamente pretendía quedarme un tiempo para recargar energías, y partiría hacia mi destino final.

''Durante toda mi existencia, y a pesar de que había visitado cientos de mundos y conocido igual cantidad de civilizaciones, muy pocas veces había tratado con otros seres pensantes. Sólo eran una curiosidad pasajera. Pero me encontré con esa humana, y no sé el motivo pero hubo algo en ella que destacó; pudo ser su forma de ser vivaz y curiosa; una insaciable sed de conocimiento que era manifestada por un torrente de preguntas que parecía no tener fin, o pudo ser algo más. Tal vez, el sentimiento de que mi final estaba cerca me impulsó a tratar con esa humana, porque siendo sincera ustedes, los ''homo sapiens'', son una raza muy primitiva y simple; están formados por tejidos orgánicos y requieren de muchos recursos para continuar viviendo.

''Bueno, entablé amistad con esa joven y le conté todo lo que ella deseaba saber. Pero como tú sabes, las cosas pasaron y ella murió; fue en ese entonces que tomé conciencia de la fragilidad de su especie.

Pero qué cosas, no es un fantasma, ¡estaba hablando con un extraterrestre de verdad!

-Y tienes razón -continuó hablando el ser-, fingí ser el fantasma de Petra para vengar los malos tratos que recibió, y para que no fuera olvidada; aunque no tomé en cuenta que inventarían esa estúpida leyenda en torno a ella.

-Pero, he observado que tienes poderes sorprendentes, ¿no podrías haberlos usado para sacar a la luz la verdad acerca de Petra? Porque fue muy molesto tener que cumplir con la misión que me encomendaste.

-Como dije antes, estoy casi al final de mi existencia, debido a ello mi generador de energía está muy gastado; las pocas cosas que haz visto como flotar, emitir luz, y sonar fantasmal me cuestan mucho realizarlas. Una vez quise modificar mi apariencia para aparentar ser un humano adulto, pero me costó mucho mantener esa forma y gastaba mucha energía.

-Ahora que recuerdo, Petra mencionó en su diario que tú tomaste su apariencia.

-Adopté esta forma definitivamente para no gastar más energía regresando a mi forma anterior. Ademas que descubrí que esta forma es más eficiente.

-Pero, tengo otra duda, si eras el fantasma de Petra, ¿porqué abandonaste tu lugar de actividad?

-Después de todo, aunque son una civilización primitiva pero debía saber más de ustedes. Así que viajé por todo su mundo, durante distintos años, para conocer las culturas que estaban desarrollando.

-¿Y porqué iniciaste este viaje?

-¡Eres tan preguntón como ella! -exclamó el Viajero Estelar- Dime, si tuvieras un tiempo de vida casi infinito, y la capacidad de viajar grandes distancias sin necesitar vehículos o algún otro medio, ¿acaso no iniciarías un peregrinaje por el espacio para saber que hay ahí afuera? Todas las civilizaciones que conocí tenían este deseo intrínseco en sus mentes; ustedes son unos de tantos próximos viajeros espaciales.

¡Sorprendente! ¡Esta ha sido la mejor historia que he escuchado en años! Ningún relato de apariciones, seres críptidos u otro bicho paranormal se puede comparar a esto; hablar con un ser extraterrestre y que este me confirme que hay seres pensantes en otros mundos.

-Pero todo eso se acabó -continuó hablando el ser-, así como el Universo tuvo un inicio y tendrá un final, lo mismo le ocurre a todo lo que hay en el, no importa que puedas vivir milenos, o millones de años. Quise morir siendo devorada por una estrella, pero haber conocido a Petra cambió mis planes, aunque podría considerarlo como mi retribución por haberle dado muerte a ella.

-¿Qué? -exclamé, azorado.

El ser me observó con una expresión de tristeza.

-Intenté curarla del cáncer con mis poderes, pero algo salió mal y su enfermedad se hizo más agresiva; durante un día completo sufrió dolores terribles por mi culpa. Así que hice la única cosa que se podía hacer; la sumí en un sueño profundo, después le provoqué un fallo respiratorio y cardíaco. Murió mientras soñaba que se había reunido con sus padres.

Esta revelación me dejó sin habla, fue algo totalmente inaudito. Entonces, como si fuera el clímax de una obra de teatro, un evento inesperado sucedió; un brazo se desgarró a la altura del codo y cayó al suelo, donde se desintegró hasta convertirse en polvo.

-¿Eh? -dije, estupefacto.

-Creo que ya es hora -dijo El Viajero, sin inmutarse.

Así, de forma progresiva, cada parte de su cuerpo se desgarró y caía al suelo donde se desintegraba. El vestido había desaparecido dejando al descubierto un cuerpo sin ninguna característica física visible; senos, ombligo o las marcas de los músculos bajo la piel, nada, era como ver a un maniquí.

Esta bizarra desunión continuó, imparable como el tiempo, hasta que sólo quedó la cabeza flotando en el aire y la cabellera siendo mecida por el viento.

-¡Buuuuuh! -dijo el fantasma como su última manifestación.

Y el viento se llevó su cara convertida en partículas. El fantasma había muerto en verdad.

Y así me quedé, con la misma expresión de sorpresa, y un sentimiento de impotencia. Durante un tiempo no supe qué hacer, sólo observé también hacia el horizonte; tal vez el Viajero Estelar contemplaba el futuro que ya no vería, o rememoraba el pasado del que fue participe, cual haya sido el motivo creo que comprendí su melancolía; toda una vida de viaje y descubrimiento se terminaba en la punta de un cerro, sin la posibilidad de que alguien la conociera. Sin embargo, al menos yo ya había decidido que iba a hacer; así como el Viajero mantuvo viva la memoria de Petra, yo también honrare su sacrificio al contar esta historia, la plasmaré en un libro y haré que sea conocida por todo mundo; la historia del fantasma que, por amor, se quedó atorado en nuestro tiempo.











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